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Somos un pueblo de borregos


Verdaderamente que somos un país de borregos. Es increíble nuestra capacidad de "aguante". Somos la confirmación del adagio que reza: "los pueblos tienen los gobiernos que se merecen". Si alguna vez tuve dudas de que éramos un pueblo ausente de cohesión y espíritu comunitario, se me borraron con los dos últimos "madrugadazos". Nuestra actitud pasiva ante actos como estos es lo que hace que tengamos los gobiernos que tenemos. En realidad, no tenemos fuerza moral para quejarnos. El gobierno, los legisladores, los políticos en general no nos respetan porque nosotros no nos hacemos respetar. Mientras continuemos eligiéndolos, seguiremos recibiendo el mismo trato.
Hace apenas unos días, el gobierno, en abierto contubernio con la clase política nos "madrugó" con una grosera reforma electoral que nos retrotrae a la década de los años 50. En una segunda vez, poco después, esta vez en contubernio con el Club de Privilegiados ( léase CONEP y SIP), nos madruga con una reforma tributaria anti-patriótica ( porque es producto de presiones de las IFI y diseñada por un chileno, que si le creemos a los medios es el verdadero ministro del MEF); inoportuna (es pro-cíclica o sea contribuye al deterioro de la economía) e injusta (al introducir medidas del cobro de tributos vía indirecta, grava proporcionalmente más al de menor ingreso). En esta segunda bofetada, contó con el apoyo de los "Saltamontes" ( bien merecido el mote, ahora más que nunca porque en premio por "doblar el lomo", como decimos en la campiña, les permiten dar otro salto, en esta ocasión para atrás, en todo sentido) y los llamados "disidentes" a quienes conocemos por sus acciones que incluyen admisión pública de soborno. En esta segunda situación hubo una queja generalizada de la sociedad civil. Los gremios profesionales y los sindicatos rechazaron de plano las reformas (aunque la protesta de los sindicatos fue un poco aislada y tímida; no tan beligerante como en otras situaciones de debate de medidas anti-populares, comportamiento que, según se escucha, se debe a acuerdos de trastienda con el gobierno relacionados con su decisión pendiente sobre el salario mínimo).
Lo interesante es que en el caso de la mal llamada reforma tributaria, sí hubo algo de cohesión entre los gremios profesionales; salvo el club de privilegiados, pero nos quedamos cortos. Se prendió una breve chispa de lucha ciudadana. Quizás sea una indicación de que el pueblo de borregos está recibiendo inyecciones hormonales, no lo sé, "amanecerá y veremos". Lo cierto es que en esta ocasión hubo un amago de despertar del letargo que padece la llamada sociedad civil.
De todas maneras, prevalece la realidad de que hemos sido objeto de dos fuertes bofetadas caracterizadas por dos "madrugadazos". Y seamos francos, los legisladores no hicieron su labor en "la oscuridad de la noche" por temor a manifestaciones y protestas. No lo hicieron a oscuras para sorprendernos como en el tiempo de los militares. Nuestras reacciones les viene sin cuidado. Nos han burlado y despreciado tanto y conocen tan bien nuestra inacción cívica que con toda desfachatez anticipan que no haremos nada y no se equivocan. Lo hicieron en la noche por la premura de cumplir las órdenes de Palacio.
Ambas reformas benefician sólo al gobierno y a la clase política, no a la Nación. La reforma electoral beneficia exclusivamente a la clase política porque perpetúa sus privilegios y les garantiza subsidios monetarios a costa de nuestros bolsillos. La tributaria beneficia al gobierno porque le permite cerrar la brecha fiscal y cumplir con las exigencias de las IFI, lo cual le abre fuentes de nuevos fondos para continuar malgastándolos, particularmente cuando ya se ha abierto la campaña política.
Mientras continuemos siendo un pueblo de borregos, mientras continuemos eligiendo a los mismos gobernantes y legisladores, las cosas seguirán como están. Ojalá tuviéramos la disciplina personal de grabarnos en nuestra mente los nombres de cada uno de los legisladores que con tanta desfachatez han antepuesto el amor de sus bolsillos al amor de Patria y no permitamos con nuestro voto que regresen a la Asamblea. No me hago muchas ilusiones en ese sentido, me apena decirlo, pero pienso que seguiremos dejándonos engañar y despreciar. Mientras esta situación continúe, francamente no tenemos fuerza moral alguna para quejarnos. ¿Qué tomará para que dejemos de ser un pueblo de borregos?
(ariyan@sinfo.net)
En las bandas no existen líderes, hay una especie de confrontación permanente para demostrar quién hace lo más atrevido y arriesgado. Y es que para ellos "el que sabe, paga" o "coge lo suyo".
  • Baja autoestima

  • Muchos han sido maltratados desde pequeños.

