Terrorismo islámico en Latinoamérica
Debido a la gravedad y al riesgo para la comunidad internacional, las informaciones publicadas por The Miami Herald en marzo del año en curso, siguen preocupando, y con justificadas razones, a la opinión pública no sólo de América Latina. El influyente periódico dio a conocer que el general James T. Hill, comandante del Comando Sur de Estados Unidos (EE.UU.), manifestó que grupos islámicos radicales de Oriente Medio reciben anualmente entre 300 y 500 millones de dólares procedentes del narcotráfico, contrabando de armas y otras actividades ilegales que llevan a cabo varias redes criminales de Latinoamérica.
Otras noticias, asimismo provenientes de fuentes por demás confiables, aseveran que esos turbios recursos también son recolectados mediante donaciones caritativas hechas de buena fe, pero que son desviadas hacia los indicados grupos extremistas.
Para evitar lo que está sucediendo, lo menos que debe hacerse es mantener un férreo control respecto a la existencia de esos capitales que tienen extraordinario movimiento debido al lavado de dinero, con lo cual se evitará que éstos cauces de corrupción y de violencia incrementen la muerte y la desventura no únicamente en la anotada y conflictiva región del planeta. Por otra parte, cada vez son más frecuentes las voces que advierten sobre la presencia del terrorismo fundamentalista islámico en el continente americano. Luego de los incalificables ataques a los EE.UU., aquel luctuoso 11 de septiembre, qué duda puede haber sobre este demencial y cruel fenómeno que merece trato prioritario para enfrentarlo con fortaleza y sin pausa.
Argentina soportó dos atroces atentados realizados por el fanatismo islámico que ocasionaron centenares de muertos, heridos y grandes destrucciones materiales. Prácticamente fueron voladas con explosivos las sedes de la embajada de Israel en Buenos Aires y de la Asociación Mutual Israelita.
Se ha identificado como uno de los más peligrosos grupos terroristas, que combinan el extremismo religioso con el hecho criminal, a Hezbollah (Partido de Dios), que apareció en Líbano en 1982 y que ha establecido ramificaciones internacionales en todos los continentes. En América Latina su activismo subterráneo ya no es ningún secreto. La Jihad Islámica es su principal y virulenta ala.
En Ciudad del Este, conocida también como la Triple Frontera, por cuanto allí confluyen territorios de Paraguay, Brasil y Argentina, donde abundan pobladores de origen árabe, se realizan sospechosas transacciones financieras, cuyo dinero es enviado hacia las señaladas organizaciones extremistas. Igualmente, según datos confiables, inclusive publicados por la prensa, no faltan actividades similares en específicos lugares latinoamericanos como la isla de Margarita (Venezuela), Iquique (Chile), Colón (Panamá), entre otros sitios de alto riesgo en la materia y en los cuales debe haber minuciosas investigaciones.
Desde Cartagena de Indias y en el marco del IV Seminario de los Servicios Iberoamericanos de Inteligencia, al que asistieron delegados de veinte países, el escritor irlandés Gordon Thomas aseveró que miembros de Al Qaeda y de la narcoguerrilla de las FARC se contactaron en Madrid y otras ciudades de Europa para formar una red terrorista en Sudamérica. Este intelectual, que es experto en terrorismo internacional, afirmó que también en Colombia, en octubre del presente año, se realizó una nueva cita entre miembros de las FARC y sujetos del mencionado grupo árabe que entraron por Venezuela.
Como si esto fuese poco, la consejera nacional de Seguridad de la Casa Blanca, Condolezza Rice, aseguró que hay comprobados nexos entre las FARC y Hezbollah.
