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"Torrijos y Somoza son la misma cosa"


Cuando se comenzó a dar la concentración de fuerzas morales, políticas y profesionales que promovieron el paulatino despertar del conglomerado que se conoce como Panamá, y entre cuyas evidencias se rememora la marcha de los maestros, profesores y una gran cantidad de gremios que se organizó en 1978, se dieron simultáneamente en la contraparte, reacciones de sorpresa y perplejidad, ya que ante la mansedumbre evidenciada desde octubre del "68, los policías y sus secuaces veían que "la paz de los sepulcros" se eternizaría.
Sin embargo, este aldabonazo de la marcha de maestros, era demasiado fuerte y preludiante como para pretender ignorarlo, y el dictador de turno pidió ver el vídeo de la marcha. Complacida la petición, complementan acompañantes complacientes, empieza el rodaje. Llegan a la escena en las que maestras y profesoras van marchando exhibiendo grandes pancartas, de pronto cunde la inquietud; en una de las pancartas se lee con letras inmensas y fustigantes: "Torrijos y Somoza son la misma cosa". La afirmación de la escena, no sabemos sin excesivo profesionalismo o con picardía criolla por parte del camarógrafo, parecía prolongarse más de lo conveniente. De pronto el sujeto aludido grita: "¡Paren eso! Fulano - dirigiéndose al "presidente dactilar" del momento- "¿contra quién es esto? No quiero que eso vuelva a ocurrir". Prudentemente nadie insistió en ver el final del vídeo, según me contaron dos de los asistentes, quienes quedaron tan perplejos como los demás, ante el recurso autodesviante, tan poco sutil, pero efectivo y convincente para los que querían conservar la salud.
Todo esto vino a mi mente, a consecuencia de la polémica tácita, aunque de altura, en la que están entrelazados Rubén Darío Paredes y Guillermo Sánchez Borbón, con relación al retorno del dictador en 1969, y el grado de intervención y apoyo que le brindó a Somoza, el cual los "unos" niegan y los otros confirman. En lo personal, a estas alturas, me parece intrascendente. Pero no dejan de ser divertidos los énfasis severantes de las versiones duales, de éste y otros hechos históricos que son difíciles de refutar cuando son tan evidentes. Es el caso, por ejemplo, de los primeros viajes del dictador al exterior, que fueron a la Nicaragua de Somoza, con quien parecía tener una muy buena amistad, y quien también era invitado frecuente a Panamá. Definitivamente los maestros y profesores, sabían de qué estaban hablando.
Estas reflexiones las proyecto a otro plano y me pregunto, similarmente al lector, ¿qué opinaríamos los panameños de nuestros hermanos nicaragüenses, si cuando finalmente se liberaron de la dictadura que los asoló por tantos años, hubiesen tenido unos líderes tan cretinoides y cobardes que, con temor reverencial, no se hubiesen atrevido a hacer lo que había que hacer por encima de la "constitución somocista" y ésta todavía estuviese vigente empantanando a Nicaragua?.

101 años de Panamá América

 
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