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Tiempo Ordinario


En la liturgia de la Iglesia Católica se habla de tiempos. Tiempo de Adviento, de Navidad, de Epifanía, de Cuaresma, de Pascua hasta Pentecostés.

Terminado el tiempo de Pascua entramos en el tiempo Ordinario.

Los tiempos tienen sus características, sobre todo, en las lecturas tomadas del Sagrado Libro con las cuales se pretende (o pretenden los liturgos) ayudar al feligrés ambientarse de acuerdo con ambiente apropiado.

Este tiempo ordinario que retomamos de las fechas ocurridas entre Epifanía y Cuaresma, corresponde al Domingo o Semana Sexta Ordinaria. Y la lectura está sacada de la carta de Santiago Apóstol. De esa carta leemos un tema que tiene una actualidad siempre perenne y es lo que discurre sobre la lengua:

"Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz de refrenar todo el cuerpo".

He aquí que nosotros ponemos freno en boca de los caballos para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo.

Mirad las naves aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí cuan grande bosque enciende un pequeño fuego. Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.

La lengua está puesta entre nuestros miembros y contamina todo el cuerpo e inflama la rueda de la creación y ella misma es inflamada por el infierno.

Porque toda naturaleza de bestias y de aves, y de serpientes y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana, pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición) Santiago 3, 3-9".

Así hablaba Santiago a sus interlocutores y hoy a nosotros.

101 años de Panamá América

 
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