A todo se le pone precio
"¿Qué otra cosa es la riqueza cuando no se piensa en Dios? Un ídolo de oro, un becerro de oro. Y lo están adorando, se postran ante él, le ofrecen sacrificios. ¡Qué sacrificios enormes se hacen ante la idolatría del dinero! No sólo sacrificios, sino iniquidades. Se paga para matar. Se paga el pecado. Y se vende. Todo se comercializa. Todo es lícito ante el dinero (Monseñor Oscar Romero).
En el pasado, como en el presente, distintos sectores sociales han esgrimido argumentos “sui generis” para justificar sus reclamaciones de incrementos salariales.
Una “lectura entre líneas” de las manifestaciones de éstos denotan intenciones subjetivas más allá de las necesidades más apremiantes de la colectividad. ¿Cómo se sienten aquellos que forman parte del 50% o más de la población que se encuentran en situaciones precarias frente a los pocos que reciben cuantiosas prerrogativas? ¿Es que los pobres no son seres humanos?
Es impresionante cómo los seres humanos se han acostumbrado a sistemas inhumanos, modernistas, utilitaristas y consumistas, descuidando valores y principios mucho más importantes como la justicia, equidad, solidaridad, misericordia y el amor.
La regla común es “Tanto tienes, tanto vales…”. A todo se le pone precio, desconociendo que el dinero solamente es un medio de intercambio común. Se hace de todo por dinero: amar, odiar, matar, etc.
Los planteamientos sobre el “alto costo de la vida”, en muchas ocasiones, son insostenibles porque persisten conductas inadecuadas de administración de quienes los esgrimen, aunque las especulaciones en la producción y comercialización de bienes y servicios son extraordinarias.
En honor a la verdad, desde el punto de vista biológico, ¿qué necesita un cuerpo humano? ¿Dinero? ¿De qué serviría el dinero si no hay comida, vitaminas, nutrientes, agua y otros insumos para un adecuado desarrollo corporal? ¿Para qué más dinero? ¿Para gastarlo en vicios, francachelas, placeres, desviaciones, vanidades, etc.? ¿Por esta causa se paraliza a la sociedad y soslayan derechos humanos elementales?
Promuevo un sistema más justo y equitativo en que la “suma” no sea el dinero sino los valores morales y espirituales.
Sueño en un sistema en que a las personas se les cubran las necesidades básicas sin necesidad de seguirles enfermando la mente con la gran falacia de que lo más importante es que tengan más riquezas materiales. Lo importante es que la gente cuente con alimentos, salud, vivienda, educación y seguridad en cantidades suficientes. ¡Qué venga el Reino de Dios!