Toledo: Pachacutic redivivo
El pensamiento mítico subyace en los tiempos modernos sin que muchas veces lo advirtamos. Celebraciones como el año nuevo, el advenimiento de la primavera, Halloween o la Noche de Brujas, repiten rituales de contenido mitológico. A través de los tiempos, los mitos perduran en un entramado de esperanzas y frustraciones. "Imágenes míticas como la edad de oro en el comienzo de los tiempos, la recuperación en la edad de oro al fin de los tiempos, la redención por el sacrificio del redentor, la catástrofe que señala la liquidación del mundo caduco y el nacimiento de un nuevo eón, todas ellas son intuiciones míticas que se encuentran desplegadas racionalmente " explica el politólogo español Manuel García Pelayo.
Carlomagno, Carlos V, Napoleón y Mussolini ambicionaron la restauración del Imperio Romano, la renovatio romani imperii. Los zares ( zar viene de César) y los bolcheviques buscaron la edificación de la Tercera Roma en Moscú, siguiendo la huella cismática del imperio de Bizancio.
Las elecciones peruanas muestran señales de un trasfondo mítico en su resultado. Alejandro Toledo ganó en los departamentos andinos y selváticos de predominante población indígena. Cusco, Apurímac, Ayacucho, Puno, Cerro de Pasco, Junín, Arequipa, en los Andes, y Huánuco, Ucayali, Loreto y San Martín en la Selva decidieron su triunfo. Alan García alcanzó superioridad en los departamentos occidentalizados de la costa, Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, El Callao, Ica, aclarando, de paso, que el aprismo se ha concentrado en la costa, ochenta años después de su fundación.
El análisis étnico de las elecciones, por ejemplo, parece proponer la resurrección de la dicotomía Sierra - Costa, y el análisis cultural nos lleva al replanteamiento del desacuerdo entre modernidad y tradición, entre occidentalistas e indigenistas. A principios del siglo XX, el arqueólogo Julio C. Tello, Luis Valcárcel y Uriel García polemizaron con Francisco García Calderón, José de la Riva - Agüero y Víctor Andrés Belaúnde por el dualismo Sierra - Costa, y lo mismo hicieron J.C.Mariátegui y L.A. Sánchez.
Mutatis mutandis, en el fragor de la lucha contra Fujimori, Toledo convocó a una Marcha de los Cuatro Suyos(cuatro caminos que partían del Cuzco y se dirigían a los cuatro puntos cardinales), que fue su primer mensaje de filiación indigenista. En la campaña de la primera y la segunda vuelta se le vinculó al Inca Pachacutic. Esta simbiosis de Toledo con Pachacutic reforzó consistentemente la adhesión politíca de las etnias indígenas. Una adhesión centrada en un poderoso mito indígena que postula el retorno del Inca, el Inkarri, la vuelta a un orden cósmico anterior a la tradición occidental.
Ciertos asesores de la dictadura militar de Velasco Alvarado, y después los ideólogos de Sendero Luminoso y el Movimiento Túpac Amaru, intentaron reclutar adherentes. manejando algunos mitos revivalistas, pero fracasaron.
Toledo advirtió que la identificación racial no era suficiente para captar al campesinado andino y puso en acción el mito de Pachacutic. ¿Qué representa Pachacutic en el imaginario social indígena? Si no hubiera existido un monarca histórico llamado Inca Yupangui el sistema se habría visto en la necesidad de inventar a Pachacutic, el revolvedor del mundo, el que transforma la tierra. En medio de la crisis política desatada por la indolencia de su padre Huiracocha ante la amenaza de los chancas, Inga Yupangui, siendo un adolescente, tuvo una revelación divina. Viracocha Pachayachachic, el hacedor del mundo, visitó al mancebo con tanto resplandor que "le paresció que todo el día era allí delante dél y su lumbre", según la frase feliz del cronista español Betanzos.
Así, en tanto su padre huía del ataque de los chancas, abandonando el Cusco, Inca Yupangui, por mandato del dios Viracocha, encabezó la defensa de la ciudad sagrada. Lo secundaron guerreros de piedra que se transformaron en combatientes de carne y hueso y salvaron el Cusco del saqueo de sus peores enemigos. Fue así que, Inca Yupangui se convirtió en Pachacutic, el revolvedor del mundo, el inca que cohesionó la expansión del imperio, y organizó el sistema de dominación andino.
