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Todo no está perdido en EU


En una conversación con un misionero estadounidense hace unos años, le hice notar mi admiración por la leyenda "En Dios confiamos" en el reverso de los dólares. Él respondió con visible melancolía: "Mi país dejó de confiar en Dios hace mucho tiempo".
A lo largo de 26 años consideré a Estados Unidos (EU) un semillero de misioneros, predicadores, pastores, ministros, hombres y mujeres de Dios. En mi preparación teológica, conocí a muchos que con sus familias se radicaron entre nosotros y nos transmitieron su fe en el Cristo bíblico. Durante cuatro años asistí a una iglesia formada por estadounidenses que vivían en la Zona del Canal de Panamá. Me sentía a gusto entre personas sinceramente preocupadas por el bienestar de los demás, aunque tú no fueras de EU. Sin embargo, gracias a la prensa -experta en promulgar casi siempre malas nuevas- y otros medios, empecé a pensar que aquel otrora semillero de hombres y mujeres de Dios se estaba transformando en un decadente imperio, atestado de gente inmoral y amante de vicios y drogas. En fin, productor y exportador de basura.
Lo ocurrido el 2 de noviembre me persuadió de que a pesar de la bien ganada fama de muchos estadounidenses por su hedonismo y libertinaje, y las metidas de pata de Bush en sus reiteradas mentiras para inventarse armas de destrucción masiva en Irak, arrastrar a su país a un conflicto bélico innecesario y hacer menos seguro al mundo, todo no está perdido en esa nación llamada Estados Unidos de América.
Ese pueblo fue fundado por inmigrantes de países europeos, especialmente por muchos cristianos comprometidos del Reino Unido. Los colonizadores y los ciudadanos de la naciente nación empezaron a edificar un Estado libre sobre cimientos bíblicos, y la Constitución Política fue su columna vertebral, redactada, nutrida y sostenida por principios de la Biblia. George Washington, su primer presidente, afirmaba: "Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y la Biblia".
El tiempo transcurrió y esa rica y sabia tradición bíblica fue siendo dejada a un lado con el fin de someter, esclavizar al negro y explotar al más débil, y puesta en duda más recientemente por nuevas generaciones que creen que avances científicos y tecnológicos echan por tierra revelaciones y preceptos bíblicos, y el ya arraigado escepticismo e incredulidad en el corazón de no pocos se acrecentó por ver que algunos llamados cristianos predicaban una cosa y hacían otra. O vivieron años de terror con padres represivos religiosos que malentendían el Evangelio y sometían a sus familias a regímenes totalitarios de una falsa fe creada por ellos y defendida con un celo equivocado por Dios.
Desde hace años el estadounidense promedio es escéptico en cuanto al Dios bíblico, la fe en Jesús y la infalibilidad de la Biblia. Hoy todo se cuestiona, pero no con cuestionamiento sensato y científico, sino con prejuicios religiosos, presuposiciones filosóficas e ideas preconcebidas basadas en horribles experiencias vividas con padres religiosos autoritarios. Pensando acabar con el malinterpretado Evangelio se han polarizado en lugar de guardar un punto medio entre fanatismo religioso y mundanalidad. Esos son los individuos que por lo general están a favor del aborto que persigue cubrir una irresponsabilidad, la unión de homosexuales y la investigación con células madre, que no atentan sólo contra la vida no nata y los principios consagrados en la Biblia, sino también contra natura, la moral, el sentido común, la lógica y la ética. Todo con tal de "contradecir" a papá. La lucha de voluntades exterior con los padres terminó hace años, pero sigue viva en mi niño interior aunque yo tenga 90 años y los viejos estén tres metros bajo tierra.
Los cristianos comprometidos que votaron por Bush en verdad no votaron por él, sino por lo que él representaba para ellos, como es salvaguardar principios y valores morales y espirituales de la Biblia. ¿Lo entenderá Bush? Estas elecciones deben persuadir que en esa nación hay mucha gente que aún cree en los valores y principios bíblicos que les transmitieron sus antepasados y sobre los cuales se fundó su país, y lo enaltecieron de manera que lo convirtieron en la nación que es hoy. Pero nuestros prejuicios contra EU nos impiden a veces ver a esa nación en su totalidad.
Resulta ingenuo pensar que lo anterior borra de un plumazo las malas e imperialistas políticas que muchos gobernantes estadounidenses han impuesto al resto de América y el mundo, y el papel de "salvador" del planeta que se ha creído ser. Mas las elecciones llaman a la reflexión dentro y fuera del país que en EU no todo está perdido, porque aún en el siglo XXI hay individuos que con humildad de espíritu reconocen y enaltecen a Aquel que está sobre las naciones, bendice y honra al que lo bendice y lo honra. Y eso, aunque nos cueste creer y entender, es de mayor valía. Lo demás viene por añadidura.

101 años de Panamá América

 
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