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¿Somos indolentes todos los panameños?


Hace pocos días, mientras esperaba la llegada de un familiar en el aeropuerto internacional de Tocumen, me llevé una desagradable sorpresa, al encontrar que, prácticamente todas las sillas del salón de salida de los pasajeros, en la planta baja, estaban completamente deterioradas. Los asientos rotos, y el respaldo de algunas habían cedido, dando un espectáculo de total abandono y poco importa de la imagen del país.
Debo suponer que, existe un administrador responsable de la eficiente funcionabilidad de esta importante entidad del Estado panameño, comparable en gran medida con el Canal de Panamá, ya que ambas instituciones reciben, atienden y despachan, nave aéreas y marítimas, de todos los países del mundo.
Probablemente se trate de justificar el estado actual de nuestro único puerto aéreo internacional, con la excusa de falta de presupuesto; pero, es que, esto no limpia la imagen de abandono, de poco importa, de poca cultura, de falta del más mínimo amor por la patria que, se supone, debemos sentir todos por nuestro país. ¿Acaso los responsables de la administración, no están conscientes de su obligación, aún dentro de sus limitaciones financieras, de mantener la imagen de un pueblo que, recién acaba de obtener soberanía total en todo su territorio? ¿Acaso somos incapaces de hacer las cosas bien?
Por otro lado, observamos algo igualmente preocupante; se está institucionalizando la corrupción como sistema de vida; si no se paga una "propina", los registros de documentos no caminan o se retrasan exageradamente.
Las leyes y reglamentos de tránsito, son ignoradas por toda clase de conductores; taxis, buses colegiales, buses colectivos, autos particulares de toda marca y tamaño, camiones de cualquier tamaño y peso; un alto porcentaje de ellos, estacionan en vía contraria; en lugares prohibidos; en esquinas, frente a hidrantes, en doble filas; sin luces, sin placas o placas vencidas, en pésimo estado mecánico.
Los semáforos son irrespetados; el automóvil más grande y poderoso se le tira a los pequeños, para obligarlos a parar y ceder la vía a quien no le corresponde en derecho; la idea es que prevalezca la ley de la selva, la ley del más fuerte.
¿Pero, no se supone que, para evitar esta actitud del más fuerte, se idearon las leyes de los hombres? ¿No es cierto, que, para obligar al cumplimiento de las leyes, se nombraron personas con autoridad para hacer que se acaten las mismas?.
Hasta donde tengo conocimiento, esto todavía es así; entonces cabe otra pregunta: ¿Dónde están las personas responsables de hacer cumplir las leyes?
¿Cuándo vamos a entender que, si las autoridades siguen incumpliendo con su obligación, están patrocinando la anarquía reinante y son los únicos responsables de las muertes y daños causados por conductores irresponsables?
La deuda externa en Panamá, fue autorizada y aceptada por funcionarios gubernamentales, y por banqueros inescrupulosos, con exceso de liquidez en sus arcas bancarias, lo que los llevó a ofrecer "comisiones" a quienes firmaran grandes empréstitos, sin el más mínimo estudio de factibilidad y a sabiendas de que, jamás lograrían cobrar los mismos.
Sería interesante que, en lugar de hablar de usar el Fondo Fiduciario para abonar a la deuda externa; Panamá se propusiera liderar un movimiento a nivel latinoamericano que, exigiera a las instituciones financieras internacionales, aceptar su responsabilidad en esta impagable deuda y rebajar drásticamente el monto de la misma, permitiendo a esos países atender la deuda y, a su vez, las necesidades sociales de cada uno de ellos.
Si en verdad deseamos una verdadera justicia social, y convivir pacíficamente, debemos eliminar toda huella de corrupción tanto a nivel gubernamental como privado, en Panamá y en el resto del mundo.
No podemos seguir aceptando la deshonestidad, la irresponsabilidad, el juega vivo, como parte folclórica de Panamá; mejor quedarnos con los "tontos" honestos, que al final, son los verdaderos patriotas de cualquier país.

101 años de Panamá América

 
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