Temores por retiro de EU del AMB
La lucha contra el terrorismo en su inicio impulsó a Estados Unidos (EU) a recurrir a las Naciones Unidas y a sus aliados de Europa, Latinoamérica y China. Pero la decisión del presidente Bush de abandonar el Tratado de Antimisiles Balísticos (ABM, siglas en inglés), y desarrollar el proyecto de escudo antimisiles, despierta nuevos temores de que se está imponiendo una postura más unilateral que impulsan los elementos más conservadores de su gobierno. La cancelación del tratado permitirá al Pentágono desarrollar sin trabas, el escudo antimisiles con el que Bush quiere garantizar la defensa de su país "frente a los nuevos enemigos". Según Rusia, la ruptura es "un error" que sólo provocará una nueva carrera armamentista.
Washington, no obstante, cree que Moscú aceptará la situación para salvaguardar sus intereses internacionales, a la vez que considera que el ABM, es un acuerdo del pasado y muy peligroso, porque impide desarrollar un escudo antimisiles contra la amenaza de estados como Corea del Norte, Irak e Irán. Además, confía en cerrar con Rusia un nuevo pacto nuclear. Un alto funcionario del gobierno alemán discretamente calificó la decisión de Bush como "creando nubes en el horizonte", a la vez que señaló otros gestos sugestivos de Washington como la suspensión de las negociaciones para un acuerdo para limitar armas biológicas y el tráfico en armamentos ilegales, así como la Corte Internacional para crímenes contra la humanidad. Según los observadores de las distintas corrientes políticas que emanan de la Casa Blanca, el debate sobre el tratado ABM ha concluido con la victoria del Pentágono, la derrota del secretario de Estado, Colin Powell, y una victoria más para el grupo "duro" del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Powell creía que era posible enmendar el ABM para permitir las pruebas del escudo y contentar a Rusia. El Kremlin, sin embargo, ha exigido que las pruebas se hagan con su aprobación. Powell estuvo en Moscú tratando de convencer a Putin de que la Casa Blanca nunca aceptaría estos términos. Bush abandona el ABM habiendo calculado todos los riesgos. Condoleezza Rice, su consejera diplomática, que después de haber apoyado a Powell, ha acabado inclinando la balanza a favor de Rumsfeld, intuye que los rusos se acostumbrarán a la nueva situación. Opina que Putin no tiene más remedio si quiere que Rusia vuelva al centro de la escena internacional. Los aliados europeos de la OTAN, por su parte, protestarán, pero no demasiado para no agrietar la coalición contra el terrorismo. Alentado por la rápida victoria contra el régimen talibán en Afganistán y contando con un masivo apoyo popular, Bush ha tomado la decisión de abandonar el acuerdo, suscrito por Nixon y Breznev en 1972, y que ha sido la piedra angular de la disuasión nuclear, con los aplausos de los "halcones" de su gobierno -el vicepresidente Dick Cheney, Rumsfeld, Rice y el "superhalcon", Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa. En la campaña electoral, nunca escondió su deseo de desarrollar sin tapujos un "paraguas nuclear" con misiles teóricamente capaces de blindar al país frente a ataques transatlánticos. En los años anteriores, Bill Clinton dejó que el desarrollo técnico avanzara tímidamente, pero maniobró lo suficiente para dejar la cuestión en manos de su sucesor.
EU considera que la nueva situación de inseguridad que han provocado los atentados del 11 de septiembre permite justificar más que nunca la necesidad de crear nuevos sistemas de defensa contra ataques exteriores. Rusia siempre ha pensado que el proyecto estadounidense desequilibra la estabilidad nuclear y conduce a un rearme inevitable. Wolfowitz y otros voceros de la derecha han preparado el terreno no sólo para una larga campaña contra Afganistán, sino también para una eventual acción bélica contra el régimen iraquí de Sadam Hussein de la que se han hecho eco casi a diario las editoriales de The Wall Street Journal y The Washington Times. Pero The New York Times explica que existe una gran diferencia entre la situación de Afganistán y la de Irak, donde no hay una resistencia armada comparable a la Alianza del Norte. Los países árabes, que hace 10 años participaron en la coalición anti-iraquí, empezando por Egipto y Arabia Saudí, en esta ocasión no estarían de acuerdo en luchar contra Sadam Husein. Asimismo, los aliados europeos, con la fiel Gran Bretaña a la cabeza, han hecho saber que no aprobaban un ataque contra Irak.
