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Torrijismo, ¿al panteón de la historia?


Mucho antes de la conspiración que puso fin a su vida, poderosos sectores económicos y políticos locales vinculados con gobiernos de Estados Unidos (EU), trabajaron afanosamente para tratar de erradicar la profunda influencia del general Omar Torrijos de las entrañas de la mayoría de los panameños. Combatieron, al torrijismo, en forma abierta y encubierta, como doctrina y filosofía política.
Tras su muerte se produjo en el país un acelerado proceso de destorrijización del modelo político, económico y social que con características propias había desarrollado Panamá. La cruenta invasión militar estadounidense, aupada por grupos internos desvelados por ajustar cuentas con el torrijismo, no logró consumar el objetivo de sepultar sus ideales en el panteón de la historia.
Luego de tres gobiernos civiles, Martín Torrijos, el hijo del general, llegó al poder, no sin la resistencia de quienes pretendieron a lo largo de la campaña electoral arriar las banderas torrijistas, ni de los que solapadamente trataron de desmantelar lo que prevalece de su herencia. La lucha generacional que tanto predicó Torrijos, sin embargo, no concluye con tecnócratas formados en universidades nacionales o extranjeras insensibles a las demandas y aspiraciones de los sectores desprotegidos y marginados por el Estado, ni con políticos y empresarios preñados de codicia, asaltantes de la riqueza nacional.
"En épocas de crisis, los pueblos se reencuentran a sí mismos, cierran filas y buscan a quienes los dirija y conduzca, no a quien los administre", dijo el general Torrijos. "Esos líderes -explicó- se deben ver con el pueblo, hablar con el pueblo, porque el pueblo es el que transforma a un candidato en un gobernante, por encima de cualquier maquinaria propagandística o electoral". "Hay dos cosas fundamentales que debemos saber distinguir y combinar perfectamente: dirigir el país y dirigir el gobierno. Quien dirige el gobierno piensa lo que va a hacer. Quien dirige el país, hace lo que pensó", subrayó.
El general Torrijos reconoció que el pueblo demandaba una solución propia a sus problemas. "Está buscando que venga una nueva República. Una Patria que no sea el recuerdo, sino sobre todo esperanza de futuro", destacó. En su mente pugnaban dos objetivos fundamentales: la recuperación del canal y convertir la caricatura de país en una Nación.
Para cumplir esa tarea tenían que eliminarse todas las causas de descontento popular en el que habían sumido al país los políticos corruptos. Luego, había que elevar la calidad de vida de los panameños. "Hay quienes asocian la calidad de vida con la vocación de consumo, convirtiendo en estatus símbolo la marca de su carro, su calzado o su electrodoméstico. Eso eleva el consumo per cápita, pero tiende a bajar la calidad de vida", argumentó.
"El hombre debe ser el destino del gobierno. No solamente un recuerdo electoral, sino al servicio del hombre a quien el Estado nunca ha recordado, al indio, al campesino, al pobre, al que tiene hambre, el que está anémico, al que anda agachado", apuntó. Para el general Torrijos el problema más grande del país era "nivelar el perfil de la distribución de la riqueza". Y se preguntó: "¿no será que unos se están muriendo de opulencia, mientras otros se mueren de miseria?". "Somos pequeños con los pequeños. Y con los pequeños debemos ser grandes", dijo, mientras promovía el diseño de una nueva arquitectura económica en la que ningún interés privado debía privar sobre el interés de la comunidad.
"El vacío político que va a dejar nuestra victoria sobre la zona del canal, debe ser llenado por una campaña de lucha en el frente económico interno que nos dé la victoria del desarrollo. Así como podremos izar nuestra bandera en la zona del canal, tendremos que izar en la ignorancia la bandera del alfabeto, en el hambre de nuestro pueblo la bandera de la cuchara. La victoria no será total hasta que el hombre que trabaja no le tema al desempleo y el desempleado no le tema al trabajo", recalcó.
El general Torrijos tenía "una antena bien sintonizada con la frecuencia con que transmite y recibe nuestro pueblo". Le eran más importantes las ideas nuevas que los recuerdos viejos. Anheló que no fracasara "la última esperanza de la Patria de ver resueltos sus problemas, ni la ilusión de un pueblo de verse mejor gobernado, mejor dirigido y estimulado por un gobierno que realmente respete al hombre".
Esos ideales deben ser acrisolados y materializados por sus herederos, muy a pesar de quienes tratan de acabar con la doctrina y la filosofía política del torrijismo.

101 años de Panamá América

 
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