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Teoría del poder social en democracia


En varias ocasiones hemos señalado que la sociedad panameña se encuentra sumergida en lo que muy acertadamente el consagrado maestro y jurista nacional Dr. Humberto Ricord, ha denominado como el fenómeno de la sociedad amorfa (amorfismo societal). En efecto, vivimos tiempos difíciles y sobre todo de encapsulamiento, no sólo de la conciencia individual sino también todo el sistema se ha disgregado en una pluralidad de subsistemas sociales y profesionales que no logran romper sus autoreferencias para trascender a la búsqueda de espacios comunes con el fin de construir una racionalidad que dé coherencia y sentido a un auténtico y verdadero estado democrático y de derecho. Lo peligroso de este fenómeno es que el propio Estado, que debe expresar la síntesis, equilibrio y coherencia de todos estos subsistemas, se encuentra atrapado en la lógica de los subsistemas autoreferenciados, lo que explica la disfuncionalidades que en la sociedad panameña afecta el derecho y la política.
El enfoque neoliberal tal vez no sea la causa principal de dicho fenómeno. Sin embargo, sí ha concurrido a propiciar la atomización y la molecularización de toda la vida en la sociedad. En esa dirección, el Estado expresa una lógica de alejamiento de lo que en la ciencia política se denomina sociedad civil. La absolutización del mercado como factor dirimente y determinante de relaciones sociales ha conducido a una especie de deificación de la ideología individualista, de la nula solidaridad humana y del rechazo a la conciencia colectiva. Pero, ello no constituye una realidad insuperable. Las crisis también suelen ser parteras de su propia superación, más cuando el escenario sobre la cual se levanta el edificio de tales incoherencias da cuenta de contradicciones que terminan por producir saltos cualitativos expresivos de una realidad diferente, sobre todo, al nivel de las conciencias y las pasiones que ya no se resisten a naufragar en un ambiente de atomización y disgrecionalidad. Esto es lo que algunos autores llaman el elemento catártico de la crisis y que comienza a producir rupturas en esas intrascendencias propias de los subsistemas autoreferenciados. Este es el momento donde se procura construir una racionalidad cuya autoría fundamentalmente está constituida por la diversidad que anida en la sociedad.
Es decir, las contradicciones dan forma concreta a lo que los clásicos de la política moderna definían como el soberano: el pueblo panameño que es el poder, fuente de poderes, que es el único capaz en última instancia de prohijar un verdadero sistema democrático y de derecho. Algunos autores definen este proceso como el poder deliberativo y discursivo de las opiniones encontradas en el marco de una especie de revolución permanente del concepto de la participación en términos de igualdad. Esto es lo que se entiende por poder social, que no viene a ser más que una interpretación de subsistemas encapsulados con hegemonía de los diversos sectores sociales colectivos y organizacionales de la sociedad civil. Ese contexto es el que nos lleva a plantear que ha llegado la hora de dejar a un lado las diferencias para construir el poder social que es el único poder con capacidad de poner orden en la irracionalidad que caracteriza a los subsistemas egocentrados.
Conózcase usted mismo, no se subestime ni se sobrevalore, por el contrario, júzguese desapasionadamente. Hay muchas personas que no se atreven a ir adelante, porque no se conocen realmente y no se respetan a sí mismos.
Valorarse correctamente, así como justamente, es el paso decisivo que usted debe dar para empezar a respetarse. Es enfocar positivamente la vida y decidirse a luchar por el puesto que Dios quiere que tengamos.
Aprenda a respetarse, a quererse, pues el que no se quiere a sí mismo, no quiere a nadie. Es importante que usted se respete, que se quiera y valore, porque en la medida que lo haga querrá y valorará mucho más a los demás.
Le invito a que adquiera un mayor respeto por usted mismo. “Haga con su barro un palacio y no una cueva”. Y usted puede hacerlo, pues es la misma tierra, el mismo barro que los demás.
En la vida unos hacen palacios, otros hacen cuevas. ¿Qué va a hacer usted? Sepa que muchos han empezado de muy abajo y han triunfado. Abraham Lincoln nació en una cuna humilde y lentamente supo situarse en el lugar que le correspondía.
¡Adelante! Fe en Dios, fe en usted, fe en la vida. Y no se olvide, ¡con Dios usted es invencible!

101 años de Panamá América

 
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