Sorprendente efervescencia de nuevos escritores
En Panamá siempre hemos tenidos excelentes escritores. Tras investigaciones realizadas hace doce años en la Biblioteca Interamericana "Simón Bolívar", de la Universidad de Panamá, y en la extraordinaria biblioteca latinoamericana de la Universidad de Texas (Austin), tuve la oportunidad de recopilar una cantidad importante de cuentos panameños escritos y publicados en revistas y periódicos de finales del siglo XIX y principios de la República, que espero convertir en libro dentro de algunos meses.
Este material, antes disperso y ahora ordenado por mí a fines de divulgación, pertenece a escritores que, ya entonces, se tomaban muy en serio este duro oficio. Algunos de ellos sólo son conocidos hoy como poetas, otros están completamente olvidados, y unos pocos siguen vigentes por su singular prestigio. Pero todos publicaron cuentos de especial valía, que merecen ser rescatados. Me refiero a los siguientes escritores, quienes formarán parte de un mismo espacio literario en el libro que se llamará: La voz de los muertos (Cuentistas panameños del siglo XIX y principios de la República): Salomón Ponce Aguilera, Darío Herrera, Ricardo Miró, Guillermo Andreve, Simón Rivas, Hortencio de Icaza, Alejandro Dutary, Adolfo García, Gaspar Octavio Hernández, León A. Soto y Samuel Lewis. Estos cuentos rescatados de la polilla y el olvido son importantes testimonio de la época y sólidos asideros artísticos de la nacionalidad. Ahora que se acerca el centenario de la fundación de nuestra República, su conocimiento y valoración resulta fundamental.
Ya en el siglo XX, nuestros escritores siguieron destacando. Son demasiados los nombres que habría que señalar como puntales de la creación literaria en Panamá, pese a los muchos obstáculos que sin duda los desalentaron e hicieron más duro su desarrollo intelectual y la difusión de su trabajo. Menciono sólo a algunos entre los ya fallecidos, que me parecen sobresalientes. Por supuesto, Rogelio Sinán. Pero también Ramón H. Jurado, César Candanedo, José María Sánchez, Lucas Bárcena, Joaquín Beleño, Esther María Osses, José María Núñez Quintero, Diana Morán, Gil Blas Tejeira, Stella Sierra, José de Jesús Martínez.
Para no dar lugar a omisiones ni a simpatías que, como las antipatías, a menudo nada tienen que ver realmente con la calidad de las obras, prefiero no mencionar a los muchos autores vivos que sus libros han cimentado un sólido prestigio nacional a lo largo del siglo XX y, en algunos casos, también fuera de nuestras estrechas fronteras. Lo importante es entender que los escritores panameños tomamos muy en serio, como lo hicieron en su momento los colegas de otras épocas, la creación de mundos autónomos fundados por la imaginación y el lenguaje, por la experiencia y el oficio. Mundos que por más fantasiosos que puedan ser, no escapan a sus referentes reales, a los grandes o pequeños problemas propios del ser humano y de la sociedad; es decir, de una u otra manera escribimos nada más y nada menos que sobre la vida misma. Y esto, pese a la carencia de empresas editoriales, a la casi total falta de apoyo de los libreros locales, al perjudicial vacío que representa el no poder contar en Panamá con una crítica sostenida y profesional que acompañe con sus análisis los esfuerzos que casi siempre realizan los propios autores al tener que autopublicarse.
Como un apoyo, precisamente, a la divulgación del trabajo de quienes escriben dentro y fuera de nuestro país, la Universidad Tecnológica de Panamá, creó hace dos años un sitio en internet denominado "Directorio de Escritores Vivos de Panamá" (http://www.pa/cultura/escritores), en el que aparecen, por el momento, 153 autores (fotografía, currículum, portadas y resúmenes de sus principales libros).
Hay una sorprendente efervescencia de nuevos escritores en Panamá, muchos de ellos bastantes jóvenes, que desde hace algunos años están tomando muy en serio su quehacer. Una muestra de esta eclosión es la compilación titulada Hasta el sol de mañana (50) Cuentistas panameños nacidos a partir de 1949), aparecida en 1998. La desinteresada labor editorial que desde 1997 realizan la Universidad Tecnológica de Panamá, por un lado, y la Fundación Cultural Signos, por otro, han sido los motores que, modestamente pero con empuje, han enriquecido la bibliografía nacional con 18 libros de talentosos autores en este lapso; y hay otras obras que aparecerán a fines de este año.
Sin duda la creación de nuevos certámenes literarios, la tenacidad de la revista cultural "Maga" en mantener abiertas sus páginas al talento nacional y la proliferación de talleres literarios, han contribuido no sólo al entusiasmo sino, y sobre todo, al perfeccionamiento de los noveles escritores que ahora dan a conocer sus primeras obras. Entre los más recientes descubrimientos editados por estas dos entidades, es justo y necesario mencionar a Carlos Oriel Wynter Melo, Aida Judith González Castrellón, José Luis Rodríguez Pittí, Salvador Medina Barahona, Roberto Pérez-Franco y Francisco J. Berguido, cuyos primeros libros ya circulan. Ojalá que los profesores de español de nuestros colegios y universidades se interesaran en promover entre sus estudiantes la lectura de los cuentos y poemas de estos nuevos escritores, quienes en sus textos abordan con sensibilidad muchas de las mismas inquietudes y fantasías de la juventud actual.
