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Tragamonedas o "tragamillones"


RECIENTEMENTE, se reportó que los casinos y máquinas tragamonedas tipo A, en el periodo que comprende 2000-2006, obtuvieron la modesta ganancia de 170 millones de dólares, y como algo significativo, el pago de impuestos al Estado por el orden de los 680 millones de dólares, correspondientes al 20%, o quinta parte de los ingresos brutos como lo requiere la ley. ¡Vaya noticia para pasarla desapercibida!
Tomando en cuenta lo reportado, en un período de siete años los ingresos brutos serían por un total de 3,400 millones con un promedio de 485 millones por año. En contraste, Petaquilla Minerals, durante el tiempo que dure su extracción minera, proyecta exportar 600 millones de dólares en oro, molibdeno y cobre. Considerando esta referencia, la industria de los juegos de azar es una verdadera e inagotable mina de oro.
Los operadores dirán: "Hemos invertido millones y se nos obliga a construir hoteles de 300 habitaciones mínimo"; pero, ¿quién invierte millones para ganar centavos? Lo mejor (o peor) es que ni gobierno ni operadores se detienen a pensar en lo dañino y pernicioso que es el juego.
De seguro ustedes, al igual que yo, conocen niños que pasan hambre porque su padre o su madre botan el dinero de la comida día tras día en las máquinas tragamonedas.
Conozco a personas que pierden quincena tras quincena por ir tras el espejismo de ganar en la ruleta. Nadie se detiene a pensar cuánto dinero ha perdido y cómo esto ha afectado a su familia. Hay que verlos al momento de ganar: ¡Es el cielo, es la gloria!, así sea una ínfima porción de todo el dinero perdido durante años.
Siendo optimistas y ya que tenemos el tercer lugar latinoamericano en el ranking del "negocio", algunos desean convertir a Panamá en el nuevo Las Vegas, dedicándose otros a promover una imagen hedonista de nuestro país en el extranjero.
Muy por el contrario, la mayoría de los adictos a las salas de juego no es turista extranjero sino panameño. Aunado a ello y sin dármelas de moralista, la ludopatía va acompañada de amor fácil, el licor y mucho humo, por decir lo menos. Se trata de una cultura zombie que te hace sentir un ganador siendo un perdedor, un esclavo del casino. Precisamente, en el aspecto ético debe enfocarse el problema: estas personas ya no tienen voluntad, son como ovejas que van directo al esquilador; son autómatas que tiene la conciencia anulada, cuyo único fin -sin saberlo- es enriquecer a los magnates que controlan a las transnacionales del juego. Incluso, esta cultura tiene su propio lenguaje: el marketing de casinos recomienda no decir "tragamonedas" porque da la idea que las máquinas "tragan" y no devuelven nada. ¡En realidad no son máquinas tragamonedas, son "tragamillones"!.
Algunos juristas piensan que no se puede hacer nada por estas personas, porque el juego es legal y estos adictos participan voluntariamente de él, nadie los obliga. Sin embargo, no se puede dejar a la bondad de Dios a estas almas en desgracia, puesto que el Estado está moralmente obligado a hacer algo por la salud mental de estos ciudadanos, siendo que percibe tantos millones producto de los juegos de azar.
Por otro lado, hay que destinarles uso a esos millones por reglamentación de ley; supongo que no sólo servirá para sostener la burocracia del ente regulador del juego. Algo de ese dinero debe destinarse a aliviar el hambre para que no muera ningún niño en Darién ni en ningún rincón del país. También se pueden destinar para excelentes políticas públicas de generación de empleos pero, sobre todo, que se utilicen para desarrollar programas efectivos de rehabilitación para los adictos al juego y campañas masivas de divulgación sobre los terribles efectos del juego.
En fin, tiene que haber algo más serio que se pueda hacer, mientras, los dejo con estas interrogantes: ¿Todavía alguien piensa que esas millonarias cantidades proceden de visitantes ocasionales a los casinos? ¿Qué se va a hacer en el caso del Sheraton? ¿No creen que es un error dejar a la sola voluntad de la JCJ la decisión de permitir el funcionamiento de más casinos? ¿Para qué queremos más casinos de los que hay? ¿No les parece suficientes ludópatas? Agarren ese trompo en una uña.
Eso sí por favor, ¡no se les ocurra pararse afuera de los casinos a pedir talonarios de cheques!

101 años de Panamá América

 
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