default

TLC con México


Ajuzgar por las informaciones que trascienden sobre el estado de las negociaciones que adelanta nuestro país con México para concretar un tratado de libre comercio (tlc), nuestra delegación debe seguir moviéndose con extremado cuidado. Panamá no es Centroamérica.
A diferencia de nuestros vecinos del Istmo que ya han suscrito con México tratados de esa naturaleza, la economía panameña es fundamentalmente de servicios (al menos en un 70%), mientras que la de Centroamérica (excluyéndonos) es agrícola e industrial. En consecuencia, lo que nos corresponde ceder a los mexicanos no es lo mismo que lo del resto de las otras naciones del área.
Proporciones guardadas, Centroamérica y México tienen el mismo tipo de economía y, por eso, la negociación entre ellos no tuvo los tropiezos que registra hoy la nuestra con el último. Aquellos intercambian peras con peras y manzanas con manzanas, que no es nuestro caso. Eso explica el por qué es tan fácil y fluído entre aquellos el diálogo Plan Puebla - Panamá que prevé la integración económica, turística, energética y de comunicaciones entre los estados del sur de México con el Istmo, y lo tan difícil y reservado que es para Panamá. Y en eso abonan también comprensibles razones históricas, económicas y políticas. Panamá nunca perteneció al Imperio Maya y siempre estuvo más cerca de Suramérica, hasta el punto que en 1821 se integró a La Gran Colombia.
Con México no estamos intercambiando peras por peras ni manzanas por manzanas. Nuestra industria y sector agrícola es casi insignificante. Ellos nos ofrecen sus productos, que cubren con creces toda la gama de nuestras necesidades y barren a la producción local. México no sólo tiene una superior tecnología sino que opera con menores costos y con un salario mínimo cercano a la mitad del que nos rige, el cual estamos, para peor, a punto de aumentar.
En lo que somos fuertes, más bien una potencia, es en los servicios. También tenemos un Canal, que ellos no tienen y que necesitan para su industria en franca expansión mundial. Pero nos quieren imponer la ley del embudo. En este sentido, es preocupante que los negociadores mexicanos estén exigiendo, por ejemplo, abrir todo nuestro sector harinero (panes, dulces, galletas), mientras nos cierran su sector financieros y bancario. Fuera de eso, nos piden "un trato especial para sus naves que transitan por el Canal" y que permitamos a sus empresas constructoras participar directamente en las licitaciones convocadas por la Autoridad del Canal. Una concesión de trato especial en el Canal sería discriminatoria e inadmisible para el resto de los usuarios y violatoria del tratado de neutralidad que rige la vía, a más de constituir una puerta para que todos los suarios terminen con razón exigiendo lo mismo, en momentos que acabamos de aumentar las tarifas de tránsito.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América