Tenencia ilegal de armas
Ricardo Maduro, el presidente de Honduras, tan pronto hubo asumido el cargo, emprendió duras medidas para reprimir el crimen, lo cual había sido parte medular de la campaña política que lo llevó al triunfo. No solamente fue desplegar por las calles al Ejército, además de la Policía, sino también enviar un paquete de leyes que endurecen las penas tanto para adultos como para los menores, en especial las relativas a las pandillas o "maras". La criminalidad en el país alcanza niveles de epidemia, pese a que ha disminuido sustancialmente tras la aplicación de las medidas, conforme ha manifestado el propio mandatario.
Otra de las leyes impulsadas y hechas realidad por el presidente Maduro, fue la de penalizar la tenencia ilegal de armas. El problema se agudizó a partir de la terminación de las guerras civiles en la región, particularmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Y alcanzó su clímax cuando Estados Unidos armó una guerrilla "Contra" para ostilizar al gobierno sandinista nicaragüense. Tras el fin de los conflictos, quedaron las armas que hasta hoy día se desparraman por todo el istmo hasta llegar a Colombia.
Panamá no es ajena a ese fenómeno, con el aporte propio de la dictadura de Noriega que, tras la invasión de Estados Unidos, esparció irresponsablemente decenas de miles de ellas.
Una medida disuasiva que podemos aplicar es imitar lo hecho por el mandatario hondureño y dictar nuestra propia ley enviando a la cárcel a quien porte armas ilegalmente. Hasta el momento, la figura es tratada como una mera falta administrativa que no es suficiente para desalentar el fenómeno.
Insistimos en la necesidad de darle a entender al estudiante que es él quien decide lo que quiere y puede, no seguir lo que sus padres u otros elijan sus estudios sin conocer su capacidad, sus intereses, etc.
Hora es que el Estado, a través del Ministerio de Educación, utilice la política de revisar, cambiar cada cinco años (por decir un lapso), encare seriamente esta tarea que en pleno siglo XXI tiene que ser actualizada conforme los cambios acelerados en la tecnología que cada día nos brinda mayores y mejores adelantos.
Ideal sería para ayudar al estudiante, que los servicios de orientación sean llevados con rigor diciéndole al interesado su verdadero seguimiento y limitaciones. Estas realidades tendrían que funcionar con educadores idóneos, que tengan el verdadero deseo de ayudar para así que cada estudiante tenga claro los estudios a seguir sin tener fracasos que los tuvo por no tener a tiempo una eficaz orientación.
Otra de las leyes impulsadas y hechas realidad por el presidente Maduro, fue la de penalizar la tenencia ilegal de armas. El problema se agudizó a partir de la terminación de las guerras civiles en la región, particularmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Y alcanzó su clímax cuando Estados Unidos armó una guerrilla "Contra" para ostilizar al gobierno sandinista nicaragüense. Tras el fin de los conflictos, quedaron las armas que hasta hoy día se desparraman por todo el istmo hasta llegar a Colombia.
Panamá no es ajena a ese fenómeno, con el aporte propio de la dictadura de Noriega que, tras la invasión de Estados Unidos, esparció irresponsablemente decenas de miles de ellas.
Una medida disuasiva que podemos aplicar es imitar lo hecho por el mandatario hondureño y dictar nuestra propia ley enviando a la cárcel a quien porte armas ilegalmente. Hasta el momento, la figura es tratada como una mera falta administrativa que no es suficiente para desalentar el fenómeno.
Insistimos en la necesidad de darle a entender al estudiante que es él quien decide lo que quiere y puede, no seguir lo que sus padres u otros elijan sus estudios sin conocer su capacidad, sus intereses, etc.
Hora es que el Estado, a través del Ministerio de Educación, utilice la política de revisar, cambiar cada cinco años (por decir un lapso), encare seriamente esta tarea que en pleno siglo XXI tiene que ser actualizada conforme los cambios acelerados en la tecnología que cada día nos brinda mayores y mejores adelantos.
Ideal sería para ayudar al estudiante, que los servicios de orientación sean llevados con rigor diciéndole al interesado su verdadero seguimiento y limitaciones. Estas realidades tendrían que funcionar con educadores idóneos, que tengan el verdadero deseo de ayudar para así que cada estudiante tenga claro los estudios a seguir sin tener fracasos que los tuvo por no tener a tiempo una eficaz orientación.