Terrorismo, narcotráfico y Canal
El terrorismo y el narcotráfico se han erigido hoy en la oprobiosa y fatal alianza de Lesa Humanidad, que amenaza a todos los pueblos de nuestro planeta, para hundirlos en la más trágica de las abyecciones. A diferencia del nazismo, esta alianza carece de ideología, pero hace recordar la degradación antihumana que Hitler, Mussolini y los generales japoneses pretendieron establecer en dimensión universal, a fin de esclavizar al resto de la multitud de seres que a mediados del siglo XX habitaban el globo terráqueo.
No sabemos cuál es la causa que ha impedido hasta la fecha la estructuración de una instancia colectiva de todos los gobiernos y de todos los pueblos, a fin de librar la enorme batalla cruenta y costosa, para liquidar tanto el terrorismo como el narcotráfico de la faz mundial. Cada país está aislado en su propia lucha contra ambos jinetes apocalípticos, que preparan el surgimiento de los otros dos conocidos bíblicos, que pretenderán también acabar con la humanidad general. Esa batalla de cada cual por su lado está condenada al fracaso y a la esterilidad, como lo demuestran los casos conocidos de Norteamérica, de Colombia, de Bolivia y demás naciones productoras o consumidoras, que parecen no tener otro destino que doblegarse ante los perversos barones de un narcotráfico y un terrorismo generalizados.
Nuestro canal es indefendible ante una acción de los Estados o grupos terroristas o narcotraficantes que se propusieran destruirlo o al menos paralizarlo en buena medida. Y tendríamos que pensar y actuar en grande, si en tal caso decidiéramos reconstruirlo. No se advierte que quienes manejan el canal en la actualidad estuvieran pensando de tal manera, puesto que dan señales tan negativas, como la de aumentar la cuenca lacustre que alimentaría el paso transístmico canalero ampliado, o la de aumentar simplemente los peajes, sin tener aún un plan general debidamente estructurado para ampliar la oferta al tránsito de barcos de cualquier tamaño, que creemos debe ser una aspiración lógica y natural, lo que parece obvio.
No obstante, hay quienes están tomando el terrorismo y el narcotráfico como meros pretextos para restablecer en Panamá la hegemonía norteamericana, con la excusa falsa de que debemos entregarnos nuevamente, como si fuéramos unos "Bunovarilas" redividos, a fin de que los instrumentos de guerra norteamericanos surquen por nuestros cielos y naveguen por nuestros mares, porque vienen a "salvarnos" de los flagelos universales que motivan estas líneas.
La propia Norteamérica ha fracasado, hasta la fecha, en su territorio, contra el narcotráfico y contra el terrorismo, que están corroyendo las entrañas de su sociedad, sin que se advierta ningún adelanto efectivo en esa lucha aislada y sin visos de triunfo siquiera mediano, por más que, aparentemente, la están desarrollando con todos sus recursos y con todas sus fuerzas.
No sabemos por qué los responsables de la cosa pública panameña, durante la última década, se han limitado a firmar trataditos y pactitos sobre "militares visitantes", "regalos de naves y aeronaves de desecho", dádivas y documentos desdorosos en grado sumo, pero que parecen proponerse contar con el apoyo (?) norteamericano, para "préstamos", pequeñas "donaciones" y demás "ayudas", que o no vienen o no representan mayor cosa, ni auxilian en resolver ningún problema, constituyéndose únicamente en vías de penetración absurda, sin sentido, a más de antipatriótica. Como Estado militarmente inerme, deberíamos haber adoptado, desde hace tiempo, una posición propia y realista frente al narcotráfico y al terrorismo, que no tiene que ser la de pegarnos al carro bélico norteamericano, para suplicarle migajas instrumentales que no podemos siquiera mantener, a cambio de concesiones desdorosas y entreguistas, simple e inexplicablemente, porque ellos lo piden.
La imaginación de nuestros gobernantes de todos los tiempos, salvo muy raras excepciones, nunca ha dado muestras de apartarse de las gratuitas y gastadas soluciones frente a los problemas señalados, lo que pesa gravosamente sobre nuestra condición de Estado libre, independiente. Dejémonos de seguir procurando supuestas medidas para "defender el Canal" y demás lugares comunes, que parece ser lo único que se nos ocurre. Pensemos en actitudes y en posiciones que no nos costarán ni económica ni políticamente gran cosa. Coloquemos a nuestro país en la situación de verdadera neutralidad, que nos permita invocar la solidaridad de los organismos internacionales que con toda libertad para las naciones, están luchando a fin de hacer de nuestro planeta un mejor lugar para la persona humana, desde todos los puntos de vista.
