TLC a la vista
Jilma Prada, nuestra corresponsal en Washington, ha reportado de manera exclusiva, que es prácticamente un hecho el pronto inicio, quizás para febrero, de la negociación formal de un tratado de libre comercio (TLC) entre Panamá y Estados Unidos. De concretarse el hecho, sería el segundo mayor logro de la presente administración arnulfista, fuera de la inauguración la semana pasada de la hidroeléctrica de Estí que constituye un paso trascendental para cortar la absoluta dependencia energética que tiene el país con respecto a los hidrocarburos.
Y hablamos del mero inicio de negociaciones formales, porque es más que evidente - a juzgar por la experiencia de nuestros vecinos centroamericanos - que las mismas se prolongaron más allá de la vigencia del presente gobierno que cesa al finalizar septiembre del próximo año, apenas ocho meses después de sentarse a la mesa.
¿Qué metodología de negociación se usará? No lo sabemos y, quizás, ninguno de los gobiernos involucrados esté en capacidad de saberlo en este instante. Los encargados de la oficina de Comercio Exterior de Estados Unidos han recomendado a Panamá escoger uno de los tres modelos, los tratados celebrados con Chile, Singapur o Centroamérica (aún pendiente de detalles este último).
De cualquier modo, es poco probable que en esta negociación, por su envergadura, se parta de cero, por cuanto que eso dilataría en demasía el proceso.
Se impone en consecuencia que nuestro país conforme de inmediato un equipo negociador y asesor que perdure a este gobierno y permanezca en el próximo, para dar continuidad y coherencia a la posición panameña, lo cual es imprescindible tratándose de un asunto de interés nacional que trasciende a los partidos políticos y a cualesquiera gobierno específico.
Los mejores especialistas nacionales deben estar en ese equipo, sin excluir a Carlos González Ramírez, Alejandro Ferrer, Estiff Aparicio, Yavel Francis y cualquier otro que hayamos omitido. Y si es preciso debe contratarse talento adicional extranjero posiblemente de Chile y Costa Rica.
Del mismo modo hay que integrar a los sectores productivos nacionales para que participen como parte del cuerpo asesor de manera que nadie quede excluido del proceso ni pueda alegar no haber sido consultado o no haber tenido oportunidad de dar su opinión al respecto.
El objetivo inicial de la Cumbre fue la de ofrecer un nuevo espacio común entre las potencias peninsulares y sus viejas colonias americanas. Semejante foro no hubiese sido posible durante la guerra fría. Dieciocho de los 21 participantes de la cumbre iberoamericana son miembros de la OEA, junto a Norteamérica y el Caribe no latino. Entre ambos cónclaves hay diferencias.
Los encuentros iberoamericanos piden el cese del bloqueo contra Cuba y cuestionan a EE.UU. por no entrar a la Corte Penal Internacional.
No obstante, no hay diferencias irreconciliables entre ambos. España y Portugal participaron con EE.UU. y Reino Unido en la cumbre de las Azores que preparó la guerra iraquí, mientras el grueso de los latinoamericanos no apoyaron la invasión.
Madrid y Lisboa tratan de mostrar a Washington que son socios y competidores amigos en el mercado latinoamericano. Lula y otros gobiernos latinoamericanos tratan de maniobrar entre EE.UU. y la UE, entre el dólar y el euro.
En la cumbre se producirán choques entre Cuba, opuesta a la guerra de Irak y partidaria -igual que México- de dar asilo a los vascos, y España, partidaria de la línea dura antiterrorista. Ambos son los únicos países que no son repúblicas o tienen una economía capitalista.
Madrid quiere ser la sede central, pero esto no convence a muchos que quisieran que ésta se establezca en las Américas y desconfían que España quiera ir acumulando demasiado poder en la región.
La Cumbre seguirá sirviendo para que los países latinos puedan crear un contrapeso frente a EE.UU. y tender un puente hacia la UE, y para que España pueda querer incrementar sus inversiones y presencias en sus ex posesiones.
Y hablamos del mero inicio de negociaciones formales, porque es más que evidente - a juzgar por la experiencia de nuestros vecinos centroamericanos - que las mismas se prolongaron más allá de la vigencia del presente gobierno que cesa al finalizar septiembre del próximo año, apenas ocho meses después de sentarse a la mesa.
¿Qué metodología de negociación se usará? No lo sabemos y, quizás, ninguno de los gobiernos involucrados esté en capacidad de saberlo en este instante. Los encargados de la oficina de Comercio Exterior de Estados Unidos han recomendado a Panamá escoger uno de los tres modelos, los tratados celebrados con Chile, Singapur o Centroamérica (aún pendiente de detalles este último).
De cualquier modo, es poco probable que en esta negociación, por su envergadura, se parta de cero, por cuanto que eso dilataría en demasía el proceso.
Se impone en consecuencia que nuestro país conforme de inmediato un equipo negociador y asesor que perdure a este gobierno y permanezca en el próximo, para dar continuidad y coherencia a la posición panameña, lo cual es imprescindible tratándose de un asunto de interés nacional que trasciende a los partidos políticos y a cualesquiera gobierno específico.
Los mejores especialistas nacionales deben estar en ese equipo, sin excluir a Carlos González Ramírez, Alejandro Ferrer, Estiff Aparicio, Yavel Francis y cualquier otro que hayamos omitido. Y si es preciso debe contratarse talento adicional extranjero posiblemente de Chile y Costa Rica.
Del mismo modo hay que integrar a los sectores productivos nacionales para que participen como parte del cuerpo asesor de manera que nadie quede excluido del proceso ni pueda alegar no haber sido consultado o no haber tenido oportunidad de dar su opinión al respecto.
El objetivo inicial de la Cumbre fue la de ofrecer un nuevo espacio común entre las potencias peninsulares y sus viejas colonias americanas. Semejante foro no hubiese sido posible durante la guerra fría. Dieciocho de los 21 participantes de la cumbre iberoamericana son miembros de la OEA, junto a Norteamérica y el Caribe no latino. Entre ambos cónclaves hay diferencias.
Los encuentros iberoamericanos piden el cese del bloqueo contra Cuba y cuestionan a EE.UU. por no entrar a la Corte Penal Internacional.
No obstante, no hay diferencias irreconciliables entre ambos. España y Portugal participaron con EE.UU. y Reino Unido en la cumbre de las Azores que preparó la guerra iraquí, mientras el grueso de los latinoamericanos no apoyaron la invasión.
Madrid y Lisboa tratan de mostrar a Washington que son socios y competidores amigos en el mercado latinoamericano. Lula y otros gobiernos latinoamericanos tratan de maniobrar entre EE.UU. y la UE, entre el dólar y el euro.
En la cumbre se producirán choques entre Cuba, opuesta a la guerra de Irak y partidaria -igual que México- de dar asilo a los vascos, y España, partidaria de la línea dura antiterrorista. Ambos son los únicos países que no son repúblicas o tienen una economía capitalista.
Madrid quiere ser la sede central, pero esto no convence a muchos que quisieran que ésta se establezca en las Américas y desconfían que España quiera ir acumulando demasiado poder en la región.
La Cumbre seguirá sirviendo para que los países latinos puedan crear un contrapeso frente a EE.UU. y tender un puente hacia la UE, y para que España pueda querer incrementar sus inversiones y presencias en sus ex posesiones.