Terror y turismo
El problema con ser viejo y tener buena memoria, es que llega un día, en el cual uno deja de creer en el sistema, supongo que dejar de creer es intrascendente, tan sólo me transformó en otro átomo, en otra partícula del infinito espacio, que ya dejó de creer en el sistema en el sarcasmo que llega, al perder la ilusión de que algo cambiara algún día, (El IPAT).
La pérdida de la ilusión, meteorológicamente hablando, o el día que perdemos la fe, es también sin importancia, pero por desgracia este día llega siempre con acompañantes mitológicos que anuncian desgracias, gatos negros o gallotes sobrevolando la bahía de Panamá, o la de alguna desgracia nacional... la pérdida de ese algo que lo sustentó a uno, durante tantos años, durante décadas, es doloroso. Lo maravilloso de esa pérdida es la energía nueva que genera... nada se pierde todo se transforma... leyes universales que se aplican aun cuando salen los gallotes, lo fantástico es, que a pesar de todas las mentiras y de todas las ineptitudes, aún me siento como el ave fénix, que puede volver a volar, a sabiendas que hemos sido engañados durante tantos gobiernos.
La mentira es lo común en los gobiernos, eso es ordinario, aunque nunca me acostumbro a ello, todavía puedo perdonarlo, lo que quizás no perdono es el daño que ocasionan a los más débiles, el hambre que producen, los miles de jóvenes que tendrán que soportar la misma inercia destructiva del no hacer nada... el odio de ver tanto que se puede hacer si tan sólo alguien, con muchas ganas quisiere hacer, que el turismo en Panamá creciese, y creciese. Otros países del mundo lo hacen, ¿por qué no lo puede hacer Panamá? La respuesta es sencilla... nunca hemos tenido a ningún gobierno con las ganas necesarias de hacer que el turismo sea la base de aquello que llaman sarcásticamente, la industria sin chimeneas.
En cualquiera agencia de turismo en Europa o en cualquier otro lado del planeta Tierra, podemos encontrar direcciones de Cuba, la lindísima, la bella Cuba, Costa Rica, mil propagandas de Costa Rica, posters de Guatemala, un millón de anuncios de Jamaica, vengan a Puerto Rico, cuñas comerciales de Guatemala, México, vengan al bello México, todos los países hablan de la belleza de sus playas, de lo bello de sus montañas, de lo amistoso de su gente, Come to America, Come to Miami, Bahamas, el paraíso del Mundo, Chile. Venga a conocer la belleza del país más lindo del mundo, bla, bla, bla, toda América todo el mundo invierte en turismo, desde China hasta los Bosnios, tengan terrorismo o no lo tengan, con cólera o con plagas, tengan comunismo o tengan a la misma muerte galopando sobre sus montañas, igual solicitan turismo... de Panamá no hay nada, niente, nothing de Panamá, sólo escuchamos a nuestros políticos de turnos (gerentes de turno del IPAT) darnos cifras fantásticas, de cuántos cuartos de hoteles se han abierto, cifras de porcentajes de incremento de los miles de turistas que nos invaden, (todos sabemos que son hombres de negocios), cifras de los millones de dólares que generan, desde los taxistas hasta los restaurantes, (favor taxistas ricos, llamarme), cifras de los próximos estudios que se harán (somos los más estudiosos del universo), mientras que la primera fula, o pelirrojo internacional que ven los incrédulos ojos de los panameños, causan admiración y curiosidad, chiflan, piropean y se maravillan del elemento más importante, y supuestamente el que debiese ser el más común del turismo, los "turistas"... esos fantasmas que deambulan en la mente de aquellos ministros, que insisten en querer venderle la idea a todo panameño, que Panamá crece y crece en turismo, un crecimiento proporcional a la cantidad de humo que tiran las fábricas sin chimeneas por toda la República.
Un sabio dijo hace mucho tiempo, aprender de nuestros errores es de hombres inteligentes, aprender del error de los demás es de sabios.
Costa Rica, país limítrofe con Panamá, es tan bella, como nuestra Patria (almost), y sin entrar en detalles de topografía, ni en encuestas tontas, yo puedo asegurarle a cualquier amante de la verdad, que los ticos nos puedan dar lecciones sobre el turismo, duele... no me importa... daña el orgullo, tampoco me importa, lo único que sí interesa es el aprender de nuestros errores, aprender a que llega un día en que tenemos que mirarnos al espejo y decidir estoicamente que en Panamá no hay turismo, que en Panamá somos ineptos para entender lo que significa el concepto de turismo, su primera regla aprender, tanto de nuestros errores como del éxito del vecino.
