Tareas impostergables: descentralización y desarrollo local
Los gobernantes electos el 2 de mayo, lo que no pueden hacer es gobernar cosméticamente, pues el país necesita cambios fundamentales que son tareas impostergables. Entre los cambios necesarios se encuentra, ya expuestos en esta columna: una estrategia de empleo y combate a la pobreza, un plan nacional de integridad y la necesidad de una impulsar otras formas de hacer política si en verdad quieren más democracia para Panamá.
Hoy presentamos la necesidad de la descentralización y el fortalecimiento del poder local.
El gobierno local es una figura política y administrativa, un instrumento y expresión del poder democrático de la ciudadanía asentada en un territorio, y su misión es participar aportando los planes locales de desarrollo y el fortalecimiento de la dimensión democrática. Pero, en cambio, se ha impuesto una especie de cultura centralista, construida en torno a los intereses que se fragúan en relación a las ventajas de esa posición y que es diseminada e introyectada en toda la sociedad.
Las carencias y demandas locales van en aumento, pues coinciden en la mayor parte d e los casos con los sectores de pobreza. Los municipios no poseen capacidad de enfrentar la situación productos de su marginalidad. El gobierno central asume proyectos que le corresponden a los gobiernos locales y los que a su vez asumen otros que muchas veces no logran convocar ni lograr niveles de participación de sus comunidades.
El gobierno local se convierte en brazo administrativo de políticas que son decididas en otros espacios de poder, y es visto como oficina del gobierno central, relegando al gobierno local el rol de administrador y además en la mayoría de los casos, un pobre administrador.
La falta de eficacia, la desvalorización de la imagen y los intereses creados han provocado una deslegitimización por parte del resto de la ciudadanía hacia el gobierno local, pues no ven como importante acercase a él, ya que no lo sienten representativo de sus aspiraciones e intereses, y no les importa apoyarlo con recursos .
En la periferia subdotada y subequipada lo que existe es "una cultura de la marginalidad, del abandono, cuando no, una cierta cultura de la resignación de tener que asumir a regañadientes los efectos perniciosos del centralismo y un reclamo de poder y competencias para evitar esos efectos ineludibles del sistema centralista" (García, 1994) Pero esta cultura centralista tiene su situación límite: El escaso consenso que se logra en torno de políticas y programas públicos, lo que nos refiere al problema del enervamiento del sistema político. La poca identificación de los estamentos políticos con los problemas reales. La necesidad de cambiar valores y prácticas políticas, y más aún el vacío provocado por la casi inexistencia de la presencia de movimientos plurales y efectivos de la sociedad civil, para ampliar y mejorar los márgenes de la democracia.
Los municipios solos ocupan el 2.9% del presupuesto nacional estando comparativamente en uno de los niveles más bajos de Centroamérica. Más de la mitad de los municipios del país se encuentra en condiciones económicas deficitarias. Por otra parte, en comarcas y regiones indígenas y muchos municipios rurales aparecen como la expresión de los más altos índices de analfabetismo, desnutrición, morbilidad y pobreza.
No se han producido transferencias significativas de competencias ni de recursos, y el desarrollo de las competencias municipales es muy limitado y precario. Las acciones generadas por los ministerios de salud y educación autodenominados descentralizadores, son realmente más bien procesos desconcentradores; es decir, la transferencia de una competencia a una unidad u organización situado dentro del mismo sistema administrativo y la desconcentración funcional, o sea la transferencia de funciones específicas a agencias locales del estructuras ministeriales o delegación burocrática a agencias semiestatales fuera de la estructura tradicional de los ministerios. La autonomía municipal y un sistema democrático no son sostenibles sin contar con la participación ciudadana. Esta se dimensiona de varias formas, desde el proceso electoral que permite escoger libre y democráticamente autoridades y representantes popular hasta la misma manera como se organiza la municipalidad durante su gestión, abriendo el espacio a diversas variantes de participación, entre ellas del presupuesto participativo. Hoy nuevamente AMUPA (Asociación de Municipios de Panamá), en alianza con otras instancias como la Procuraduría de la Administración, la Universidad de Panamá y CEASPA, prepara el proceso de inducción al cargo para todos los futuros alcaldes y representantes electos 2004-2009, que debe ser parte de un sistema nacional de formación y capacitación municipal. Además, existe un anteproyecto de ley que promueve un primer piso del proceso descentralizador que fue consensuado nacionalmente. Falta más, mucho más. El desafío está planteado.
