default

Torrijos: ¿lo fusilamos o lo aplaudimos?


Los panameños tenemos una formación, en general, de padres críticos, severos, que aunque nos derritamos por los hijos, no se lo mostramos. El estímulo y el reconocimiento son tan escasos o tardíos, que nos hemos formado con bajísima autoestima. Además, con el tutelaje norteamericano, nos grabaron en el disco duro de nuestros programas que merecíamos un silver roll, porque éramos menos que ellos, nos sembraron hasta el fondo la idea de que no podíamos tener nuestras calles limpias, que no sabíamos de mantenimiento, y de tanto que nosotros lo repetimos, le hemos creído. Y la mente subconsciente, inmensamente buena en convencernos de lo que creemos, nos ha jugado una persistente mala pasada.
Por todo ello los personajes públicos, sin excepción, los juzgamos con un sentido tan crítico, tan severo, y además tan apasionado, que así como fusilamos al que no nos gusta, mitificamos al que creemos o sentimos nuestro líder o persona admirada. Esta situación es más acentuada en relación con personalidades que han marcado a los panameños con sus rencores o con sus admiraciones, entre ellos Arnulfo Arias u Omar Torrijos; con estos dos, más que con cualquiera otro, del acontecer nacional. En estos tiempos de cóleras, de fosas y huesos, de Comisiones de la Verdad y otras especies, el clima nacional justamente marca lo anterior, especialmente respecto al general Torrijos que es el que está en la picota. Para detractores de tal personaje, probablemente el más intenso Guillermo Sánchez Borbón, quien seguramente no lo podrá soltar de su memoria, sino únicamente unos segundos antes del rigor mortis, se trata del más salvaje y abyecto criminal que el país produjo. Ni Bemba, el Negro Bembón, ni Silverio el asesino en serie de prostitutas, por contar dos psicópatas del historial penal, son tan malos para sus acérrimos "odiadores", como Torrijos. Fue, según ellos, tan despiadado que se mandó a matar él mismo, volándose con explosivos arriba del Cerro Marta.
Panamá está bien atrasada en desarrollo: estamos pobres frente al mundo industrial-tecnológico que nos reta al consumismo-globalismo; nuestros índices de desempleo y subempleo son severos, los profesionales salen luego de licenciaturas y maestrías y quedan trabajando como mensajeros y secretarias, la frustración campea por doquier, los empresarios se niegan a invertir hasta que los otros lo hagan primero, ronda la desesperanza en el país, el gobierno no logra que le hagan caso ante sus invitaciones al desarrollo. Pese a ello, mientras en Colombia el presidente Pastrana hace esfuerzos desesperados por invitar a su misma mesa a los guerrilleros sanguinarios que asesinan y secuestran a diario, que ponen bombas a policías y raptan niñas en las narices del Palacio de Bogotá, acá en Panamá, cada uno con sus razones particulares, nos invitamos a fajarnos a insultos hoy, mañana a tiros, con base en una época de 30 años atrás, y con el pretexto de que diez criminales convirtieron un cuartel en cementerio, para saciar sus bajas pasiones animalescas, hemos convertido el país en un juzgado donde todos queremos ser fiscales, jueces, y hasta Dios.
El principal acusado, en ausencia, es Omar Torrijos. La víctima más probable, su hijo Martín, un niño en aquellos tiempos, pero que hoy comete el pecado de ser un candidato presidencial con muchísimo chance. Y eso es demasiado para los que odian a su padre. ¡Nos aguantamos tanto a aquél como dictador, y ver mañana a su hijo electo, eso jamás!
El problema que no se mide, y no se analiza nunca, es que los pueblos no son como los escribidores, los intelectuales y políticos de salón, con sus técnicas dialécticas sofisticadas, sus cálculos de salón, y aquellos intereses de color verde con el que embarran sus ideas. No, si así fuese, esa tan alta y significativa cantidad de panameños que admiran y siguen admirando a Omar Torrijos, ya se le hubiesen despegado con tantos titulares y toneladas métricas de radio-insultos, o tele-agravios que se le han arrojado al asesinado en Coclecito. Por ello, no hay que ser tan ingenuos: ¡Cuidado con la universalmente conocida ley de los péndulos! Cuando tanto se acusa o insulta a alguien que es tan admirado; los que le siguen no sólo hacen oídos sordos, sino que se multiplican y se potencian. Y los que ya lo odiaban, ya están sumados, y crecen poco.
Le preguntaba a una amiga que es líder en el campo inmobiliario, ¿y cúal es tu sentir o pensar de Omar Torrijos? Y me respondió de una manera que jamás conocí: -- Fíjate, independientemente de lo bueno, lo malo o lo feo del General, el Estado panameño, todos nosotros, debiéramos darle un 5% de comisión de todo lo que nos devolvieron los gringos hasta el 31 de diciembre de 1999, o sea los bienes, valores, activos, inmuebles que recuperó Panamá con los Tratados que él logró firmar con Washington. Me quedé pensando, y le agregué: --- ¿Y en cuánto lo calculas?-- Se sonrió y me dijo: -- El que lo sabe es Nicky, pero calcúlale el 5% a cinco mil millones. Preferí dejarlo allí.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América