TLC y la primera palada
Cundió la alarma en unos y la alegría en otros, cuando Estados Unidos (EU), con ese toque de descarnada ironía y fino menosprecio, que ha sido su sello imperial tras su victoria en la Guerra Fría con la desintegración de la Unión Soviética, insistió a Panamá a que reconociera como propios sus controles fito y zoosanitarios en el Tratado de Libre Comercio (TLC) que vienen negociando.
Según información recogida por los medios de prensa, el equipo norteamericano habría comunicado a su similar nuestro, que el esfuerzo panameño por reestructurar su sistema sanitario mediante la creación de un instituto autónomo, en modo alguno obviaría su exigencia. En otras palabras, si Panamá quiere el TLC tiene que firmar, ya sea que cree o no su instituto, que no es asunto de su interés.
La mayoría piensa que la intransigencia norteamericana puede dejar a Panamá sin tratado. Anotan, que Panamá puede quedarse aislado, en penosa situación, si se considera que Centroamérica ya firmó. Desde ese punto de vista, el cerco se apretaría en nuestro cuello, una vez firmen Colombia y Ecuador, que están próximos a su conclusión, habiendo sido iniciados a la vez que el nuestro. De pronto, parecen confirmarse nuestras advertencias sobre los inconvenientes de embarcarnos en una negociación bilateral, a la que apostaron nuestros gobiernos previos. Pero no.
Vamos a decirlo tantas veces como sea necesario. La experiencia histórica de las negociaciones de Panamá con EU, por más de un siglo, sobre el tema del Canal, enseña que por más tropiezos, desacuerdos, tranques e interrupciones que se produzcan en el curso del proceso, al final siempre habrá un acuerdo. La razón es muy sencilla, alcanzarlo es del mutuo interés de ambos.
Digámoslo descarnadamente. Estados Unidos necesita tener un pie aquí, porque, para ellos, estamos manejando bien su Canal. Además, su industria no va a quedarse por fuera de la obra de construcción planetaria más grande del siglo; y hará lo que sea para competir con ventaja. Sabe que Europa, China y Japón, le respiran en la nuca. Por último, no puede permitirse el lujo de dejar un "bache" con Panamá, en su comprometida estrategia geopolítica y comercial hacia el Cono Sur.
¿Nos quedaremos sin tratado por el cese del "fast track"? ¡Tonterías! Ambos países están a un paso de la firma y nada va a impedirlo. Hay mil fórmulas para superar cualquier tropiezo. La negociación continuará con o sin Bush. Y, si no salimos de ella antes, cuando ratifiquemos en referéndum la ampliación del Canal, vendrán en patines a firmar, antes que empecemos a licitar la primera palada.
Según información recogida por los medios de prensa, el equipo norteamericano habría comunicado a su similar nuestro, que el esfuerzo panameño por reestructurar su sistema sanitario mediante la creación de un instituto autónomo, en modo alguno obviaría su exigencia. En otras palabras, si Panamá quiere el TLC tiene que firmar, ya sea que cree o no su instituto, que no es asunto de su interés.
La mayoría piensa que la intransigencia norteamericana puede dejar a Panamá sin tratado. Anotan, que Panamá puede quedarse aislado, en penosa situación, si se considera que Centroamérica ya firmó. Desde ese punto de vista, el cerco se apretaría en nuestro cuello, una vez firmen Colombia y Ecuador, que están próximos a su conclusión, habiendo sido iniciados a la vez que el nuestro. De pronto, parecen confirmarse nuestras advertencias sobre los inconvenientes de embarcarnos en una negociación bilateral, a la que apostaron nuestros gobiernos previos. Pero no.
Vamos a decirlo tantas veces como sea necesario. La experiencia histórica de las negociaciones de Panamá con EU, por más de un siglo, sobre el tema del Canal, enseña que por más tropiezos, desacuerdos, tranques e interrupciones que se produzcan en el curso del proceso, al final siempre habrá un acuerdo. La razón es muy sencilla, alcanzarlo es del mutuo interés de ambos.
Digámoslo descarnadamente. Estados Unidos necesita tener un pie aquí, porque, para ellos, estamos manejando bien su Canal. Además, su industria no va a quedarse por fuera de la obra de construcción planetaria más grande del siglo; y hará lo que sea para competir con ventaja. Sabe que Europa, China y Japón, le respiran en la nuca. Por último, no puede permitirse el lujo de dejar un "bache" con Panamá, en su comprometida estrategia geopolítica y comercial hacia el Cono Sur.
¿Nos quedaremos sin tratado por el cese del "fast track"? ¡Tonterías! Ambos países están a un paso de la firma y nada va a impedirlo. Hay mil fórmulas para superar cualquier tropiezo. La negociación continuará con o sin Bush. Y, si no salimos de ella antes, cuando ratifiquemos en referéndum la ampliación del Canal, vendrán en patines a firmar, antes que empecemos a licitar la primera palada.