Según el Times, los bombardeos por sí solos nunca serán suficientes para derrocar el régimen dictatorial de Bagdad. Habría que organizar una fuerza terrestre estadounidense, lo cual requiere muchos meses. En realidad, ese mismo 27 de noviembre, los bombarderos de EU atacaron una instalación de defensa aérea en Irak, pero el mundo está tan acostumbrado que, en la prensa, la noticia no fue comentada o apenas fue mencionada. Así pues, el diario neoyorquino aconseja al presidente de EU centrarse en ejercer una presión diplomática, utilizando lo mejora de sus relaciones con Rusia para obtener una nueva política de sanciones y una reanudación del control de armamento que, seguramente, Irak desarrolla en secreto. Se dice rápido, pero es difícil de llevar a la práctica.
En la cumbre de Texas, Bush y el presidente ruso reafirmaron sus desacuerdos, pero lo aceptaron sin agresividad. Rusia se ve obligada a conformarse con la promesa estadounidense de mantener una línea constante de información entre Washington y Moscú. Bush telefoneó el viernes pasado a Putin para confirmarle su intención de retirarse del tratado ABM en los próximos días. Legalmente, el tratado permite la retirada de cualquiera de sus miembros, aunque establece un período de aviso de seis meses. Limitando las defensas, el ABM aseguraba la destrucción mutua de las potencias nucleares y, sobre este equilibrio del terror, se ha construido la paz. Ahora, Bush considera que no tiene sentido y es peligroso, porque limita las defensas contra países que apoyan el terrorismo y desarrollan armas nucleares, como Corea del Norte, Irak e Irán. El ABM exige un aviso previo de seis meses para poder abandonarlo. En el mes de junio, por tanto, el Pentágono tendrá las manos libres para construir el centro de mando y los silos en Fort Greely (Alaska), donde, si todo va según lo planeado, en el 2004 el escudo se pondrá en marcha.
Washington, no obstante, cree que Moscú aceptará la situación para salvaguardar sus intereses internacionales, a la vez que considera que el ABM, es un acuerdo del pasado y muy peligroso, porque impide desarrollar un escudo antimisiles contra la amenaza de estados como Corea del Norte, Irak e Irán. Además, confía en cerrar con Rusia un nuevo pacto nuclear. Un alto funcionario del gobierno alemán discretamente calificó la decisión de Bush como "creando nubes en el horizonte", a la vez que señaló otros gestos sugestivos de Washington como la suspensión de las negociaciones para un acuerdo para limitar armas biológicas y el tráfico en armamentos ilegales, así como la Corte Internacional para crímenes contra la humanidad. Según los observadores de las distintas corrientes políticas que emanan de la Casa Blanca, el debate sobre el tratado ABM ha concluido con la victoria del Pentágono, la derrota del secretario de Estado, Colin Powell, y una victoria más para el grupo "duro" del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Powell creía que era posible enmendar el ABM para permitir las pruebas del escudo y contentar a Rusia. El Kremlin, sin embargo, ha exigido que las pruebas se hagan con su aprobación. Powell estuvo en Moscú tratando de convencer a Putin de que la Casa Blanca nunca aceptaría estos términos. Bush abandona el ABM habiendo calculado todos los riesgos. Condoleezza Rice, su consejera diplomática, que después de haber apoyado a Powell, ha acabado inclinando la balanza a favor de Rumsfeld, intuye que los rusos se acostumbrarán a la nueva situación. Opina que Putin no tiene más remedio si quiere que Rusia vuelva al centro de la escena internacional. Los aliados europeos de la OTAN, por su parte, protestarán, pero no demasiado para no agrietar la coalición contra el terrorismo. Alentado por la rápida victoria contra el régimen talibán en Afganistán y contando con un masivo apoyo popular, Bush ha tomado la decisión de abandonar el acuerdo, suscrito por Nixon y Breznev en 1972, y que ha sido la piedra angular de la disuasión nuclear, con los aplausos de los "halcones" de su gobierno -el vicepresidente Dick Cheney, Rumsfeld, Rice y el "superhalcon", Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa. En la campaña electoral, nunca escondió su deseo de desarrollar sin tapujos un "paraguas nuclear" con misiles teóricamente capaces de blindar al país frente a ataques transatlánticos. En los años anteriores, Bill Clinton dejó que el desarrollo técnico avanzara tímidamente, pero maniobró lo suficiente para dejar la cuestión en manos de su sucesor.