Los testimonios referidos lo menos que deben generar en los latinoamericanos es un sentimiento de inquietud e incentivar el trabajo de defensa para que no se permita el activismo de los terroristas que nada respetan en su torvo accionar. La expansión, la ferocidad y los vínculos del fundamentalismo árabe, no son para quedarse con los brazos cruzados. Se trata de un asunto prioritario y aún vital para las naciones que anhelan paz y bienestar. Evitar que los recursos anotados se produzcan y lleguen a las redes terroristas debe ser la prioridad de los gobiernos, a fin de que los amantes de la violencia no puedan financiar sus ruines acciones.
Otras noticias, asimismo provenientes de fuentes por demás confiables, aseveran que esos turbios recursos también son recolectados mediante donaciones caritativas hechas de buena fe, pero que son desviadas hacia los indicados grupos extremistas.
Para evitar lo que está sucediendo, lo menos que debe hacerse es mantener un férreo control respecto a la existencia de esos capitales que tienen extraordinario movimiento debido al lavado de dinero, con lo cual se evitará que éstos cauces de corrupción y de violencia incrementen la muerte y la desventura no únicamente en la anotada y conflictiva región del planeta. Por otra parte, cada vez son más frecuentes las voces que advierten sobre la presencia del terrorismo fundamentalista islámico en el continente americano. Luego de los incalificables ataques a los EE.UU., aquel luctuoso 11 de septiembre, qué duda puede haber sobre este demencial y cruel fenómeno que merece trato prioritario para enfrentarlo con fortaleza y sin pausa.
Argentina soportó dos atroces atentados realizados por el fanatismo islámico que ocasionaron centenares de muertos, heridos y grandes destrucciones materiales. Prácticamente fueron voladas con explosivos las sedes de la embajada de Israel en Buenos Aires y de la Asociación Mutual Israelita.
Se ha identificado como uno de los más peligrosos grupos terroristas, que combinan el extremismo religioso con el hecho criminal, a Hezbollah (Partido de Dios), que apareció en Líbano en 1982 y que ha establecido ramificaciones internacionales en todos los continentes. En América Latina su activismo subterráneo ya no es ningún secreto. La Jihad Islámica es su principal y virulenta ala.
En Ciudad del Este, conocida también como la Triple Frontera, por cuanto allí confluyen territorios de Paraguay, Brasil y Argentina, donde abundan pobladores de origen árabe, se realizan sospechosas transacciones financieras, cuyo dinero es enviado hacia las señaladas organizaciones extremistas. Igualmente, según datos confiables, inclusive publicados por la prensa, no faltan actividades similares en específicos lugares latinoamericanos como la isla de Margarita (Venezuela), Iquique (Chile), Colón (Panamá), entre otros sitios de alto riesgo en la materia y en los cuales debe haber minuciosas investigaciones.
Desde Cartagena de Indias y en el marco del IV Seminario de los Servicios Iberoamericanos de Inteligencia, al que asistieron delegados de veinte países, el escritor irlandés Gordon Thomas aseveró que miembros de Al Qaeda y de la narcoguerrilla de las FARC se contactaron en Madrid y otras ciudades de Europa para formar una red terrorista en Sudamérica. Este intelectual, que es experto en terrorismo internacional, afirmó que también en Colombia, en octubre del presente año, se realizó una nueva cita entre miembros de las FARC y sujetos del mencionado grupo árabe que entraron por Venezuela.
Como si esto fuese poco, la consejera nacional de Seguridad de la Casa Blanca, Condolezza Rice, aseguró que hay comprobados nexos entre las FARC y Hezbollah.
Los testimonios referidos lo menos que deben generar en los latinoamericanos es un sentimiento de inquietud e incentivar el trabajo de defensa para que no se permita el activismo de los terroristas que nada respetan en su torvo accionar. La expansión, la ferocidad y los vínculos del fundamentalismo árabe, no son para quedarse con los brazos cruzados. Se trata de un asunto prioritario y aún vital para las naciones que anhelan paz y bienestar. Evitar que los recursos anotados se produzcan y lleguen a las redes terroristas debe ser la prioridad de los gobiernos, a fin de que los amantes de la violencia no puedan financiar sus ruines acciones.