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Terminal moderna y buses ruinosos


No obstante la visión positiva de conjunto, no pasó inadvertido para los visitantes, que así lo hicieron saber a sus anfitriones, el estado ruinoso de la mayoría de los buses multicolores estacionados alrededor del edificio y que circulaban por sus rampas y vías adyacentes. Las risas, entre abiertas y contenidas se hicieron inevitables, y de los nacionales el natural sonrojo.
En efecto, tenemos una de las mejores terminales de transporte colectivo del continente, aunque es obvio que requiere mejorar sus accesos y salidas con rampas vehiculares que comuniquen con las vías adyacentes, para disminuir el embotellamiento en el tránsito de los alrededores, el cual se hará más grave cuando entren a funcionar en el área, el nuevo centro comercial Los Pueblos y el policentro deportivo próximo.
Sin embargo, la calidad del transporte para los usuarios no ha mejorado un ápice, salvo en lo concerniente a la terminal, porque los buses siguen igual de sucios, destartalados y viejos, prestando un mal servicio en su parte más importante: el trayecto al punto de destino. No cuentan con aire acondicionado, los asientos son incómodos y están raídos, el apiñamiento es usual, al igual que las velocidades excesivas y el manejo irresponsable.
Ni hablar de la música soez, los altos volúmenes y el descuido con la carga peligrosa como tanques de gas, espejos de vidrio en cabina y botellas. También tenemos la desagradable práctica de ingerir alimentos en cabina, todo lo cual requiere de un severo reglamento que se haga respetar.
Frente al cúmulo de pequeños problemas que se agigantan al juntarse, no cabe una solución parcial ni escalonada. Es menester enfrentarlos todos juntos, con la misma determinación con que se centralizó las numerosas piqueras artesanales en la terminal, con algo de fuerza y mucha persuasión entremezclada con docencia. Hay que reemplazar la actual flota por vehículos de calidad, e implantar un riguroso código de conducta humana para quienes los manejen y administren.
Panamá crece y se desarrolla. Se hace moderno. Pero requiere culturizarse en igual medida, pues, de lo contrario todo lo que tendremos será un mero cascarón de concreto, cristales y acero, el cual naufragará bajo la presión del mal uso y el abuso. Hay que sembrar cortesía, respeto y consideración por los demás. Juntos podemos.

101 años de Panamá América

 
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