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TLC de Estados Unidos y Chile


La firma del primer tratado de libre comercio de Estados Unidos con un país latinoamericano después del suscrito con México y Canadá (NAFTA), acontecida la semana pasada en Miami, es de trascendental importancia para el resto de nuestras naciones del subcontinente. En primer lugar, termina con el mito de que, bajo la presidencia republicana de George Bush Hijo, la potencia del norte se distanciaba del compromiso adquirido por su predecesor, Bill Clinton, de convertir a todo el hemisferio en un solo mercado (ALCA).
También demuestra que el diferendo existente entre ambas naciones a causa de la última guerra de Irak, ha sido superado. Se envía de ese modo un mensaje, que todos los países que cumplan con las reglas de la globalización y apertura, tendrán su premio mayor.
Chile es el prototipo y modelo de apertura que se desea fomentar.
Las negociaciones fueron, sin embargo, dilatadas y complejas. Duraron diez años, lo cual ilustra que no hay camino fácil y breve al paraíso. En particular, es un buen espejo en el que deben mirarse quienes en nuestro país creen que concretar un convenio similar, bilateral, con Estados Unidos, es cosa de meses o unos pocos años.
La complejidad del proceso se deduce también de las 800 páginas con que cuenta el mismo, el cual todavía está pendiente de ratificación por los congresos de ambos países. El mismo abarca el intercambio de bienes y servicios, incluyendo derechos de autor y comercio electrónico, lo cual es relevante para nosotros que tenemos una economía que en a menos un 70% depende del sector servicios. Hemos de esperar entonces, cuando nos llegue el turno, una gran presión norteamericana en compartir nuestro mercado de seguros, contaduría, abogacía, correduría en bienes raíces, asesoría de empresas, etc. en donde son sumamente fuertes, correspondiéndonos hacer lo mismo a la inversa, en el mercado norteño.
Bueno también es tener presente que, en el tratado suscrito con Chile, se concede un período de ajuste de 4 años, al cabo de los cuales, el 85% de todos los productos comerciales e industriales de intercambio quedan exentos de todo arancel, concediéndose otros 4 años siguientes para que paulatinamente se exonere el 15% restante. Eso nos da una idea de lo que nos viene.
En cuanto al intercambio agropecuario, el 75% de todos los productos queda exento de aranceles aunque durante los primeros 4 años habrá un listado de artículos bajo protección sujetos a cuotas de intercambio lo cual será también liberado gradualmente hasta completarlo totalmente en un período de 12 años. Hay que ver también cómo trataron los chilenos el problema de los subsidios agrícolas.
Obviamente, no debemos sólo mirar el tratado con Chile. Hay que estar también atentos a las negociaciones que sigue el bloque centroamericano para el mismo propósito, las cuales, según información proveniente de Washington, deberían concluir este año o verse retrasadas por la contienda electoral que tendrá lugar en el 2004.

101 años de Panamá América

 
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