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Tolerancia y libertad de expresión


Lo más pernicioso de las tropelías de algunos políticos es el silencio complaciente y pusilánime del pueblo. Por ello considero un deber moral y político hacer el siguiente comentario.
Desde el momento en que un líder político y aspirante al más elevado cargo de elección popular solicita a uno o más directivos de un medio de comunicación social que se le impida a un ciudadano "de a pie" ejercer el derecho inalienable de expresar libremente su pensamiento se afecta, sin lugar a dudas, la democracia, la tolerancia política y la libertad de expresión.
Como se sabe, la democracia tiene muchas formulaciones, yo la asumo aquí como el más amplio ejercicio de la libertad individual y colectiva, sólo mediatizada por el contrato social; esto es, por el imperio de la ley y las normas éticas y morales de la sociedad.
La democracia es un régimen político caracterizado no sólo porque se celebran periódicamente elecciones, sino también por la defensa del mandato mayoritario del pueblo, el respeto por las minorías, la tolerancia política, la libertad de expresión y el pluralismo político.
En otras palabras, la democracia protege al ciudadano frente a los desmanes de la oligarquía, de la plutocracia y del autoritarismo y, adicionalmente, asegura el derecho a disentir. Es, pues, el respeto a los demás, y más que una forma de gobierno es un estilo de vida. De forma que si el propósito de la coyuntura electoral es el de debatir desde distintas perspectivas y pensamientos políticos, para luego todos juntos construir una patria nueva, con visión de país y en el siglo XXI, caminar en los zapatos del pueblo, debemos aceptar como buenas las anteriores definiciones.
Es inadmisible pensar que la democracia descansa en el poder discrecional del gobernante de turno, independientemente del sistema presidencialista. Como tampoco en la decisión unipersonal del líder del partido, aunque éste sea el más grande y "democrático" de la Nación. Al contrario, la democracia presupone la presencia ciudadana en el espacio público a objeto de examinar, valorar y criticar los problemas de la sociedad y proponer alternativas razonables, no necesariamente coincidentes con quienes detentan el poder del Estado o del partido político.
Los rasgos básicos de la cultura democrática que soñamos con heredarle a nuestros hijos y nietos son: la confianza en las instituciones, la valoración positiva de la crítica pública, el imperio de la ley, el rechazo al autoritarismo y a la violencia estatal y la aceptación de la libertad. Y uno de los ejes centrales de esa cultura democrática es precisamente la tolerancia política.
La Real Academia Española define tolerancia como el "respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras". Sin embargo, en una época como la que nos ha tocado vivir, no basta con respetar el criterio ajeno, sino además promover el debate y la confrontación de ideas como parte integral del proceso creativo en la búsqueda de la solución de dificultades. No obstante, los políticos panameños con frecuencia suelen huir de la controversia, olvidando por completo que la tolerancia es el punto de apoyo fundamental para que el liderazgo se desarrolle de forma pro-activa ante el conflicto y su modo de solución.
En definitiva, la tolerancia política nos invita a cotejar ideas, lamentablemente en nuestro medio se considera erróneamente que un buen jefe es aquel que aplasta o ignora a sus contradictores o contestatarios. Y sobre la libertad de expresión hago mía la opinión de Human Rights: "El derecho a la libre expresión es uno de los más fundamentales, ya que es esencial en la lucha por el respeto y promoción de todos los derechos humanos. Sin la posibilidad de opinar libremente, de denunciar injusticias y clamar cambios, el hombre está condenado a la opresión". ¡Así de sencilla es la cosa! *Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT)

101 años de Panamá América

 
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