Tenencia de armas de fuego
Abordamos otra vez este tema, consternados por la matanza que se sucede a diario en nuestras calles y barrios, que es tanta que hasta nos estamos acostumbrando y volviéndonos casi indolentes. Hablamos de las ejecuciones y duelos a tiros entre jóvenes pandilleros, de la violencia que se nos hace endémica. Todos los días aparece un par de muertos tirados por doquier.
Habrá quienes culpen a los medios, pero se equivocan. La realidad supera con creces lo que publicamos. Los tiroteos, por no decir, verdaderas batallas, se suceden al caer cada tarde en barrios populares como Santa Ana, El Chorrillo, Curundú, San Miguel, Veracruz y otros de San Miguelito, fuera de los de Colón, ya no son ya noticia. La Policía no puede controlar ese fenómeno.
En Río de Janeiro, enviaron al ejército a ocupar las favelas, pero fue en vano. Tan pronto salían los soldados, las mafias retornaban por sus fueros a dirimir su guerra a tiros por el control del mercado de drogas y otros vicios. ¿Qué hacer?
No hay solución pronta, ni fácil. Mientras se procura mejorar los indicadores sociales, se requiere de la "mano durísima" del director de la Policía, Rolando Mirones, generosa y abundantemente administrada. Eso hizo Guiliani en Nueva York y en cosa de tres años la puso bajo completo orden y control.
Otra buena idea es endurecer las penas contra la tenencia ilegal de armas de fuego, tal cual hizo el presidente Maduro de Honduras. Eso, mezclado con requisas continuas y el fomento de programas de entrega de armas por comida, puede se de gran ayuda. Así hicieron las tropas norteamericanas, pero con la variante de dinero por armas, para pacificar en pocas semanas el país, luego de la invasión. Pero repetimos, ese programa sólo funcionan con una buena dosis de poder de fuego y autoridad.
Habrá quienes culpen a los medios, pero se equivocan. La realidad supera con creces lo que publicamos. Los tiroteos, por no decir, verdaderas batallas, se suceden al caer cada tarde en barrios populares como Santa Ana, El Chorrillo, Curundú, San Miguel, Veracruz y otros de San Miguelito, fuera de los de Colón, ya no son ya noticia. La Policía no puede controlar ese fenómeno.
En Río de Janeiro, enviaron al ejército a ocupar las favelas, pero fue en vano. Tan pronto salían los soldados, las mafias retornaban por sus fueros a dirimir su guerra a tiros por el control del mercado de drogas y otros vicios. ¿Qué hacer?
No hay solución pronta, ni fácil. Mientras se procura mejorar los indicadores sociales, se requiere de la "mano durísima" del director de la Policía, Rolando Mirones, generosa y abundantemente administrada. Eso hizo Guiliani en Nueva York y en cosa de tres años la puso bajo completo orden y control.
Otra buena idea es endurecer las penas contra la tenencia ilegal de armas de fuego, tal cual hizo el presidente Maduro de Honduras. Eso, mezclado con requisas continuas y el fomento de programas de entrega de armas por comida, puede se de gran ayuda. Así hicieron las tropas norteamericanas, pero con la variante de dinero por armas, para pacificar en pocas semanas el país, luego de la invasión. Pero repetimos, ese programa sólo funcionan con una buena dosis de poder de fuego y autoridad.