TLC, ¿crónica de una pelea perdida?
Dicen en nuestro querido interior que cuando estamos en "una pelea de burro amarra"o con tigre suelto", nos encontramos luchando contra algo o alguien a quien no podremos ganarle u obtener un resultado favorable.
Y es que ante las negociaciones con Estados Unidos para la supuesta "negociación" de un Tratado de Libre Comercio (TLC) pareciese que la frase anterior indicada se aplica por entero a este acuerdo, en donde no hay que ser adivino para determinar qué animal de nuestra fábula es Panamá.
La forma como han sido manejadas las discusiones por parte de los negociadores estadounidenses y los nuestros, deja mucho que desear. Adoptando el secretismo como fórmula básica para que no sepamos cuáles son los puntos, sectores o rubros que serán afectados con esta área de libre comercio. Sin embargo ese punto, de la forma de negociación, ya lo analizamos en un artículo anterior, siendo ahora el momento de confrontar el problema del sector agropecuario panameño frente a la competencia que está por venir y su posibilidad de subsistencia.
No hay que ser un analista económico para darnos cuenta que el sector primario de la economía panameña está condenado a desaparecer. Nuestros humildes productores de carne, leche y productos agrícolas no podrán encontrar mercado nacional para su producción debiendo venderla en centavos a favor del sector industrial, que tendrán la facilidad para importar esos mismos rubros a precios más reducidos de un área como es la estadounidense, en donde el sector primario es subsidiado y los costos de producción se abaratan.
En el corto plazo que queda entre la aprobación y la entrada en vigencia del tratado, será punto menos que imposible que nuestros agricultores y productores de carne y leche puedan hacerse competitivos frente a sus homólogos del norte, quienes tienen todo a su favor para convertir a Panamá en su mercado de abastos, donde podrán colocar su productos sin que podamos hacer nada.
Esperamos que este gobierno que se ha jactado de ser defensor de los pobres y desprotegidos, asuma la función que le corresponde y excluya los rubros del sector primario de este tratado, o bien suspenda las negociaciones y dé cabida al diálogo abierto y público de este convenio que está por escribir el epitafio de nuestros productores agrícolas y pecuarios.
Por otra parte nosotros, el sector privado y empresarial, aun cuando algunos pocos se favorecerían con este convenio, recordemos que los gobiernos y empresarios de las grandes naciones no transan ni negocian en perjuicio de sus ciudadanos de primera categoría, pues tienen claro que el costo político y socioeconómico les será devuelto.
Los panameños de todos los sectores hemos despertado del letargo y estamos lo suficientemente organizados para conformar un frente contra estas negociaciones.
Para muestra de lo anterior tenemos los resultados de las elecciones del pasado 2 de mayo, que independientemente de a quién hayan favorecido, lo que reflejaron es que se ha levantado una conciencia social ciudadana; y con respecto al tema que nos atañe, casi no queda lugar en este país en el cual no se haya levantado una voz de repudio en contra de las "negociaciones pusilánimes" del TLC, lo cual es una razón más para no que los supuestos negociadores panameños piensen dos veces si pueden llevar sobre sus hombros la responsabilidad de sumir a la nación en un grave problema social, y es que no habrá muro de contención, ni estudios sociológicos que valgan cuando aumente el desempleo y la migración del sector rural al sector urbano en busca de nuevas oportunidades. Si tanto la anhelamos, no nos neguemos la posibilidad de tener estabilidad económica y social.Los panameños de todos los sectores hemos despertado del letargo y estamos lo suficientemente organizados para conformar un frente contra estas negociaciones.
Y es que ante las negociaciones con Estados Unidos para la supuesta "negociación" de un Tratado de Libre Comercio (TLC) pareciese que la frase anterior indicada se aplica por entero a este acuerdo, en donde no hay que ser adivino para determinar qué animal de nuestra fábula es Panamá.
La forma como han sido manejadas las discusiones por parte de los negociadores estadounidenses y los nuestros, deja mucho que desear. Adoptando el secretismo como fórmula básica para que no sepamos cuáles son los puntos, sectores o rubros que serán afectados con esta área de libre comercio. Sin embargo ese punto, de la forma de negociación, ya lo analizamos en un artículo anterior, siendo ahora el momento de confrontar el problema del sector agropecuario panameño frente a la competencia que está por venir y su posibilidad de subsistencia.
No hay que ser un analista económico para darnos cuenta que el sector primario de la economía panameña está condenado a desaparecer. Nuestros humildes productores de carne, leche y productos agrícolas no podrán encontrar mercado nacional para su producción debiendo venderla en centavos a favor del sector industrial, que tendrán la facilidad para importar esos mismos rubros a precios más reducidos de un área como es la estadounidense, en donde el sector primario es subsidiado y los costos de producción se abaratan.
En el corto plazo que queda entre la aprobación y la entrada en vigencia del tratado, será punto menos que imposible que nuestros agricultores y productores de carne y leche puedan hacerse competitivos frente a sus homólogos del norte, quienes tienen todo a su favor para convertir a Panamá en su mercado de abastos, donde podrán colocar su productos sin que podamos hacer nada.
Esperamos que este gobierno que se ha jactado de ser defensor de los pobres y desprotegidos, asuma la función que le corresponde y excluya los rubros del sector primario de este tratado, o bien suspenda las negociaciones y dé cabida al diálogo abierto y público de este convenio que está por escribir el epitafio de nuestros productores agrícolas y pecuarios.
Por otra parte nosotros, el sector privado y empresarial, aun cuando algunos pocos se favorecerían con este convenio, recordemos que los gobiernos y empresarios de las grandes naciones no transan ni negocian en perjuicio de sus ciudadanos de primera categoría, pues tienen claro que el costo político y socioeconómico les será devuelto.
Los panameños de todos los sectores hemos despertado del letargo y estamos lo suficientemente organizados para conformar un frente contra estas negociaciones.
Para muestra de lo anterior tenemos los resultados de las elecciones del pasado 2 de mayo, que independientemente de a quién hayan favorecido, lo que reflejaron es que se ha levantado una conciencia social ciudadana; y con respecto al tema que nos atañe, casi no queda lugar en este país en el cual no se haya levantado una voz de repudio en contra de las "negociaciones pusilánimes" del TLC, lo cual es una razón más para no que los supuestos negociadores panameños piensen dos veces si pueden llevar sobre sus hombros la responsabilidad de sumir a la nación en un grave problema social, y es que no habrá muro de contención, ni estudios sociológicos que valgan cuando aumente el desempleo y la migración del sector rural al sector urbano en busca de nuevas oportunidades. Si tanto la anhelamos, no nos neguemos la posibilidad de tener estabilidad económica y social.Los panameños de todos los sectores hemos despertado del letargo y estamos lo suficientemente organizados para conformar un frente contra estas negociaciones.