Tertulia Pública
Los resultados electorales han despertado toda clase de especulaciones y ofrecen la oportunidad a unos para atribuirse el mérito del éxito, así como también a otros para endilgar responsabilidad por el fracaso.
No se trata de encontrar a los culpables, sino de asumir cada cual la cuota parte en el triunfo o en la derrota.
Panamá avanza hacia una nueva etapa en su vida política, con la masiva participación de los jóvenes, que de una u otra forma reclaman el espacio que como miembros de esta comunidad nacional les corresponde.
Ignorar que ellos representan un electorado importante, ha sido quizás el elemento decisorio en el pasado torneo, pues frente a ese aislamiento de que fueron objeto, aun cuando se les utilizara como activistas, en la toma de decisiones fueron excluidos y por ello se han hecho notar con el voto.
Quedan pocos meses de ejercicio gubernamental a la actual administración, pero el cúmulo de problemas a resolver se incrementa cada día.
Es hora de revisar los contratos para la rehabilitación de caminos y carreteras incumplidos, pero ya cobrados y abandonados bajo el pretexto de circunstancias imprevistas, sin que se haya tomado acción alguna contra los responsables dueños, accionistas y administradores de las empresas contratadas. Allí está en esas condiciones la vía Transístmica hacia Nuevo San Juan, prometida e incluida en el gasto del Fondo Fiduciario, sin embargo no realizada.
En iguales condiciones pueden estar otras obras, que la inacción pública tiene paralizadas. Imponer orden en esos asuntos es tarea que deben cumplir las autoridades correspondientes, a fin de que las entregas de materiales, la ejecución de obras, el cumplimiento de los contratos se haga realidad.
El nuevo gobierno tendrá suficientes problemas como para entretenerse por buen rato, ante las reclamaciones de empleo, que se multiplicarán por la inocultable ola de desempleados jóvenes y adultos que tenemos.
Propiciar una generación de ingresos con iniciativas propias, no dependientes exclusivamente en la planilla estatal, conviene para el desarrollo integral del país, ya que la autogestión puede ser motivadora de la creatividad, dando paso a pequeñas empresas que logren satisfacer las necesidades económicas de familias enteras, que hoy no encuentran salida, sino a través de un empleo con salario fijo.
Hemos aprendido mucho en el ejercicio político que recién ha finalizado. Observamos la aventura de mucha gente que se creyó dueña de un liderazgo amplio, pero que ni en su entorno barrial, tenían aceptación.
Así, con esa errónea convicción, aceptaron postulaciones y hasta fueron ofensivos con sus adversarios de mayor caudal político, seguros de que alcanzarían la victoria.
Otros fueron por la reelección y ante su ineficiencia, se les desplazó del cargo. El pueblo en general ha sido sabio, eliminando al improductivo y procurando introducir nuevas figuras para mejorar de alguna forma las instancias en las que le corresponde elegir.
Tenemos que asumir una actitud de panameños progresistas. Necesitamos vender la imagen de Panamá desprovista de máculas, para que el mundo sepa que existe un país donde hay solidaridad, democracia, libertad plena, riqueza en su recurso humano, posibilidades óptimas para su crecimiento y desarrollo, esperanzas de surgimiento y sobre todo, que garanticemos la seguridad jurídica al inversionista, respeto a los derechos humanos y una justicia social sin condiciones, porque sólo así contribuiremos todos a la reconstrucción y progreso del país.
No se trata de encontrar a los culpables, sino de asumir cada cual la cuota parte en el triunfo o en la derrota.
Panamá avanza hacia una nueva etapa en su vida política, con la masiva participación de los jóvenes, que de una u otra forma reclaman el espacio que como miembros de esta comunidad nacional les corresponde.
Ignorar que ellos representan un electorado importante, ha sido quizás el elemento decisorio en el pasado torneo, pues frente a ese aislamiento de que fueron objeto, aun cuando se les utilizara como activistas, en la toma de decisiones fueron excluidos y por ello se han hecho notar con el voto.
Quedan pocos meses de ejercicio gubernamental a la actual administración, pero el cúmulo de problemas a resolver se incrementa cada día.
Es hora de revisar los contratos para la rehabilitación de caminos y carreteras incumplidos, pero ya cobrados y abandonados bajo el pretexto de circunstancias imprevistas, sin que se haya tomado acción alguna contra los responsables dueños, accionistas y administradores de las empresas contratadas. Allí está en esas condiciones la vía Transístmica hacia Nuevo San Juan, prometida e incluida en el gasto del Fondo Fiduciario, sin embargo no realizada.
En iguales condiciones pueden estar otras obras, que la inacción pública tiene paralizadas. Imponer orden en esos asuntos es tarea que deben cumplir las autoridades correspondientes, a fin de que las entregas de materiales, la ejecución de obras, el cumplimiento de los contratos se haga realidad.
El nuevo gobierno tendrá suficientes problemas como para entretenerse por buen rato, ante las reclamaciones de empleo, que se multiplicarán por la inocultable ola de desempleados jóvenes y adultos que tenemos.
Propiciar una generación de ingresos con iniciativas propias, no dependientes exclusivamente en la planilla estatal, conviene para el desarrollo integral del país, ya que la autogestión puede ser motivadora de la creatividad, dando paso a pequeñas empresas que logren satisfacer las necesidades económicas de familias enteras, que hoy no encuentran salida, sino a través de un empleo con salario fijo.
Hemos aprendido mucho en el ejercicio político que recién ha finalizado. Observamos la aventura de mucha gente que se creyó dueña de un liderazgo amplio, pero que ni en su entorno barrial, tenían aceptación.
Así, con esa errónea convicción, aceptaron postulaciones y hasta fueron ofensivos con sus adversarios de mayor caudal político, seguros de que alcanzarían la victoria.
Otros fueron por la reelección y ante su ineficiencia, se les desplazó del cargo. El pueblo en general ha sido sabio, eliminando al improductivo y procurando introducir nuevas figuras para mejorar de alguna forma las instancias en las que le corresponde elegir.
Tenemos que asumir una actitud de panameños progresistas. Necesitamos vender la imagen de Panamá desprovista de máculas, para que el mundo sepa que existe un país donde hay solidaridad, democracia, libertad plena, riqueza en su recurso humano, posibilidades óptimas para su crecimiento y desarrollo, esperanzas de surgimiento y sobre todo, que garanticemos la seguridad jurídica al inversionista, respeto a los derechos humanos y una justicia social sin condiciones, porque sólo así contribuiremos todos a la reconstrucción y progreso del país.