Toledo salvó al Perú de Fujimori y Montesinos, adversarios más peligrosos y rapaces que Tomay Uaraca y Asco Uilca, los jefes chancas. El pueblo indígena ve a Toledo como la reencarnación del inca que sorteó la crisis y cohesionó un nuevo pacto social. Y así como definió su elección como jefe de Estado, el Perú de sangre india le ha entregado una responsabilidad maciza como las piedras de Machu Picchu.
Carlomagno, Carlos V, Napoleón y Mussolini ambicionaron la restauración del Imperio Romano, la renovatio romani imperii. Los zares ( zar viene de César) y los bolcheviques buscaron la edificación de la Tercera Roma en Moscú, siguiendo la huella cismática del imperio de Bizancio.
Las elecciones peruanas muestran señales de un trasfondo mítico en su resultado. Alejandro Toledo ganó en los departamentos andinos y selváticos de predominante población indígena. Cusco, Apurímac, Ayacucho, Puno, Cerro de Pasco, Junín, Arequipa, en los Andes, y Huánuco, Ucayali, Loreto y San Martín en la Selva decidieron su triunfo. Alan García alcanzó superioridad en los departamentos occidentalizados de la costa, Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, El Callao, Ica, aclarando, de paso, que el aprismo se ha concentrado en la costa, ochenta años después de su fundación.
El análisis étnico de las elecciones, por ejemplo, parece proponer la resurrección de la dicotomía Sierra - Costa, y el análisis cultural nos lleva al replanteamiento del desacuerdo entre modernidad y tradición, entre occidentalistas e indigenistas. A principios del siglo XX, el arqueólogo Julio C. Tello, Luis Valcárcel y Uriel García polemizaron con Francisco García Calderón, José de la Riva - Agüero y Víctor Andrés Belaúnde por el dualismo Sierra - Costa, y lo mismo hicieron J.C.Mariátegui y L.A. Sánchez.
Mutatis mutandis, en el fragor de la lucha contra Fujimori, Toledo convocó a una Marcha de los Cuatro Suyos(cuatro caminos que partían del Cuzco y se dirigían a los cuatro puntos cardinales), que fue su primer mensaje de filiación indigenista. En la campaña de la primera y la segunda vuelta se le vinculó al Inca Pachacutic. Esta simbiosis de Toledo con Pachacutic reforzó consistentemente la adhesión politíca de las etnias indígenas. Una adhesión centrada en un poderoso mito indígena que postula el retorno del Inca, el Inkarri, la vuelta a un orden cósmico anterior a la tradición occidental.
Ciertos asesores de la dictadura militar de Velasco Alvarado, y después los ideólogos de Sendero Luminoso y el Movimiento Túpac Amaru, intentaron reclutar adherentes. manejando algunos mitos revivalistas, pero fracasaron.
Toledo advirtió que la identificación racial no era suficiente para captar al campesinado andino y puso en acción el mito de Pachacutic. ¿Qué representa Pachacutic en el imaginario social indígena? Si no hubiera existido un monarca histórico llamado Inca Yupangui el sistema se habría visto en la necesidad de inventar a Pachacutic, el revolvedor del mundo, el que transforma la tierra. En medio de la crisis política desatada por la indolencia de su padre Huiracocha ante la amenaza de los chancas, Inga Yupangui, siendo un adolescente, tuvo una revelación divina. Viracocha Pachayachachic, el hacedor del mundo, visitó al mancebo con tanto resplandor que "le paresció que todo el día era allí delante dél y su lumbre", según la frase feliz del cronista español Betanzos.
Así, en tanto su padre huía del ataque de los chancas, abandonando el Cusco, Inca Yupangui, por mandato del dios Viracocha, encabezó la defensa de la ciudad sagrada. Lo secundaron guerreros de piedra que se transformaron en combatientes de carne y hueso y salvaron el Cusco del saqueo de sus peores enemigos. Fue así que, Inca Yupangui se convirtió en Pachacutic, el revolvedor del mundo, el inca que cohesionó la expansión del imperio, y organizó el sistema de dominación andino.
Toledo salvó al Perú de Fujimori y Montesinos, adversarios más peligrosos y rapaces que Tomay Uaraca y Asco Uilca, los jefes chancas. El pueblo indígena ve a Toledo como la reencarnación del inca que sorteó la crisis y cohesionó un nuevo pacto social. Y así como definió su elección como jefe de Estado, el Perú de sangre india le ha entregado una responsabilidad maciza como las piedras de Machu Picchu.