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¿Soy un buen padre?


En esta era de tecnoestress, debemos preguntarnos ¿cuán buenos padres somos con nuestros hijos? ¿Cuán buenos esposos y responsables de familia somos? Vivimos un mundo en el que el Blackberry se convierte en algo más importante que nuestros propios hijos. Ignoramos que tenemos la responsabilidad primordial de criarlos. Y criarlos significa prestarles toda la atención que ellos requieren. Siempre usamos la excusa de que trabajamos mucho para darles lo que ellos quieren y necesitan. Pero no nos damos cuenta que lo que ellos necesitan es nuestra presencia, nuestra atención, nuestra relación íntima con ellos, nuestro interés por sus vidas, escolares, deportivas. Que cuando cenamos juntos, las veces que lo hacemos, no estemos con el Blackberry en las manos y ellos comiendo como si estuvieran solos. Lo mismo es válido para nuestra relación con nuestro cónyuge.

Otra de las razones, que no tiene que ver con el siglo de la ansiedad en que vivimos es nuestra personalidad social. Los analistas nos hablan que en el desarrollo psicosexual de la personalidad, existe una fase en la cual algunas personas se quedan fijadas. Este es el período de la pandilla, del héroe, de su pelotero favorito. El niño entra a la escuela y empieza su proceso de socialización. Empieza a tener un amiguito preferido. Ya aprende que tiene que compartir. Ya deja de decir “mío”. Y aquí sus amiguitos son más importantes. Esta fase, que abarca las edades de seis a doce años aproximadamente, es muy importante. Es la etapa en que el niño percibe si tiene éxito o no en lo que hace. Y todo niño necesita esa experiencia. Él necesita ser capaz para aprender y lograr sus metas en la escuela. Los que no pueden resolver satisfactoriamente esta etapa y se fijan en ella, son las personas que en la vida adulta no pueden estar sin sus amigos, sin su “pandilla”. Para ellos es más importante comer todos los días fuera de casa con sus amigos, en sus cenas o almuerzos “de negocios”, que llegar a su hogar y tener esta actividad con su cónyuge e hijos. Esta es la pareja que la esposa se queja y dice que tiene tres hijos. Los dos naturales más el esposo. Porque para él, los juegos de pelota, los juegos de póquer, las tenidas de los viernes en la tarde, los almuerzos largos, que terminan en tragos de más, son más importantes. No saben el daño tan grande que están produciendo a su matrimonio y muy en especial a los hijos. Son niños que crecerán sin seguridad. Ya que el padre es el que transmite seguridad. Son niños que cuando adultos serán inadecuados en sus relaciones interpersonales. Fríos, superficiales, ya que no serán capaces de tener una relación “íntima” con nadie.

Al decir íntima me refiero a los aspectos interpersonales de la relación. Esto no quiere decir sobre protección de parte de los padres o excesiva dependencia de parte de los niños. Intimidad interpersonal, es la cualidad de la relación entre dos personas. Es una relación en la cual los dos individuos se sienten seguros y cómodos el uno con el otro. Esta relación es psicológica. Elimina la amenaza y hace que uno se sienta libre, sin temor, y pueda expresarse sin miedo a ser juzgado o criticado. La relación íntima eleva el concepto de sí mismo en el niño. Lo cual lo ayuda para lo referente a su conducta en general, su aprendizaje y su condición emocional.

Los padres deben y pueden ejercer una influencia tremenda sobre sus hijos, y cumplir con una obligación importante, estando presente, física y emocionalmente con sus hijos.

*Embajador, Representante Permanente de Panamá ante las Naciones Unidas.

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