Hoy presentamos la necesidad de la descentralización y el fortalecimiento del poder local.
El gobierno local es una figura política y administrativa, un instrumento y expresión del poder democrático de la ciudadanía asentada en un territorio, y su misión es participar aportando los planes locales de desarrollo y el fortalecimiento de la dimensión democrática. Pero, en cambio, se ha impuesto una especie de cultura centralista, construida en torno a los intereses que se fragúan en relación a las ventajas de esa posición y que es diseminada e introyectada en toda la sociedad.
Las carencias y demandas locales van en aumento, pues coinciden en la mayor parte d e los casos con los sectores de pobreza. Los municipios no poseen capacidad de enfrentar la situación productos de su marginalidad. El gobierno central asume proyectos que le corresponden a los gobiernos locales y los que a su vez asumen otros que muchas veces no logran convocar ni lograr niveles de participación de sus comunidades.
El gobierno local se convierte en brazo administrativo de políticas que son decididas en otros espacios de poder, y es visto como oficina del gobierno central, relegando al gobierno local el rol de administrador y además en la mayoría de los casos, un pobre administrador.
La falta de eficacia, la desvalorización de la imagen y los intereses creados han provocado una deslegitimización por parte del resto de la ciudadanía hacia el gobierno local, pues no ven como importante acercase a él, ya que no lo sienten representativo de sus aspiraciones e intereses, y no les importa apoyarlo con recursos .
En la periferia subdotada y subequipada lo que existe es "una cultura de la marginalidad, del abandono, cuando no, una cierta cultura de la resignación de tener que asumir a regañadientes los efectos perniciosos del centralismo y un reclamo de poder y competencias para evitar esos efectos ineludibles del sistema centralista" (García, 1994) Pero esta cultura centralista tiene su situación límite: El escaso consenso que se logra en torno de políticas y programas públicos, lo que nos refiere al problema del enervamiento del sistema político. La poca identificación de los estamentos políticos con los problemas reales. La necesidad de cambiar valores y prácticas políticas, y más aún el vacío provocado por la casi inexistencia de la presencia de movimientos plurales y efectivos de la sociedad civil, para ampliar y mejorar los márgenes de la democracia.
Los municipios solos ocupan el 2.9% del presupuesto nacional estando comparativamente en uno de los niveles más bajos de Centroamérica. Más de la mitad de los municipios del país se encuentra en condiciones económicas deficitarias. Por otra parte, en comarcas y regiones indígenas y muchos municipios rurales aparecen como la expresión de los más altos índices de analfabetismo, desnutrición, morbilidad y pobreza.
No se han producido transferencias significativas de competencias ni de recursos, y el desarrollo de las competencias municipales es muy limitado y precario. Las acciones generadas por los ministerios de salud y educación autodenominados descentralizadores, son realmente más bien procesos desconcentradores; es decir, la transferencia de una competencia a una unidad u organización situado dentro del mismo sistema administrativo y la desconcentración funcional, o sea la transferencia de funciones específicas a agencias locales del estructuras ministeriales o delegación burocrática a agencias semiestatales fuera de la estructura tradicional de los ministerios. La autonomía municipal y un sistema democrático no son sostenibles sin contar con la participación ciudadana. Esta se dimensiona de varias formas, desde el proceso electoral que permite escoger libre y democráticamente autoridades y representantes popular hasta la misma manera como se organiza la municipalidad durante su gestión, abriendo el espacio a diversas variantes de participación, entre ellas del presupuesto participativo. Hoy nuevamente AMUPA (Asociación de Municipios de Panamá), en alianza con otras instancias como la Procuraduría de la Administración, la Universidad de Panamá y CEASPA, prepara el proceso de inducción al cargo para todos los futuros alcaldes y representantes electos 2004-2009, que debe ser parte de un sistema nacional de formación y capacitación municipal. Además, existe un anteproyecto de ley que promueve un primer piso del proceso descentralizador que fue consensuado nacionalmente. Falta más, mucho más. El desafío está planteado.