Taiwán y la moral internacional
China continental ha protestado airadamente la solicitud de un grupo de países para que el tema de Taiwán sea incluido en la agenda de las sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Puedo comprender la actitud de China, pero no la timidez de la comunidad internacional. De jure y de facto, Taiwán pertenece a la comunidad internacional.
De facto, porque desde hace 50 años Taiwán ha podido vivir como entidad con gobierno propio, con autodeterminación interna y porque constituye una fuerza económica de tanto peso internacional como naciones que la superan en tamaño y población.
De jure, porque desde hace 50 años es reconocida como una entidad jurídica distinta de la China continental. Se me dirá que eso fue hasta que las Naciones Unidas la expulsaron de su asiento y se lo otorgaron a China Comunista.
Bueno, un error no puede tapar otro, es lo que se me ha enseñado. La no aceptación de China Comunista en las Naciones Unidas fue una consecuencia de la Guerra Fría. Estados Unidos no la quería ahí dentro ni los rusos tampoco, en una primera etapa en la que los ancestrales recelos soviéticos por proteger su frontera asiática la obligaban a una defensa bastante tímida de la posición china.
Recuérdese que rusos y chinos intercambiaron fuego en la larga frontera en varias ocasiones durante los años sesenta.
Según el poderío ruso fue afianzándose, así también fue cambiando su percepción del problema.
La expulsión de Taiwán de las Naciones Unidas fue el resultado del pragmatismo de Estados Unidos y del afán de victorias espectaculares del comunismo durante la guerra fría.
222Taiwán ha desarrollado su propio sistema económico, político y social... Ha logrado sobrevivir y prospera bajo la amenaza constante y ha sabido ganarse un espacio internacional.
Injusticia: Sin embargo, durante este período tuvo lugar el mayor proceso de descolonización que conoce la historia. Decenas de naciones africanas, del Pacífico y asiáticas, se convirtieron en independientes y pasaron a engrosar los escaños de la ONU.
La pregunta de hoy es, ¿por qué no descolonizar a Taiwán?; es decir, ¿por qué no aplicar los mismos criterios para sacar a Taiwán de la amenaza permanente de China que no tiene ni base moral ni y jurídica para anexarse a los habitantes de la “Isla Formosa”.
Los habitantes de Taiwán, hoy en día, constituyen una etnia distinta de la de los pobladores originales. Están conscientes de su desigualdad militar frente a China, pero se consideran distintos. Se dirá que los chinos aceptan todas las inversiones taiwanesas, que hoy son un puntal de la economía de ese gran país, pero para ellos el dilema no existe. Son “provincianos” que invierten en el territorio continental.
El tema, sin embargo, va más allá que la disputa por unas inversiones o de la tozudes de unos anticomunistas a ultranza. Es un problema de autodeterminación, de la misma por la cual abogaron por décadas los países comunistas para descolonizar a Africa y Asia.
La pregunta es, ¿por qué lo que es válido para decenas de pueblos africanos que, dicho sea de paso, han probado ser casi inviables en términos económicos y políticos, no es válido para Taiwán? Se me dirá que aquellos eran pueblos bajo un dominio colonial reconocido y que en el caso de la isla de Formosa se trata de una provincia separada, y yo respondo que para el caso es lo mismo, porque Taiwán ha desarrollado su propio sistema económico, político y social distinto de la cabecera. Ha logrado sobrevivir y prospera bajo la amenaza constante y ha sabido ganarse un espacio internacional.
Los dominicanos tenemos una deuda con Taiwán y queremos tener relaciones con China. Si fuésemos prácticos, escogeríamos a China, pero somos agradecidos y apoyamos a Taiwán.
Confiamos en que con un poco de paciencia china y de sentido de la realidad, se buscará una solución que “descolonice” a Taiwán y la reintegre dignamente a la comunidad internacional.
(artículo tomado de la revista Rumbo,23 de septiembre de 2002, Santo Domingo)
De facto, porque desde hace 50 años Taiwán ha podido vivir como entidad con gobierno propio, con autodeterminación interna y porque constituye una fuerza económica de tanto peso internacional como naciones que la superan en tamaño y población.
De jure, porque desde hace 50 años es reconocida como una entidad jurídica distinta de la China continental. Se me dirá que eso fue hasta que las Naciones Unidas la expulsaron de su asiento y se lo otorgaron a China Comunista.
Bueno, un error no puede tapar otro, es lo que se me ha enseñado. La no aceptación de China Comunista en las Naciones Unidas fue una consecuencia de la Guerra Fría. Estados Unidos no la quería ahí dentro ni los rusos tampoco, en una primera etapa en la que los ancestrales recelos soviéticos por proteger su frontera asiática la obligaban a una defensa bastante tímida de la posición china.
Recuérdese que rusos y chinos intercambiaron fuego en la larga frontera en varias ocasiones durante los años sesenta.
Según el poderío ruso fue afianzándose, así también fue cambiando su percepción del problema.
La expulsión de Taiwán de las Naciones Unidas fue el resultado del pragmatismo de Estados Unidos y del afán de victorias espectaculares del comunismo durante la guerra fría.
222Taiwán ha desarrollado su propio sistema económico, político y social... Ha logrado sobrevivir y prospera bajo la amenaza constante y ha sabido ganarse un espacio internacional.
Injusticia: Sin embargo, durante este período tuvo lugar el mayor proceso de descolonización que conoce la historia. Decenas de naciones africanas, del Pacífico y asiáticas, se convirtieron en independientes y pasaron a engrosar los escaños de la ONU.
La pregunta de hoy es, ¿por qué no descolonizar a Taiwán?; es decir, ¿por qué no aplicar los mismos criterios para sacar a Taiwán de la amenaza permanente de China que no tiene ni base moral ni y jurídica para anexarse a los habitantes de la “Isla Formosa”.
Los habitantes de Taiwán, hoy en día, constituyen una etnia distinta de la de los pobladores originales. Están conscientes de su desigualdad militar frente a China, pero se consideran distintos. Se dirá que los chinos aceptan todas las inversiones taiwanesas, que hoy son un puntal de la economía de ese gran país, pero para ellos el dilema no existe. Son “provincianos” que invierten en el territorio continental.
El tema, sin embargo, va más allá que la disputa por unas inversiones o de la tozudes de unos anticomunistas a ultranza. Es un problema de autodeterminación, de la misma por la cual abogaron por décadas los países comunistas para descolonizar a Africa y Asia.
La pregunta es, ¿por qué lo que es válido para decenas de pueblos africanos que, dicho sea de paso, han probado ser casi inviables en términos económicos y políticos, no es válido para Taiwán? Se me dirá que aquellos eran pueblos bajo un dominio colonial reconocido y que en el caso de la isla de Formosa se trata de una provincia separada, y yo respondo que para el caso es lo mismo, porque Taiwán ha desarrollado su propio sistema económico, político y social distinto de la cabecera. Ha logrado sobrevivir y prospera bajo la amenaza constante y ha sabido ganarse un espacio internacional.
Los dominicanos tenemos una deuda con Taiwán y queremos tener relaciones con China. Si fuésemos prácticos, escogeríamos a China, pero somos agradecidos y apoyamos a Taiwán.
Confiamos en que con un poco de paciencia china y de sentido de la realidad, se buscará una solución que “descolonice” a Taiwán y la reintegre dignamente a la comunidad internacional.
(artículo tomado de la revista Rumbo,23 de septiembre de 2002, Santo Domingo)