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TLC con México, la experiencia tica


La semana pasada aconsejábamos cautela a nuestros negociadores con México, que buscan un tratado de libre comercio (TLC). No hay que dejarse vencer por la presión de no tener uno solo de estos tratados firmados, pese a las aspiraciones recientemente reiteradas por nuestra presidenta Moscoso ante las Naciones Unidas, de ser Panamá la sede permanente del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que debe estar lista para el 2003, obvio indicativo de quien no predica con el propio ejemplo.
En particular, nos referíamos a que somos una economía de servicios, contrario a lo que ocurre con Centroamérica, cuyas naciones tienen tratados de esa naturaleza con México, detalle que está provocando un tranque en nuestras negociaciones, puesto que México no está dispuesto a abrir a Panamá ese sector y, en cambio, nos exige apertura de nuestro mercado alimenticio e industrial, las licitaciones de servicios en el Canal y hasta un tratamiento especial para sus naves que transitan por él, contra lo cual nos manifestamos por lo discriminatorio respecto a otros usuarios de la vía.
En esta ocasión, queremos llamar la atención a la experiencia costarricense en su TLC con México que cumple siete años, que muestra que si nos manejamos con habilidad, es posible obtener mayores beneficios.
Por ejemplo, gracias a ese convenio, Costa Rica ha multiplicado por cinco sus exportaciones al país azteca y ha gozado de entrada libre de aranceles para el 89% de sus productos. En siete años, las importaciones de bienes y servicios mexicanos se han triplicado y ha recibido inversiones por B/.303 millones contra B/.17 millones de inversiones ticas migradas a México. En lo que va del año 2002, hasta junio pasado, Costa Rica había exportado a México B/.158 millones (96% más que el año pasado) y había importado B/.172.2 millones. En la actualidad, ambos países adelantan conversaciones para ampliar aun más la desgravación de productos.
En el caso nuestro, difícilmente nuestras industrias pueden competir con las mexicanas en uno y otro mercado, salvo que se hagan aun más eficientes y se modernicen. El salario mínimo nuestro es casi el doble del de México, pero, también lo es el costarricense y, aun así ellos están compitiendo con bastante efectividad. Los servicios no podemos dejarlos por fuera, porque es nuestro lado fuerte, tanto como ellos son en todo lo demás.
Insistimos en que no hay prisa. Mejor es negociar con nuestros vecinos de Centroamérica para ir sacando experiencia, mientras seguimos parsimoniosamente avanzando las negociaciones con México. Chile, en cambio, es más lejano y complicado. Los servicios son allá también un tropiezo.
Hay veces que pensamos, si hay mediano realismo en aspirar a un TLC con Estados Unidos, si tantas dificultades tenemos con naciones menos complicadas. La respuesta la sabemos. Por lo pronto, ninguna. Siendo así, continuemos acumulando experiencia con nuestros vecinos y México. Hay todavía mucho proteccionismo en el mundo globalizado. Y la reciprocidad es esencial.

101 años de Panamá América

 
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