Este material, antes disperso y ahora ordenado por mí a fines de divulgación, pertenece a escritores que, ya entonces, se tomaban muy en serio este duro oficio. Algunos de ellos sólo son conocidos hoy como poetas, otros están completamente olvidados, y unos pocos siguen vigentes por su singular prestigio. Pero todos publicaron cuentos de especial valía, que merecen ser rescatados. Me refiero a los siguientes escritores, quienes formarán parte de un mismo espacio literario en el libro que se llamará: La voz de los muertos (Cuentistas panameños del siglo XIX y principios de la República): Salomón Ponce Aguilera, Darío Herrera, Ricardo Miró, Guillermo Andreve, Simón Rivas, Hortencio de Icaza, Alejandro Dutary, Adolfo García, Gaspar Octavio Hernández, León A. Soto y Samuel Lewis. Estos cuentos rescatados de la polilla y el olvido son importantes testimonio de la época y sólidos asideros artísticos de la nacionalidad. Ahora que se acerca el centenario de la fundación de nuestra República, su conocimiento y valoración resulta fundamental.
Ya en el siglo XX, nuestros escritores siguieron destacando. Son demasiados los nombres que habría que señalar como puntales de la creación literaria en Panamá, pese a los muchos obstáculos que sin duda los desalentaron e hicieron más duro su desarrollo intelectual y la difusión de su trabajo. Menciono sólo a algunos entre los ya fallecidos, que me parecen sobresalientes. Por supuesto, Rogelio Sinán. Pero también Ramón H. Jurado, César Candanedo, José María Sánchez, Lucas Bárcena, Joaquín Beleño, Esther María Osses, José María Núñez Quintero, Diana Morán, Gil Blas Tejeira, Stella Sierra, José de Jesús Martínez.
Para no dar lugar a omisiones ni a simpatías que, como las antipatías, a menudo nada tienen que ver realmente con la calidad de las obras, prefiero no mencionar a los muchos autores vivos que sus libros han cimentado un sólido prestigio nacional a lo largo del siglo XX y, en algunos casos, también fuera de nuestras estrechas fronteras. Lo importante es entender que los escritores panameños tomamos muy en serio, como lo hicieron en su momento los colegas de otras épocas, la creación de mundos autónomos fundados por la imaginación y el lenguaje, por la experiencia y el oficio. Mundos que por más fantasiosos que puedan ser, no escapan a sus referentes reales, a los grandes o pequeños problemas propios del ser humano y de la sociedad; es decir, de una u otra manera escribimos nada más y nada menos que sobre la vida misma. Y esto, pese a la carencia de empresas editoriales, a la casi total falta de apoyo de los libreros locales, al perjudicial vacío que representa el no poder contar en Panamá con una crítica sostenida y profesional que acompañe con sus análisis los esfuerzos que casi siempre realizan los propios autores al tener que autopublicarse.
Como un apoyo, precisamente, a la divulgación del trabajo de quienes escriben dentro y fuera de nuestro país, la Universidad Tecnológica de Panamá, creó hace dos años un sitio en internet denominado "Directorio de Escritores Vivos de Panamá" (http://www.pa/cultura/escritores), en el que aparecen, por el momento, 153 autores (fotografía, currículum, portadas y resúmenes de sus principales libros).
Hay una sorprendente efervescencia de nuevos escritores en Panamá, muchos de ellos bastantes jóvenes, que desde hace algunos años están tomando muy en serio su quehacer. Una muestra de esta eclosión es la compilación titulada Hasta el sol de mañana (50) Cuentistas panameños nacidos a partir de 1949), aparecida en 1998. La desinteresada labor editorial que desde 1997 realizan la Universidad Tecnológica de Panamá, por un lado, y la Fundación Cultural Signos, por otro, han sido los motores que, modestamente pero con empuje, han enriquecido la bibliografía nacional con 18 libros de talentosos autores en este lapso; y hay otras obras que aparecerán a fines de este año.
Sin duda la creación de nuevos certámenes literarios, la tenacidad de la revista cultural "Maga" en mantener abiertas sus páginas al talento nacional y la proliferación de talleres literarios, han contribuido no sólo al entusiasmo sino, y sobre todo, al perfeccionamiento de los noveles escritores que ahora dan a conocer sus primeras obras. Entre los más recientes descubrimientos editados por estas dos entidades, es justo y necesario mencionar a Carlos Oriel Wynter Melo, Aida Judith González Castrellón, José Luis Rodríguez Pittí, Salvador Medina Barahona, Roberto Pérez-Franco y Francisco J. Berguido, cuyos primeros libros ya circulan. Ojalá que los profesores de español de nuestros colegios y universidades se interesaran en promover entre sus estudiantes la lectura de los cuentos y poemas de estos nuevos escritores, quienes en sus textos abordan con sensibilidad muchas de las mismas inquietudes y fantasías de la juventud actual.