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"Tanto amó Dios al mundo"


En esta marejada o huracán de emociones encontradas llenas de odio y de venganza y de maledicencia, es difícil no contaminarse y la única salvación es pensar en el Señor Jesús. Pensar en su obra en su palabra. Ya que él es único que tiene palabras de vida eterna. Palabras que valen la pena leer y escuchar. Palabras que construyen y sanan.
El viernes pasado se celebró la fiesta del Corazón de Jesús, que es la a fiesta que recuerda el Amor de Jesús. El amor, motor de toda la obra redentora. Dios es amor. En esta fiesta del Sagrado corazón, la palabra de Dios nos dice claramente qué es el Hijo de Dios, el Cristo. El es el "manso y humilde".
En nuestros tiempos una persona mansa es la que no fustiga a nadie, ni hiere con la palabra, ni con los gestos a quienes viven con ella. Esta persona mansa jamás montará en cólera, ni se impondrá a nadie.
Es hermoso el ideal de mansedumbre. Pero una persona mansa, acaso, no es considerada una persona débil, una persona que no quiere luchar, que evita cualquier conflicto y -en pocas palabras- se deja dominar. En nuestro modo de hablar fácilmente se considera cobarde a la persona mansa.
Cuando Jesús dice que es manso de corazón, la gente que le escucha, no piensa en el hombre miedoso y débil sino en Moisés, que aún siendo fuerte, "era el más manso de los hombres (Num12). Como nuevo Moisés, Jesús manso de corazón guiará a su pueblo hacia la tierra prometida no con arrogancia y violencia, con venganza y tiranía, sino entregándose a su Padre en espera llena de confianza y esperanza. Dos veces al menos Jesús pone de manifiesto claramente la mansedumbre de su corazón.
Cuando toma posesión de su ciudad entrando solemnemente en Jerusalén, Jesús no monta un caballo de guerra símbolo de orgullo y violencia sino un asno que, aun siendo cabalgadura de príncipes, es símbolo de un príncipe que permite que entre libremente en su persona la mansa paciencia de Dios, que "no rompe la caña débil" que somos nosotros, que sabe esperar la lenta conversión de nuestros corazones y jamás le pasa desapercibida la mínima centella de amor y luz que existe en el fondo de todo corazón humano.
Jesús manso se propone y no se impone a su pueblo "aquí está vuestro rey manso y humilde de corazón". Lo mismo en el evangelio de la fiesta. Aquí Jesús no es un rey: es un maestro de doctrina. Claro que Jesús enseña con una autoridad desconocida hasta ahora.
No hay otro camino hacia Dios, no hay otra verdad más que Jesús, el Hijo de Dios. Y sin embargo, mientras los otros rabinos imponen a tu gente un montón de obligaciones, asustando con exigencias sobrehumanas que exceden la fragilidad de cualquier hombre, Jesús recusa aplastar a nadie. Ciertamente también Jesús habrá de pedirnos esfuerzos, pero este mandamiento del amor será yugo suave, peso ligero.
Podemos contar con un Dios, que es don y perdón. Infinitamente paciente con toda miseria humana que acuda su corazón misericordioso. Por consiguiente, hoy celebramos la mansedumbre del Corazón de Jesús que, renunciando a toda forma de poderío, violencia o esplendor espectacular, se hizo humilde y así se adecuó a la debilidad propia de toda la humanidad: la cual, no obstante, es su fuerza, lo cual -dice San Pablo- pues, al reconocer nosotros la fragilidad de nuestro corazón, ponemos la esperanza en el Señor, manso y humilde corazón.
Reconocer este misterio del corazón de Dios y del nuestro es algo que nos cuesta -es yugo, dice el evangelio- pero en lugar de aplastarnos nos conduce a lo mejor de nosotros mismos.
Uniéndonos de nuevo al cuerpo y sangre de Jesús manso, dejémonos cautivar por su mansedumbre que rechazó la violencia y no quiso devolver mal por mal, sino que eligió vivir toda su existencia como corazón que únicamente es don y perdón
Por todos lados proliferan comentarios sangrones, amenazas devastadoras, conmociones telúricas que puedan atemorizarnos y congelar nuestra acción, pues esa es la historia, y esa ha sido la historia, y bendita sea la historia, pues en ella hemos funcionado entre ruinas y triunfos, pero con el amor de Cristo bien podemos decir lo que decía el poeta Horacio: "Si totus fractus illabatur orbis, impavidum ferient ruinae" (Si se viene abajo la estructura del mundo, los escombros herirán al impertérrito) Es decir, al que se funda en el amor de Dios.

101 años de Panamá América

 
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