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Todo sigue igual


Estuve 30 días fuera de este terruño que está más cerca del cielo que de la tierra. He estado ocupado poniendo al día una multiplicidad de diligencias que se han acumulado debido a mi ausencia. He leído fugazmente las noticias y las columnas de opinión para ponerme más o menos al día de lo que es la situación nacional.
Todo sigue igual: la percepción de corrupción sigue en primera línea, lejos del cacareado cero. El debate para reformar la CSS se mantiene, con los dirigentes de los educadores desplegando toda su agresividad para defender los derechos de los humildes, entre los que se encuentran los alcanzados por maestros y profesores que, infortunadamente, poco han aportado para mejorar la calidad de la educación de nuestros hijos. Los médicos que trabajan en la CSS soterradamente, a mi juicio, están por defender sus logros. Todos esperamos que su principal objetivo sea mejorar la calidad de la salud, es decir, de la vida de los asegurados y que no necesariamente sea aumentar los ingresos en las clínicas privadas de unos pocos. Lo mismo se puede observar con los posibles tranques y amenazas de huelga y protestas alegando que el diálogo de la CSS ha sido secuestrado por el gobierno nacional, los que dan la impresión de que no se llegará a un acuerdo, un consenso, que vele por el bienestar de los más humildes. Sin embargo, esto es lo que los distintos gremios alegan con el evidente propósito de conseguir su "todo o nada".
Me desayuno con la nueva que la recién nombrada presidenta de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), que fue considerada una tenaz y prominente luchadora a favor del bienestar popular, se ha pronunciado, como en sus tiempos de defensora del proletariado, en apoyo de las prebendas exageradas de que gozan los miembros de la CSJ, mientras los desposeídos continúan comiéndose más cable. Y no es un secreto que la situación de la justicia es, en efecto, de injusticia, muchas veces debido a la indolencia de algunos magistrados que no han sido tan honorables. ¡Qué favor tan enorme le harían a la patria si renunciaran!
Y acaba de pasar el 11 de octubre, gran fecha de la "revolución". He leído opiniones que alegan que el presente, posrevolución, es igual al pasado, antes de 1968. Y no dejan de tener razón. En ese entonces los presidentes eran miembros de un selecto grupo y llegaban al Palacio de las Garzas, porque eran hijos, nietos o allegados a los que detentan el poder económico. Pero alegar que Torrijos, Paredes y Noriega eran distintos, es una forma astuta de defender lo indefendible. Yo sostengo que Omar hizo posible el ascenso de Noriega. Así mismo, estoy en total desacuerdo con los que tratan de insinuar que Omar fue el que recuperó la Zona del Canal y el Canal. Nadie parece recordar, por ejemplo, que Nino Chiari acordó con el presidente Kennedy que nuestra bandera sería izada junto a la norteña en conspicuos sitios de la antigua zona; que los aguiluchos de entonces -no de los que cobran coimas para dejar pasar a algunos automóviles durante un tranque- le presentaron al presidente Chiari nuestra enseña patria desgarrada y se manifestaron patrióticamente en aquella época, a riesgo de perder sus propias vidas; y que el presidente Chiari rompió relaciones con el coloso.
La lucha, cuyo objetivo era defenestrar a la oligarquía, apenas se nota. Hoy hay rabiblancos, bien rabiprietos, que se aprovechan de los poderes y las influencias, para mejorar su muy individual calidad de vida. Una dama que retrasó su viudez para asirse del carisma de un líder natural escaló a la silla presidencial. El hijo de un dictador ascendió a la presidencia, dentro de nuestra caricatura de democracia, precisamente por eso, porque no vivimos en una verdadera democracia.
Y pronto nos visitará un presidente, hijo de un ex presidente, cuyo hermano tiene grandes posibilidades de llegar a la primera magistratura de su nación. Nuestro gobierno se ha abstenido de plantear una lucha valiente y sincera para que el país que ensució distintos y numerosos sitios de nuestra patria cumpla su deber de limpiar lo que contaminó. A falta de espacio cierro exclamando: ¡Democracia, "my eye"!

101 años de Panamá América

 
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