Tensiones en el Cáucaso
El 12 de agosto de 1949 en la Conferencia Diplomática de Ginebra se marcó un punto de referencia en la conciencia universal de la humanidad, porque la civilización convino en reglamentar los métodos de hacer la guerra, tras los estragos causados por la Segunda Guerra Mundial y sus más de sesenta millones de muertos, consignando los principios humanitarios en un instrumento jurídico como expresión de ideales universales de humanidad en los Convenios de Ginebra y en sus Protocolos Adicionales que integran el Derecho Internacional Humanitario.
Este año conmemoramos el 59° aniversario de los Convenios de Ginebra, en medio de una situación crítica para el derecho internacional humanitario, pues las acciones militares desencadenadas por Georgia contra la provincia separatista de Osetia del Sur ha involucrado a tropas de Rusia, lo que podría generar en un conflicto de mayores proporciones que afectarían a víctimas civiles ante la lenta reacción de la comunidad internacional frente a lo que podríamos denominar una guerra sin límites.
Panamá ha ratificado todos los instrumentos jurídicos referentes a las normas del derecho internacional humanitario, que en la actualidad suman 29 y, en el caso particular de los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adicionales de 1977, estamos en presencia de un legado de profundo valor humanitario en tiempos de hostilidades, abogando por la protección a personas que por alguna razón no participan de la guerra, el trato a los prisioneros, los bienes, personal sanitario y la población civil.
Lamentablemente, este 12 de agosto asistimos a una conmemoración de los Convenios de Ginebra tras esplendorosa inauguración de las Olimpiadas en Beijing, donde el mundo se regocijaba con la gesta deportiva en una competencia de armonía, paz y solidaridad entre los pueblos. Esta vez no fueron los estruendos de los fuegos de artificio sino el bombardeo indiscriminado sobre la capital Tsjinvali causando estragos sobre la población civil con miles de muertos, heridos y refugiados.
Precisamos abrir espacios a la diplomacia del Consejo de Seguridad y del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon para mediar en el conflicto ruso-georgiano ante la escalada de violencia en la explosiva región del Cáucaso, donde convergen intereses estratégicos de actores como Georgia y Ukrania que están amparadas por la Unión Europea y Estados Unidos en divergencia con nacionalidades de Abjazia y Osetia del Sur identificadas con Rusia.