  • En su mayoría son hijos de madre joven y padre ausente.

  • Hay un cuadro criminal como antecedente en su familia, una persona con la cual el joven creció admirándola.

  • Escolaridad difícil.

  • Tiene una necesidad especial de afecto.

  • No tienen en su comunidad actividades positivas accesibles para ocupar el tiempo.


Kennet Perett .Es un hombre de aproximadamente 30 años, nació en la provincia de Colón y se crió en el barrio de Curundú. La mayoría de su juventud la pasó en la delincuencia en donde, según comentó, se "especializó" en el robo.
Desde hace cuatro años abandonó ese mundo que le marcó su cuerpo con más de una docena de balas dispersas en su anatomía.
Hace tres meses trabaja dentro del MINJUMNFA después de pasar por tres años de terapia y de demostrar que tenía una actitud de cambio y que ha sido perseverante en él.
Presta servicios generales, trabajos especiales para los murales del ministerio y hasta fotógrafo, es un hombre multifacético, sin dejar de lado que para otros que recién entran al programa es un ejemplo a seguir.
Es consciente de que no le puede pedir al país que haga algo por él, sino que por sí mismo debe hacer algo por el país, capacitándose. Es por ello que el próximo año ingresará a tercer año y seguirá tomando sus cursos de computadora, fotografía. Su deseo es superarse.
Le dejó un mensaje a todos los funcionarios: "Tenemos que velar por la seguridad de los niños". Según dijo, las exigencias de materiales y libros en los colegios donde asisten niños y jóvenes de escasos recursos los obliga a salir a la calle porque no tienen otra opción. "El dinero no les alcanza para los estudios".
En ese estado, manifestó, que los materialmente desposeídos quedan a merced de los delincuentes que los pueden inducir a hacer cualquier cosa porque no poseen una educación.
Bajo esta sencilla premisa Perett dijo que para cambiar la violencia hay que darle buena educación a los niños, pero sin exigirles algo que no está dentro de sus posibilidades económicas. Sentenció que Panamá es hermoso y con pocos habitantes, por lo que si todos trabajamos se logrará un mejor país.
A los jóvenes que piensan ingresar en pandillas delincuenciales les dijo que no lo hagan. "Las pandillas dejan destrucción, muerte y soledad. Si no tienen qué hacer o a dónde recurrir, vengan acá que nosotros veremos cómo los ayudamos", dijo, no sin antes mostrarnos las cicatrices que los orificios de bala le dejaron en su cuerpo.
Humberto Rodríguez. Es un joven de 24 años, vive en el sector ubicado entre Samaria y Mano de Piedra, en el distrito de San Miguelito. Por 14 años estuvo ligado a una pandilla e incluso fue a parar a la cárcel. Desde que tenía 13 años empezó su vida delictiva, a la que ingresó por dejarse llevar por "los amiguitos". Allí robó autos, hurtó y no sentía ningún escrúpulo en tomar un arma y arrebatarle la vida a otro ser humano.
222 "Jóvenes en búsqueda de oportunidades" ha beneficiado a más de 1,000 jóvenes, de los cuales un 70% proviene de pandillas juveniles o de los centros penitenciales y un 30% que no ha tenido problemas legales previos.
Pero hoy su vida es distinta. Hace un año asiste al programa, inicialmente como voluntario y poco a poco se le dio la oportunidad de trabajar en el Departamento de Compras del MINJUMNFA.
"Tengo un futuro por delante y quiero aprovechar la oportunidad que se me da en un 100%", sentenció, al tiempo que informó que continuará a partir del próximo año su carrera en Derecho.
Livia Agrajales de Araúz. Desperdició toda su niñez y juventud en una banda, pero hoy es una madre de familia responsable, residente en el barrio de San Joaquín. La experiencia de ella no fue sólo de pertenecer a una banda. Livia recuerda que en esos tiempos se enredó en una balacera donde su chofer perdió la vida. Y es que según nos comenta, era "una capa", vendía droga en Panamá y la llevaba a otros países.
Pero esos tiempos quedaron atrás, comprendió que tenía que salir de allí porque sabía que el final de esa vida era "la cárcel o la muerte". "Retírense a tiempo", le aconseja a los jóvenes que van por el camino de las bandas y la violencia.
Esta nueva experiencia le permitió aconsejar a su hijo adolescente, quien pertenecía a una banda y que hoy gracias a su madre también es parte del programa "Jóvenes en búsqueda de oportunidades". Livia lleva tres años fuera de las bandas y hoy es parte del equipo que lleva adelante el programa.

101 años de Panamá América

 
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