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Taiwán, Panamá y el primer mundo



Las similitudes entre dos naciones amigas y hermanas como las nuestras, aunque no saltan a la vista, son innegables por múltiples razones, pero las diferencias, con mucho pesar, son mucho más evidentes.
La "Ilha Formosa", llamada así por los exploradores portugueses que llegaron al territorio insular que hoy conocemos como Taiwán, en menos de la mitad del tiempo, con la mitad del territorio, con 8 veces nuestra población, sin recurso natural alguno, y con una distancia enorme de los grandes centros de consumo mundial, ha logrado ingresar al selecto grupo de países que hacen parte del llamado "Primer Mundo". Su conversión, de una sociedad agrícola a principios de la década del 50 a ser una sociedad tecnológica y desarrollada hoy, es ejemplo para el mundo.
Panamá, por distintas y diversas circunstancias, no había tenido hasta hace seis años, la oportunidad de explotar soberanamente su recurso más importante, la posición geográfica.
La "quinta frontera", a nuestra manera de ver, vino a constituirse en la excusa perfecta para ocultar la manifiesta incapacidad de una buena parte de nuestros gobernantes y la falta de objetivos claros de nuestra sociedad. Nos acostumbramos, a fuerza de compartir nuestro territorio en virtud del tratado Hay-Bunau Varilla, a la presencia omnipotente de la nación del norte. Y esa presencia, junto con el relativo "confort" de algunas de las costumbres adoptadas de ellos, vino a representar, paradójicamente, una marcada desventaja y retraso en nuestro proceso de desarrollo.
De nuestros 102 años como República Constitucional, sin descontar los oscuros 21 años de la dictadura militar, estuvimos 96 de ellos de espaldas al mar y a nuestro destino como potencia marítima mundial.
Nuestros amigos de Taiwán han manifestado su interés y su voluntad en ayudarnos en los proyectos que hasta ahora comenzamos a definir como nación.
La claridad de objetivos, el consenso democrático sobre ellos y el interés en la educación -condiciones principales para el exitoso desarrollo taiwanés- por primera vez pudieran tocar a nuestras puertas. Las metas que debemos trazarnos sobre la ampliación de nuestro canal, el desarrollo de nuestra industria turística y marítima y el futuro de nuestra educación requieren un gran consenso nacional.
Aprovechemos, pues, la ocasión que tenemos de poder contar con unos buenos amigos, experimentados además, en la tarea de convertir los retos en oportunidades, para el propósito nacional de lograr definir, con la claridad necesaria, nuestro futuro ingreso al primer mundo.

101 años de Panamá América

 
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