Me causan mucha gracia las declaraciones del IPAT, en la que hablan del incremento del turismo en nuestra bella y olvidada provincia de Bocas del Toro, hablan como si este turismo llegó por obra y gracia de la propaganda del IPAT, o porque los fulos lo leyeron en Internet, (algunos americanos e italianos, radicados en Bocas, metidos en el negocio de bienes y raíces sí están en Internet) y decidieron llegar por miles a Bocas. Nosotros los panameños no tenemos nada que acreditarnos con el relativisimo, y minúsculo éxito del turismo en Bocas del Toro, los turistas llegan a este pedacito de cielo, porque los ticos, muchas veces sobrevendidos, otras honestamente vendiendo una terminal turística, venden después de que los turistas hallan visitado el planeta Costa Rica. Ellos, nuestros vecinos, con una maquinaria turística que sí hecha humo, nos mandan lo que les sobra... esa sobra es lo que llega a Panamá.
La única forma que Panamá pueda concebir un desarrollo acelerado, sin necesidad de que le sigamos vendiendo, el alma de nuestras siguientes generaciones a las instituciones financieras, FMI etc. (digo siguientes, ya que las nuestras ya están vendidas) es que el asunto del turismo se maneje, a través de la empresa privada, y punto, cero intervención del gobierno, excepto para cobrar impuestos (el mejor trabajo del IPAT, y donde sí son muy buenos es cobrándoles a todos los hoteles un 10% sobre la renta del cuarto, WOW) y para colocar al político de turno, como miembro del Consejo de Turismo de la Empresa privada.
El turismo en Panamá necesita ser vitalizado, con un nuevo espíritu empresarial, necesita una infusión de sangre fresca, necesita salir del letargo del sueño eterno en la cual ha vivido, (desde el siglo dieciséis hasta hoy día) necesita hacerlo, no porque sea importante, tener suecos ni italianos caminando por Monagrillo adentro, ni por Chiriquí arriba, sino porque la única forma que tiene Panamá hoy día de producir, y crear a corto plazo es usando lo que el buen Dios nos regaló, pájaros bellos, playas bellas, gente chévere y más gente chévere... y si no me creen, tan sólo miren alrededor de ustedes y verán que tenemos tanta gente linda y tantos lugares hermosos, que algunas veces en noche de luna, embelesado por ella, y escuchando salvajemente, a uno que otro sapo cantar, nos dan ganas de compartirlo, con uno que otro turista... y quién sabe si tenemos suerte, podrían ser dos.
La pérdida de la ilusión, meteorológicamente hablando, o el día que perdemos la fe, es también sin importancia, pero por desgracia este día llega siempre con acompañantes mitológicos que anuncian desgracias, gatos negros o gallotes sobrevolando la bahía de Panamá, o la de alguna desgracia nacional... la pérdida de ese algo que lo sustentó a uno, durante tantos años, durante décadas, es doloroso. Lo maravilloso de esa pérdida es la energía nueva que genera... nada se pierde todo se transforma... leyes universales que se aplican aun cuando salen los gallotes, lo fantástico es, que a pesar de todas las mentiras y de todas las ineptitudes, aún me siento como el ave fénix, que puede volver a volar, a sabiendas que hemos sido engañados durante tantos gobiernos.
La mentira es lo común en los gobiernos, eso es ordinario, aunque nunca me acostumbro a ello, todavía puedo perdonarlo, lo que quizás no perdono es el daño que ocasionan a los más débiles, el hambre que producen, los miles de jóvenes que tendrán que soportar la misma inercia destructiva del no hacer nada... el odio de ver tanto que se puede hacer si tan sólo alguien, con muchas ganas quisiere hacer, que el turismo en Panamá creciese, y creciese. Otros países del mundo lo hacen, ¿por qué no lo puede hacer Panamá? La respuesta es sencilla... nunca hemos tenido a ningún gobierno con las ganas necesarias de hacer que el turismo sea la base de aquello que llaman sarcásticamente, la industria sin chimeneas.
