Toda la verdad
Mi adolescencia colonense estuvo marcada por dos hechos trascendentales. El 9-10-11- 12 de enero de 1964, cuando viví la agresión de las fuerzas militares de los Estados Unidos contra un pueblo que clamaba por soberanía; y dos años después -6 de junio de 1966- cuando la represión vino de las fuerzas militares panameñas, la Guardia Nacional, contra los estudiantes y el resto de la población que exigían justicia en el caso del asesinato de Juan Navas Pájaro. En los dos acontecimientos vi la muerte muy cercana, encarnada en los caídos y heridos por la metralla.
Después, fue la desaparición del hermano Héctor Gallego, al que conocí y acompañe, y la lucha de años por encontrarlo; como imposible evitar el horror al descubrir en una fosa común del Jardín de Paz, los cuerpos calcinados de mujeres, hombres y niños víctimas inocentes de la invasión.
Esas y otras muertes, me invitaron a amar la paz, pero una paz florecida al calor de la justicia. Si es preciso cubrir con un velo, el pasado, el calvario y la cruz, el camino es el de la verdad, la verdad que nos hace libres.
Hoy la verdad no puede ser utilizada politiqueramente, es decir, que el gobierno actual devele los muertos de la dictadura, y un gobierno contrario devele, mañana, los de la invasión. No. La verdad debe decirse por respeto a la gente de este país, es necesaria una investigación clara y definitivamente sobre la base de buscar toda la verdad.
Por ello creo que es necesaria una Comisión sobre la base de estos criterios:
La Comisión de la Verdad debe tener como objetivo aclarar diáfanamente las violaciones extremas contra el derecho a la vida -asesinatos y desapariciones- ocurrida entre octubre de 1968 y diciembre de 1989, es decir, el período militar y la invasión, dos etapas de excepción en la historia republicana de Panamá. En el primero, el ejército nacional era responsable directo y en el segundo, lo fue un ejército foráneo de ocupación. En ambos hechos existen acusaciones directas de víctimas, desapariciones, fosas comunes, por lo que ambas deben ser incluidas en la acción de la Comisión de la verdad.
La Comisión de la Verdad debe estar compuesta por un grupo de personas de absoluta credibilidad e independencia, lo que permitirá una investigación veraz y profunda, con resultados lo más objetivos posibles que permitan establecer, de una vez por toda todas, las desapariciones y muertes, y los responsables de las mismas.
Esta Comisión debe conformarse sobre la base de una propuesta de la Iglesia Católica o el Consejo Ecuménico de Iglesias, en razón de la credibilidad, autonomía y autoridad moral de estas instancias.
La Comisión de la Verdad no debe aupar odios ni revanchas, sino buscar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, lo que permitirá el accionar de la justicia y la verdadera paz que nace de ella.
La formación de esta Comisión no significa reemplazar el deber de las autoridades judiciales, sino todo lo contrario, es un factor de impulso a esas investigaciones, tal como ha sucedido en otros países.
El actuar de la Comisión debe ser transparente y público, a través de informaciones comprobadas. Debe establecerse un plazo prudente para la investigación y publicar un Informe de la Verdad, que señale responsables y llame finalmente a la reconciliación.
Los medios de comunicación, que deben eludir el sensacionalismo y el amarillismo anteponiendo la información mesurada y respetuosa, pues se trata de un tema de mucha sensibilidad humana, en especial para los familiares de los fallecidos o desaparecidos, como la de los responsables y victimarios.
La Comisión debe ser constituida al más corto plazo posible, y se le debe suministrar los recursos necesarios para que su labor sea efectiva y eficiente. Todas las puertas y archivos deben abrirse, y en el caso de la invasión, el Estado debe colaborar en la petición de información al gobierno de EE.UU que permita aclarar esta etapa.
Es tremenda la tarea de los(as) integrantes de esta Comisión si llega a formarse, pero ineludible, pues es una tarea histórica pendiente y necesaria. Paz en la tumba de todos los caídos. Como dijo el apóstol Santiago: "El fruto de la justicia se siembra en la paz por aquellos que practican la paz" (raulleisr@hotmail.com)
Después, fue la desaparición del hermano Héctor Gallego, al que conocí y acompañe, y la lucha de años por encontrarlo; como imposible evitar el horror al descubrir en una fosa común del Jardín de Paz, los cuerpos calcinados de mujeres, hombres y niños víctimas inocentes de la invasión.
Esas y otras muertes, me invitaron a amar la paz, pero una paz florecida al calor de la justicia. Si es preciso cubrir con un velo, el pasado, el calvario y la cruz, el camino es el de la verdad, la verdad que nos hace libres.
Hoy la verdad no puede ser utilizada politiqueramente, es decir, que el gobierno actual devele los muertos de la dictadura, y un gobierno contrario devele, mañana, los de la invasión. No. La verdad debe decirse por respeto a la gente de este país, es necesaria una investigación clara y definitivamente sobre la base de buscar toda la verdad.
Por ello creo que es necesaria una Comisión sobre la base de estos criterios:
La Comisión de la Verdad debe tener como objetivo aclarar diáfanamente las violaciones extremas contra el derecho a la vida -asesinatos y desapariciones- ocurrida entre octubre de 1968 y diciembre de 1989, es decir, el período militar y la invasión, dos etapas de excepción en la historia republicana de Panamá. En el primero, el ejército nacional era responsable directo y en el segundo, lo fue un ejército foráneo de ocupación. En ambos hechos existen acusaciones directas de víctimas, desapariciones, fosas comunes, por lo que ambas deben ser incluidas en la acción de la Comisión de la verdad.
La Comisión de la Verdad debe estar compuesta por un grupo de personas de absoluta credibilidad e independencia, lo que permitirá una investigación veraz y profunda, con resultados lo más objetivos posibles que permitan establecer, de una vez por toda todas, las desapariciones y muertes, y los responsables de las mismas.
Esta Comisión debe conformarse sobre la base de una propuesta de la Iglesia Católica o el Consejo Ecuménico de Iglesias, en razón de la credibilidad, autonomía y autoridad moral de estas instancias.
La Comisión de la Verdad no debe aupar odios ni revanchas, sino buscar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, lo que permitirá el accionar de la justicia y la verdadera paz que nace de ella.
La formación de esta Comisión no significa reemplazar el deber de las autoridades judiciales, sino todo lo contrario, es un factor de impulso a esas investigaciones, tal como ha sucedido en otros países.
El actuar de la Comisión debe ser transparente y público, a través de informaciones comprobadas. Debe establecerse un plazo prudente para la investigación y publicar un Informe de la Verdad, que señale responsables y llame finalmente a la reconciliación.
Los medios de comunicación, que deben eludir el sensacionalismo y el amarillismo anteponiendo la información mesurada y respetuosa, pues se trata de un tema de mucha sensibilidad humana, en especial para los familiares de los fallecidos o desaparecidos, como la de los responsables y victimarios.
La Comisión debe ser constituida al más corto plazo posible, y se le debe suministrar los recursos necesarios para que su labor sea efectiva y eficiente. Todas las puertas y archivos deben abrirse, y en el caso de la invasión, el Estado debe colaborar en la petición de información al gobierno de EE.UU que permita aclarar esta etapa.
Es tremenda la tarea de los(as) integrantes de esta Comisión si llega a formarse, pero ineludible, pues es una tarea histórica pendiente y necesaria. Paz en la tumba de todos los caídos. Como dijo el apóstol Santiago: "El fruto de la justicia se siembra en la paz por aquellos que practican la paz" (raulleisr@hotmail.com)