EU considera que la nueva situación de inseguridad que han provocado los atentados del 11 de septiembre permite justificar más que nunca la necesidad de crear nuevos sistemas de defensa contra ataques exteriores. Rusia siempre ha pensado que el proyecto estadounidense desequilibra la estabilidad nuclear y conduce a un rearme inevitable. Wolfowitz y otros voceros de la derecha han preparado el terreno no sólo para una larga campaña contra Afganistán, sino también para una eventual acción bélica contra el régimen iraquí de Sadam Hussein de la que se han hecho eco casi a diario las editoriales de The Wall Street Journal y The Washington Times. Pero The New York Times explica que existe una gran diferencia entre la situación de Afganistán y la de Irak, donde no hay una resistencia armada comparable a la Alianza del Norte. Los países árabes, que hace 10 años participaron en la coalición anti-iraquí, empezando por Egipto y Arabia Saudí, en esta ocasión no estarían de acuerdo en luchar contra Sadam Husein. Asimismo, los aliados europeos, con la fiel Gran Bretaña a la cabeza, han hecho saber que no aprobaban un ataque contra Irak.
Según el Times, los bombardeos por sí solos nunca serán suficientes para derrocar el régimen dictatorial de Bagdad. Habría que organizar una fuerza terrestre estadounidense, lo cual requiere muchos meses. En realidad, ese mismo 27 de noviembre, los bombarderos de EU atacaron una instalación de defensa aérea en Irak, pero el mundo está tan acostumbrado que, en la prensa, la noticia no fue comentada o apenas fue mencionada. Así pues, el diario neoyorquino aconseja al presidente de EU centrarse en ejercer una presión diplomática, utilizando lo mejora de sus relaciones con Rusia para obtener una nueva política de sanciones y una reanudación del control de armamento que, seguramente, Irak desarrolla en secreto. Se dice rápido, pero es difícil de llevar a la práctica.
En la cumbre de Texas, Bush y el presidente ruso reafirmaron sus desacuerdos, pero lo aceptaron sin agresividad. Rusia se ve obligada a conformarse con la promesa estadounidense de mantener una línea constante de información entre Washington y Moscú. Bush telefoneó el viernes pasado a Putin para confirmarle su intención de retirarse del tratado ABM en los próximos días. Legalmente, el tratado permite la retirada de cualquiera de sus miembros, aunque establece un período de aviso de seis meses. Limitando las defensas, el ABM aseguraba la destrucción mutua de las potencias nucleares y, sobre este equilibrio del terror, se ha construido la paz. Ahora, Bush considera que no tiene sentido y es peligroso, porque limita las defensas contra países que apoyan el terrorismo y desarrollan armas nucleares, como Corea del Norte, Irak e Irán. El ABM exige un aviso previo de seis meses para poder abandonarlo. En el mes de junio, por tanto, el Pentágono tendrá las manos libres para construir el centro de mando y los silos en Fort Greely (Alaska), donde, si todo va según lo planeado, en el 2004 el escudo se pondrá en marcha.