Lo conoció cuando llegó a Panamá en febrero de 1983. A partir de esto, Laboa tuvo mucha confianza en Lacunza, con frecuencia se comunicaban distintas cosas que originó una estrecha relación de amistad sacerdotal. En 1986, fue quien consagró obispo a Lacunza, convirtiéndose en su primer hijo espiritual.
No sabemos cuál es la causa que ha impedido hasta la fecha la estructuración de una instancia colectiva de todos los gobiernos y de todos los pueblos, a fin de librar la enorme batalla cruenta y costosa, para liquidar tanto el terrorismo como el narcotráfico de la faz mundial. Cada país está aislado en su propia lucha contra ambos jinetes apocalípticos, que preparan el surgimiento de los otros dos conocidos bíblicos, que pretenderán también acabar con la humanidad general. Esa batalla de cada cual por su lado está condenada al fracaso y a la esterilidad, como lo demuestran los casos conocidos de Norteamérica, de Colombia, de Bolivia y demás naciones productoras o consumidoras, que parecen no tener otro destino que doblegarse ante los perversos barones de un narcotráfico y un terrorismo generalizados.
Nuestro canal es indefendible ante una acción de los Estados o grupos terroristas o narcotraficantes que se propusieran destruirlo o al menos paralizarlo en buena medida. Y tendríamos que pensar y actuar en grande, si en tal caso decidiéramos reconstruirlo. No se advierte que quienes manejan el canal en la actualidad estuvieran pensando de tal manera, puesto que dan señales tan negativas, como la de aumentar la cuenca lacustre que alimentaría el paso transístmico canalero ampliado, o la de aumentar simplemente los peajes, sin tener aún un plan general debidamente estructurado para ampliar la oferta al tránsito de barcos de cualquier tamaño, que creemos debe ser una aspiración lógica y natural, lo que parece obvio.
No obstante, hay quienes están tomando el terrorismo y el narcotráfico como meros pretextos para restablecer en Panamá la hegemonía norteamericana, con la excusa falsa de que debemos entregarnos nuevamente, como si fuéramos unos "Bunovarilas" redividos, a fin de que los instrumentos de guerra norteamericanos surquen por nuestros cielos y naveguen por nuestros mares, porque vienen a "salvarnos" de los flagelos universales que motivan estas líneas.
La propia Norteamérica ha fracasado, hasta la fecha, en su territorio, contra el narcotráfico y contra el terrorismo, que están corroyendo las entrañas de su sociedad, sin que se advierta ningún adelanto efectivo en esa lucha aislada y sin visos de triunfo siquiera mediano, por más que, aparentemente, la están desarrollando con todos sus recursos y con todas sus fuerzas.
No sabemos por qué los responsables de la cosa pública panameña, durante la última década, se han limitado a firmar trataditos y pactitos sobre "militares visitantes", "regalos de naves y aeronaves de desecho", dádivas y documentos desdorosos en grado sumo, pero que parecen proponerse contar con el apoyo (?) norteamericano, para "préstamos", pequeñas "donaciones" y demás "ayudas", que o no vienen o no representan mayor cosa, ni auxilian en resolver ningún problema, constituyéndose únicamente en vías de penetración absurda, sin sentido, a más de antipatriótica. Como Estado militarmente inerme, deberíamos haber adoptado, desde hace tiempo, una posición propia y realista frente al narcotráfico y al terrorismo, que no tiene que ser la de pegarnos al carro bélico norteamericano, para suplicarle migajas instrumentales que no podemos siquiera mantener, a cambio de concesiones desdorosas y entreguistas, simple e inexplicablemente, porque ellos lo piden.
La imaginación de nuestros gobernantes de todos los tiempos, salvo muy raras excepciones, nunca ha dado muestras de apartarse de las gratuitas y gastadas soluciones frente a los problemas señalados, lo que pesa gravosamente sobre nuestra condición de Estado libre, independiente. Dejémonos de seguir procurando supuestas medidas para "defender el Canal" y demás lugares comunes, que parece ser lo único que se nos ocurre. Pensemos en actitudes y en posiciones que no nos costarán ni económica ni políticamente gran cosa. Coloquemos a nuestro país en la situación de verdadera neutralidad, que nos permita invocar la solidaridad de los organismos internacionales que con toda libertad para las naciones, están luchando a fin de hacer de nuestro planeta un mejor lugar para la persona humana, desde todos los puntos de vista.
Lo conoció cuando llegó a Panamá en febrero de 1983. A partir de esto, Laboa tuvo mucha confianza en Lacunza, con frecuencia se comunicaban distintas cosas que originó una estrecha relación de amistad sacerdotal. En 1986, fue quien consagró obispo a Lacunza, convirtiéndose en su primer hijo espiritual.