Subsidio de pobreza y la Pastoral Social
Hemos manifestado profunda reserva sobre el programa de asistencia o subsidio económico que programa el Gobierno realizar a áreas de extrema pobreza. Tememos que las buenas intenciones terminen fomentando un indeseable paternalismo, en provecho de políticos, sin que entrañe el desarrollo de la capacidad de las mismas comunidades e individuos para aportar en su propia solución.
Abona a nuestra reserva la nota aparecida en Panorama Católico, del 27 de febrero, bajo el título "Pastoral Social debe evitar dependencia o paternalismo". Y es que en materia asistencial, nada supera a la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Panamá, hoy bajo la dirección del Padre Patricio Hanssens.
Nos dice que un seminario entre agentes pastorales del 21 y el 25 de febrero, tuvo por objeto modificar el tipo de trabajo asistencial de las parroquias, para que se procure "no crear nuevas dependencias o paternalismo", puesto que muchas veces ese trabajo "se queda en el asistencialismo que en vez de promover a las personas, que es el ideal de la pastoral social, crea nuevas dependencias".
Explica, que muchos, cuando se ven privados de la ayuda, "se molestan, porque se sienten simplemente con el derecho a recibir ese apoyo gratuitamente sin hacer un esfuerzo por cuenta propia para también asumir su vida con sus propias manos". Recomienda, "procurar que la persona que recibe una ayuda se involucre activamente, que sea todo un proceso de promoción humana; orientarla para que reorganice su vida de otra manera, que se interese por salir de la situación que la esclaviza, de su problema de pobreza"; que se desarrolle no en forma aislada, sino en familia y en comunidad; y además descentralizar, pues se corre el riesgo de que el recurso no llegue a los más necesitados, sino a unos cuantos.
No se salvará la Caja de Seguro Social sin sacrificios. Tenemos que entender que debemos aceptar con resignación lo que corresponda hacer.
Cuando un barco se encuentra en medio de una tempestad y ante el grave peligro de hundirse, el único remedio para evitarlo, salvarlo y salvar la vida de sus tripulantes, consiste en aliviar el peso de la carga. Se recurre a la echazón. Se lanza al agua lo más pesado. Las pérdidas son enormes, pero se evitó el hundimiento.
Cuando se obstruye el riego de la sangre en los tejidos, se contrae gangrena, hay que amputar la pierna para evitar la muerte. El paciente puede gritar que lo que es a él, no se la amputarán, pues no lo permite. Habrá que decírselo o le amputan la pierna o morirá. Entonces, que escoja.
Lo que la Caja de Seguro Social representa en beneficio, hay que preservarlo por grande que sea el sacrificio necesario. En el naufragio no puede haber salvación sin echazón. En la gangrena, tampoco habrá salvación sin amputación. Entendámoslo.
Abona a nuestra reserva la nota aparecida en Panorama Católico, del 27 de febrero, bajo el título "Pastoral Social debe evitar dependencia o paternalismo". Y es que en materia asistencial, nada supera a la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Panamá, hoy bajo la dirección del Padre Patricio Hanssens.
Nos dice que un seminario entre agentes pastorales del 21 y el 25 de febrero, tuvo por objeto modificar el tipo de trabajo asistencial de las parroquias, para que se procure "no crear nuevas dependencias o paternalismo", puesto que muchas veces ese trabajo "se queda en el asistencialismo que en vez de promover a las personas, que es el ideal de la pastoral social, crea nuevas dependencias".
Explica, que muchos, cuando se ven privados de la ayuda, "se molestan, porque se sienten simplemente con el derecho a recibir ese apoyo gratuitamente sin hacer un esfuerzo por cuenta propia para también asumir su vida con sus propias manos". Recomienda, "procurar que la persona que recibe una ayuda se involucre activamente, que sea todo un proceso de promoción humana; orientarla para que reorganice su vida de otra manera, que se interese por salir de la situación que la esclaviza, de su problema de pobreza"; que se desarrolle no en forma aislada, sino en familia y en comunidad; y además descentralizar, pues se corre el riesgo de que el recurso no llegue a los más necesitados, sino a unos cuantos.
No se salvará la Caja de Seguro Social sin sacrificios. Tenemos que entender que debemos aceptar con resignación lo que corresponda hacer.
Cuando un barco se encuentra en medio de una tempestad y ante el grave peligro de hundirse, el único remedio para evitarlo, salvarlo y salvar la vida de sus tripulantes, consiste en aliviar el peso de la carga. Se recurre a la echazón. Se lanza al agua lo más pesado. Las pérdidas son enormes, pero se evitó el hundimiento.
Cuando se obstruye el riego de la sangre en los tejidos, se contrae gangrena, hay que amputar la pierna para evitar la muerte. El paciente puede gritar que lo que es a él, no se la amputarán, pues no lo permite. Habrá que decírselo o le amputan la pierna o morirá. Entonces, que escoja.
Lo que la Caja de Seguro Social representa en beneficio, hay que preservarlo por grande que sea el sacrificio necesario. En el naufragio no puede haber salvación sin echazón. En la gangrena, tampoco habrá salvación sin amputación. Entendámoslo.