Terror en el cielo
(AIPE)- Los años 2009 y 2010, en su final y principio, produjeron hechos aleccionadores y casi trágicos. El día de Navidad un terrorista nigeriano de Al Qaeda intentó destruir un avión en pleno vuelo. Poco más tarde, el 1 de enero, un emigrante somalí vinculado a Al Qaeda trató de matar en su hogar de Copenhague al caricaturista danés Kurt Westergaard, quien en 2005 suscitó polémica por dibujos considerados ofensivos a la religión islámica. El 5 de noviembre Nidal Hassam, de ascendencia palestina y relacionado con el clérigo radical yemenita Anwar al-Awlaki, acribilló a 13 personas en Fort Hood, Tejas, e hirió a treinta más.
Al referirse a este último evento, Barack Obama no mencionó el extremismo islámico, advirtió de “no apresurarse a sacar conclusiones” y prometió “investigar las motivaciones del supuesto pistolero”.
Para vergüenza de la mayor parte de los medios de comunicación occidentales, cuya actitud genuflexa ante Obama ya causa desdén, el Presidente norteamericano ha demostrado escasas dotes de liderazgo, marcada parcialidad, y una inquietante incomprensión acerca de las realidades internacionales y las responsabilidades de su cargo.
El 20 de enero de 2009, la encuesta Gallup dio a Obama 68% de respaldo. No obstante, Obama empieza el 2010 con sólo 47%, la cifra más baja alcanzada por un Presidente durante su primer año. Esta estrepitosa caída escapa al entendimiento de comentaristas de la prensa europea y latinoamericana, que aún viven de sus ensoñaciones; pero lo cierto es que Obama ha desencantado profundamente a buena parte del electorado que en su momento, y engañado, votó por este político inexperto, sin brújula, e inflado de vanidad. Sólo 19% de los estadounidenses consideran que merecía el Premio Nobel.
Obama se ha convertido en el Presidente más polarizante de la historia norteamericana en el más corto período de tiempo. Prometió gobernar desde el centro, con equilibrio y transparencia, pero su Casa Blanca es tan sectaria como la de Nixon y está tratando de imponer leyes que son repudiadas por la mayoría del país, pero que complacen al sector radical del partido Demócrata.
Me atrevo a pronosticar que la nacionalización de la seguridad social puesta en marcha por Obama tendrá consecuencias muy negativas para él y su tolda. Este año 2010, el electorado estadounidense se prepara a ejecutar una severa sacudida del panorama político en su país. Los Republicanos no han hecho demasiado para merecer el premio que probablemente recibirán, pero las torpezas, miopía y arrogancia de Obama y del despistado partido Demócrata serán suficientes para el cambio que se avecina. Obama fue una esperanza para muchos; hoy es una palpable decepción.
___* Profesor de teoría política, Universidad Metropolitana de Caracas.
© www.aipenet.com