Subsidios agrícolas
La semana pasada, el Banco Mundial dio a conocer un informe que fue sustentado por Ian Johnson, vicepresidente de la Red de Desarrollo Ambiental y Socialmente Sostenible del organismo, y su portavoz Caroline Anstey, en el que aborda el tema de los billonarios subsidios que ofrecen los países desarrollados a sus sectores agrícolas, lo cual coloca a sus similares de las naciones pobres en obvia situación de desventaja competitiva al no poder ofrecer sus productos a las mismas condiciones.
Señalaron que " los subsidios agrarios que los países ricos pagan a sus productores afectan directamente a los países pobres porque impiden el desarrollo de su agricultura". Jonhson, en particular, dijo: "No habrá un desarrollo sostenible mientras los contribuyentes en los países ricos sigan pagando mil millones de dólares diarios para impedir la prosperidad de los agricultores en los países en desarrollo. Los países ricos no pueden seguir subsidiando a sus agricultores. Desde 1970 se ha hecho dos veces más grande la brecha de ingreso entre los 20 países más ricos y los 20 más pobres".
¿Por qué lo hacen si tienen todo el dinero del mundo para reconvertir a sus agricultores hacia otros negocios más lucrativos? Nosotros hemos dicho en el pasado que se trata de una decisión estratégica. A fin de cuentas, como decía Napoleón, "los ejércitos marchan sobre su estómago". O, como bien aprendieron los señores de los castillos medievales, los muros protegen contra todo, mas no contra el hambre. Las grandes guerras mundiales enseñaron lo mismo, haciendo de la provisión de alimentos para los combatientes y la población civil, una cuestión vital, que hacía la diferencia entre sobrevivir o perecer. Biafra fue de los primeros campanazos, de cómo una guerra civil puede aniquilar a una nación, no tanto por balas como por hambre. El complejo conflicto de nacionalidades en la ex Yugoslavia, mostró lo mismo. Hoy día, más que en las armas, la clave de dominio y control está en los alimentos, no en la tecnología.
Bajo esa visión, salvo concesiones aisladas como en el caso de Francia y Alemania asociados para comercializar café orgánico a los indios de Chiapas levantados en armas, no esperemos que el mundo desarrollado abra su sector alimentario y agrícola jamás. Por eso tanta inversión en tecnología genética volcada de lleno en el rubro.
Paradójicamente, los países industrializados nos predican lo contrario. Nos empujan a la reconversión, forzando masivas migraciones del campo a la ciudad. Nuestras urbes son inmensos antros de vida inhumana, donde el hacinamiento, el colapso de los servicios básicos y la delincuencia se enseñorea, a la par de la miseria.
Los desarrollados prefieren subsidiar su producción alimenticia, que depender de fuentes ajenas, de las que no controlan ni precios ni suministro. Pueden soportar siete meses sin petróleo, mas no siete días sin alimentos. Y de paso, monopolizando con sus subsidios la producción mundial, vendiendo a precios de quema sus excedentes, trasladan la dependencia alimentaria a nuestros países y dominan el mercado internacional.
En el fondo es Napoleón, omnipresente. Lo admitimos, no es que quieran hacer de los alimentos un instrumento de dominación, sino que lo último emerge naturalmente de los subsidios que desalientan el negocio agrícola en nuestros países.
Señalaron que " los subsidios agrarios que los países ricos pagan a sus productores afectan directamente a los países pobres porque impiden el desarrollo de su agricultura". Jonhson, en particular, dijo: "No habrá un desarrollo sostenible mientras los contribuyentes en los países ricos sigan pagando mil millones de dólares diarios para impedir la prosperidad de los agricultores en los países en desarrollo. Los países ricos no pueden seguir subsidiando a sus agricultores. Desde 1970 se ha hecho dos veces más grande la brecha de ingreso entre los 20 países más ricos y los 20 más pobres".
¿Por qué lo hacen si tienen todo el dinero del mundo para reconvertir a sus agricultores hacia otros negocios más lucrativos? Nosotros hemos dicho en el pasado que se trata de una decisión estratégica. A fin de cuentas, como decía Napoleón, "los ejércitos marchan sobre su estómago". O, como bien aprendieron los señores de los castillos medievales, los muros protegen contra todo, mas no contra el hambre. Las grandes guerras mundiales enseñaron lo mismo, haciendo de la provisión de alimentos para los combatientes y la población civil, una cuestión vital, que hacía la diferencia entre sobrevivir o perecer. Biafra fue de los primeros campanazos, de cómo una guerra civil puede aniquilar a una nación, no tanto por balas como por hambre. El complejo conflicto de nacionalidades en la ex Yugoslavia, mostró lo mismo. Hoy día, más que en las armas, la clave de dominio y control está en los alimentos, no en la tecnología.
Bajo esa visión, salvo concesiones aisladas como en el caso de Francia y Alemania asociados para comercializar café orgánico a los indios de Chiapas levantados en armas, no esperemos que el mundo desarrollado abra su sector alimentario y agrícola jamás. Por eso tanta inversión en tecnología genética volcada de lleno en el rubro.
Paradójicamente, los países industrializados nos predican lo contrario. Nos empujan a la reconversión, forzando masivas migraciones del campo a la ciudad. Nuestras urbes son inmensos antros de vida inhumana, donde el hacinamiento, el colapso de los servicios básicos y la delincuencia se enseñorea, a la par de la miseria.
Los desarrollados prefieren subsidiar su producción alimenticia, que depender de fuentes ajenas, de las que no controlan ni precios ni suministro. Pueden soportar siete meses sin petróleo, mas no siete días sin alimentos. Y de paso, monopolizando con sus subsidios la producción mundial, vendiendo a precios de quema sus excedentes, trasladan la dependencia alimentaria a nuestros países y dominan el mercado internacional.
En el fondo es Napoleón, omnipresente. Lo admitimos, no es que quieran hacer de los alimentos un instrumento de dominación, sino que lo último emerge naturalmente de los subsidios que desalientan el negocio agrícola en nuestros países.