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Subsidio electoral


CREO conveniente escribir de un tema que se lleva y se trae con toda clase de propósitos, la mayoría de las veces, buscando sembrar morbo y falsedades en la opinión pública. Lejos de ponerme a describir cifras, que por demás son públicas, me limitaré a esbozar algunas consideraciones que juzgo pertinentes.
Terminadas las elecciones generales, todos los partidos sobrevivientes tienen derecho a un subsidio electoral proveniente de fondos públicos administrados por el Tribunal Electoral y auditados por éste y por la Contraloría General, como debe ser. El voto presidencial obtenido es el factor que determina el monto. No se trata, como maliciosamente se expone con frecuencia, de una lotería o de un premio a cada partido para ser utilizado de la forma que mejor le parezca a sus dirigencias. Se trata de fondos que tienen que ser invertidos conforme a reglamentos claros y precisos que no permiten su utilización discrecional. En pocas palabras, hay que gastarlo como manda la ley, de lo contrario no se desembolsan los mismos, aparte de las consecuencias legales que puede acarrear.
La idea tras el subsidio tiene su fundamento. Aunque no se quiera reconocer expresamente por algunos sectores, los partidos políticos tienen un rol que cumplir dentro de una democracia y son las únicas instituciones con la capacidad para gobernar basados en la voluntad popular. Su fortalecimiento va íntimamente relacionado con el fortalecimiento democrático de la Nación. El subsidio busca hacer de los partidos reales instituciones y no sociedades que juegan al poder como negocio o con otros fines. En este aspecto sobresale, porque es vendible, la posición de no pocos en el sentido de que se elimine el subsidio y que el que quiere hacer política que la haga con sus recursos. Puede ser así. De hecho, así ha sido casi siempre, pero el resultado cuál es. Partidos con dueños, manejados para responder a fines personales o de grupos y en nada vinculados a un fin mayor, como lo es, gobernar bien a todo un país, integralmente entendida la expresión.
Para muchos que ignoran o quieren ignorar la forma como se administran los recursos, se presupone que los fondos se desembolsan por adelantado y que se dispone de los mismos de una sola vez. Falso. Se tiene acceso a los mismos por trimestres dentro de cada año fiscal electoral. El desembolso en el actual período no ha sido lo puntual que debiera, es decir, para poder cumplir con todo lo que la ley y los reglamentos exigen respecto a este tema, los partidos -por lo menos es el caso de Solidaridad al cual represento- tienen que financiar en parte su operación mientras esperan que el Tribunal Electoral desembolse, previo exhaustivo audito de todos los comprobantes y la expedición del correspondiente paz y salvo. Estas demoras retrasan muchas veces la gestión y nos alteran el calendario de actividades programadas, aunque debo reconocer que tanto el Tribunal Electoral como la Contraloría General están haciendo lo que pueden para regularizar tales desembolsos, de manera que el funcionamiento normal de los partidos, en aquellas cosas que le son permitidas sufragar con estos fondos, no se detenga. Esta supervisión es rígida y puedo dar fe de ello, cosa que aplaudo. Por ello, es un contrasentido manifestar falsamente que existe corrupción cuando se han dado los desembolsos correspondientes, como es el caso de Solidaridad, y cuando estamos a la espera del cuarto desembolso del primer año fiscal electoral, todo ello, luego de haber cumplido con todos los requisitos de ley. Si no fuera así, ¿cómo tendríamos en nuestro poder los paz y salvos correspondientes?
También es importante destacar que el subsidio no se puede usar para cualquier fin, por lícito que este sea. En no pocas ocasiones tenemos que negar desembolsos a copartidarios en apuros, afectados por desastres naturales, con hijos enfermos, desempleados, en fin con necesidades reales, porque el subsidio no permite este tipo de gastos, para citar sólo algunos de los no permitidos. Igualmente, nos ganamos reproches y malquerencias de todo aquel que aspira a recibir de estos fondos lo que presumen puede ser su "cuota", precisamente porque no podemos disponer de estos fondos como si fueran las "partidas discrecionales" del presidente del partido. Sin embargo, sí hemos hecho uso positivo de tales fondos para financiar programas de capacitación y de entrenamiento a miembros del partido a nivel nacional, incluyendo la participación de asesores de reconocida solvencia profesional internacional, los cuales incrementaremos a partir del verano próximo, precisamente para destinar como ordena el Tribunal Electoral el 25% de tales recursos a los fines de capacitación, cifra que no hemos utilizado en su totalidad; también se mantienen oficinas en todas las cabeceras de provincias y otras áreas de importancia electoral para poder tener presencia a nivel nacional y cumplir con los fines que nos son propios, al tiempo que realizamos giras y reuniones a nivel nacional poniendo énfasis en el programa de reorganización que estamos procurando poner en marcha atendiendo a nuestro plan estratégico diseñado. Todos estos gastos son auditados mensualmente y de todos se exige el debido comprobante formal del gasto incurrido contra el cual se reembolsa eventualmente.
Si bien el tema no se agota con estas consideraciones, las he querido compartir públicamente porque para el Partido Solidaridad el manejo de estos fondos es de obligada transparencia, como en efecto lo ha sido, tal y como públicamente lo han reconocido los señores Magistrados, en gesto que agradezco y reconozco. La vida política, desafortunadamente, no siempre es lo reconfortante que uno espera, a pesar del empeño, interés y buena fe con que muchos actuamos. Sin embargo, asumimos el reto a sabiendas de que en el camino no siempre sería fácil y que tendríamos que soportar "las cosas de la política". Pero aquí estamos y aquí seguimos, orgullosos del esfuerzo que hacemos y de la gente, que son la inmensa mayoría, que me acompaña en esta importante jornada. De las falsas denuncias ya los Tribunales de Justicia se encargarán oportunamente.

101 años de Panamá América

 
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