En cualquiera agencia de turismo en Europa o en cualquier otro lado del planeta Tierra, podemos encontrar direcciones de Cuba, la lindísima, la bella Cuba, Costa Rica, mil propagandas de Costa Rica, posters de Guatemala, un millón de anuncios de Jamaica, vengan a Puerto Rico, cuñas comerciales de Guatemala, México, vengan al bello México, todos los países hablan de la belleza de sus playas, de lo bello de sus montañas, de lo amistoso de su gente, Come to America, Come to Miami, Bahamas, el paraíso del Mundo, Chile. Venga a conocer la belleza del país más lindo del mundo, bla, bla, bla, toda América todo el mundo invierte en turismo, desde China hasta los Bosnios, tengan terrorismo o no lo tengan, con cólera o con plagas, tengan comunismo o tengan a la misma muerte galopando sobre sus montañas, igual solicitan turismo... de Panamá no hay nada, niente, nothing de Panamá, sólo escuchamos a nuestros políticos de turnos (gerentes de turno del IPAT) darnos cifras fantásticas, de cuántos cuartos de hoteles se han abierto, cifras de porcentajes de incremento de los miles de turistas que nos invaden, (todos sabemos que son hombres de negocios), cifras de los millones de dólares que generan, desde los taxistas hasta los restaurantes, (favor taxistas ricos, llamarme), cifras de los próximos estudios que se harán (somos los más estudiosos del universo), mientras que la primera fula, o pelirrojo internacional que ven los incrédulos ojos de los panameños, causan admiración y curiosidad, chiflan, piropean y se maravillan del elemento más importante, y supuestamente el que debiese ser el más común del turismo, los "turistas"... esos fantasmas que deambulan en la mente de aquellos ministros, que insisten en querer venderle la idea a todo panameño, que Panamá crece y crece en turismo, un crecimiento proporcional a la cantidad de humo que tiran las fábricas sin chimeneas por toda la República.
Un sabio dijo hace mucho tiempo, aprender de nuestros errores es de hombres inteligentes, aprender del error de los demás es de sabios.
Costa Rica, país limítrofe con Panamá, es tan bella, como nuestra Patria (almost), y sin entrar en detalles de topografía, ni en encuestas tontas, yo puedo asegurarle a cualquier amante de la verdad, que los ticos nos puedan dar lecciones sobre el turismo, duele... no me importa... daña el orgullo, tampoco me importa, lo único que sí interesa es el aprender de nuestros errores, aprender a que llega un día en que tenemos que mirarnos al espejo y decidir estoicamente que en Panamá no hay turismo, que en Panamá somos ineptos para entender lo que significa el concepto de turismo, su primera regla aprender, tanto de nuestros errores como del éxito del vecino.
Me causan mucha gracia las declaraciones del IPAT, en la que hablan del incremento del turismo en nuestra bella y olvidada provincia de Bocas del Toro, hablan como si este turismo llegó por obra y gracia de la propaganda del IPAT, o porque los fulos lo leyeron en Internet, (algunos americanos e italianos, radicados en Bocas, metidos en el negocio de bienes y raíces sí están en Internet) y decidieron llegar por miles a Bocas. Nosotros los panameños no tenemos nada que acreditarnos con el relativisimo, y minúsculo éxito del turismo en Bocas del Toro, los turistas llegan a este pedacito de cielo, porque los ticos, muchas veces sobrevendidos, otras honestamente vendiendo una terminal turística, venden después de que los turistas hallan visitado el planeta Costa Rica. Ellos, nuestros vecinos, con una maquinaria turística que sí hecha humo, nos mandan lo que les sobra... esa sobra es lo que llega a Panamá.
La única forma que Panamá pueda concebir un desarrollo acelerado, sin necesidad de que le sigamos vendiendo, el alma de nuestras siguientes generaciones a las instituciones financieras, FMI etc. (digo siguientes, ya que las nuestras ya están vendidas) es que el asunto del turismo se maneje, a través de la empresa privada, y punto, cero intervención del gobierno, excepto para cobrar impuestos (el mejor trabajo del IPAT, y donde sí son muy buenos es cobrándoles a todos los hoteles un 10% sobre la renta del cuarto, WOW) y para colocar al político de turno, como miembro del Consejo de Turismo de la Empresa privada.
El turismo en Panamá necesita ser vitalizado, con un nuevo espíritu empresarial, necesita una infusión de sangre fresca, necesita salir del letargo del sueño eterno en la cual ha vivido, (desde el siglo dieciséis hasta hoy día) necesita hacerlo, no porque sea importante, tener suecos ni italianos caminando por Monagrillo adentro, ni por Chiriquí arriba, sino porque la única forma que tiene Panamá hoy día de producir, y crear a corto plazo es usando lo que el buen Dios nos regaló, pájaros bellos, playas bellas, gente chévere y más gente chévere... y si no me creen, tan sólo miren alrededor de ustedes y verán que tenemos tanta gente linda y tantos lugares hermosos, que algunas veces en noche de luna, embelesado por ella, y escuchando salvajemente, a uno que otro sapo cantar, nos dan ganas de compartirlo, con uno que otro turista... y quién sabe si tenemos suerte, podrían ser dos.