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Soy la presidenta de los panameños, pero...


Doña Mireya Moscoso dijo recientemente, palabras más o palabras menos, que ella era la presidenta de todos los panameños, pero que después de las 4:30 de la tarde, ella era libre de hacer campaña proselitista a favor de los candidatos de sus simpatías. Estas declaraciones recibieron el inmediato rechazo del Lic. Guillermo Endara y de Martín Torrijos. Inclusive, el Presidente del Tribunal Electoral le recomendó a la mandataria que tuviera prudencia. Sin embargo, en la Convención Arnulfista celebrada el domingo pasado en Penonomé, la presidenta Moscoso no sólo criticó al Tribunal Electoral manifestando: “Por allí andan diciendo que van a reglamentar si el gobierno puede participar o no en política”. Agregando que “ella no iba a dejar en mano de tres magistrados la suerte de un partido que tiene una trayectoria de 60 años de lucha”. Terminó diciendo que: “Yo sí voy a apoyar a mi candidato; no haré como Guillermo Endara que no me apoyó; ni como Pérez Balladares, que no apoyó al candidato de su partido, Martín Torrijos”.
Panamá es un país donde las cosas más absurdas se dan con mucha frecuencia. No sé si en este caso el anuncio de la mandataria de su participación en la política activa después de las 4:30 de la tarde, estemos frente a una versión femenina del Dr. Jeckill y Mr. Hyde.
Es bueno hacer una comparación entre lo que hizo Endara como Presidente de la República y la actitud de la señora Moscoso. Guillermo Endara se mantuvo como presidente de todos los panameños 24 horas al día al margen del sectarismo político y presidió unas elecciones transparentes y sin ninguna muestra de parcialidad. Inclusive, rechazó la presidencia del Partido Arnulfista. Las intenciones de la señora Moscoso, si se convierten en realidad, le darán un duro golpe a la institucionalidad de la majestad presidencial.
Por la salud de la Patria es deseable que la señora Presidenta recapacite sobre el alcance de sus palabras y no cumpla con acciones lo que parece ser su intención: Ser presidenta de todos los panameños hasta las 4:30 de la tarde, ¿y después qué?
Muy dañino sería para nuestra incipiente democracia que unas declaraciones de la mandataria, inaceptables e inapropiadas pudieran llevarnos a situaciones conflictivas sobre lo que puede y no puede hacer un gobernante. He visto actuar a muchos presidentes de la República y cometer actos de parcialidad política muy reprochables, pero nunca vi a ninguno anunciar, como lo hizo la señora Moscoso, que iba a violar la ley y la moral política siendo sólo presidenta de todos los panameños un rato y el otro se dedicaría a buscar votos para sus amigos. ¡Increíble!
Pero, advirtamos lo siguiente: ¿por qué quienes han venido denunciando a Panama Ports, no han salido también a denunciar a Manzanillo y a Evergreen? ¿Qué oscuros intereses se esconden detrás de esas acusaciones? Amanecerá y veremos, pues creemos que si vamos a ser críticos y defensores de lo nuestro, no podemos perder la objetividad de las cosas, dado que se corre el riesgo de caer en subjetividades que terminan haciendo daño al análisis que debe caracterizarse por la plena objetividad. Y así hemos entrado en una discusión en la que desde el Gobierno del Presidente Endara, pasando por Pérez Balladares y hoy con Moscoso, se viene tratando con cierta irresponsabilidad e indiferencia; esto es, el tema portuario en Panamá.
Otra cuestión, como ya sostuvimos en el ensayo anterior, es lo que tiene que ver con el tema constitucional, para lo cual hemos expresado que no podemos, alegre y campantemente, renunciar sin que medie beneficio o provecho alguno para la Nación, a bienes que son del exclusivo patrimonio del Estado y del conjunto social panameño.
Es evidente que existe una terrible pugna entre las empresas portuarias. Lo que hay de fondo es una lucha de fuertes y poderosos intereses entre las grandes portuarias panameñas que militan por quedarse, dado el manifiesto interés de una de ellas, sola en el país sin mayor competencia en la plaza. Entre tanto, el país sigue de tumbo en tumbo y el caos entronizándose cada vez más en nuestra humilde población.
Bien ha podido el Estado obtener dineros de los puertos, empezando con exigir cuentas claras mediante áuditos precisos y serios; pero no con las despiadadas reformas tributarias que vienen avasallando a nuestra gente.
¡Transparencia antes que cualquier otra cosa, señores del gobierno!

101 años de Panamá América

 
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