¿Subsidio a los partidos o fondo para la democracia?
El subsidio a los partidos políticos no tiene justificación si se le ve cínicamente como una repartición del botín electoral. La palabra subsidio en sí misma, desvía la atención sobre las razones de peso para destinar estos recursos. Si el Tribunal Electoral buscara hacer una mejor defensa de la democracia y la necesidad de educar al ciudadano en las prácticas democráticas, e insistiera en limitar las ambiciones excesivas de la dirigencia de los partidos, la idea de constituir un fondo para el fortalecimiento de la democracia podría resultar más atractiva para el ciudadano y contribuyente de impuestos.
No se debe permitir que esos fondos se usen indiscriminadamente para financiar la adquisición de bienes y servicios sin procesos competitivos o poco transparentes. Debe obligarse a invertir determinada cantidad en actividades de información y formación de cuadros. Y, sobre todo, no tiene sentido entregar dineros públicos a quienes reciben donaciones sin transparencia ni límites fijos. ¿Se sienten los magistrados motivados a llevar adelante una cruzada por la defensa de las prácticas democráticas? ¿O es que en medio de los órganos del Estado se sienten solos elevando esta consigna?