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Tragedia y suerte de un negro ex institutor


En una casita de madera, sin ningún tipo de lujo, excepto un viejo televisor en blanco y negro, vive con sus 76 años a cuesta el señor Serafín Fuller.
Los desgastados tablones que forman el piso dejan ver la tierra donde los endebles pilares se sostienen esperando en cualquier momento la dura caída.
Visualizar el inmueble no es tan fácil, ya que la espesura de los herbazales tapan su fachada. Allí vive con uno de sus nueve hijos, quien tiene 12 años y lleva su mismo nombre.
Junto a la vía Simón Bolívar, en un terreno ubicado en la entrada de Alta Vista está el primer negro que estudió en el Instituto Nacional. "Aguantando hambre" y recordando el pasado.
Las personas observadoras que pasan por la también llamada vía Tocumen pueden darse cuenta que este inmueble está fuera de lugar, ya que en el área, una pequeña zona industrial, están apostadas una ferretería, una distribuidora de licor y otra de aceite, mantequilla y pasta de diente.
Pero, difícilmente imaginarían que un presidente de la República le regaló al señor Fuller el terreno donde reside desde hace 58 años.
Sus aires de cazador de venados, conejos y saíno le llevaron a los terrenos del Dr. Harmodio Arias, quien tenía una finca cuyos límites empezaban en lo que hoy es El Crisol y terminaban más allá de San Antonio.
"Entré por el Camino Real y me paré en una enorme piedra que llamaban "El Sacrificio", que estaba en la hoy bomba de gasolina. Me gustó este lugar", expresó.
Mientras recordaba, bastón en mano, advertía: "No coja mucho chance... el piso está podrido".
Contó que tenía 13 años y que machete en mano limpió el terreno donde construyó "un ranchito". Uno de los guardias de seguridad que cuidaba la finca tiró su trabajo, pero él insistió una y otra vez.
Buscó al Dr. Arias para pedirle permiso, el que fue concedido, así cuando volvió a ver al guardián éste le dijo: Vaya tranquilo todo está arreglado.
Al entonces joven oriundo de Soná, Veraguas, no le importó no tener dinero para comer porque en el lugar crecían yucas, otoes y plátanos.
"El Dr. Arias era muy bueno, dejaba a la gente vivir en sus terrenos siempre y cuando no se metieran en problemas. A mí me regaló hasta los clavos", manifestó.
"HAN QUERIDO SACARME"
La conversación continuaba con fluidez. Mientras, Serafín Jr, veía en la televisión una cómica de moda.
Su padre vestido con una decolorada guayabera; un bermuda crema y chancletas verdes, de las que venden los chinitos, recordó que a los tres años de su llegada empezaron los trabajos de extensión de la carretera que llegaba hasta la desaparecida estatua Roosevelt.
"Tuve la suerte que mi lote no lo tocaron, sólo pasaron cerquita".
Sin embargo, en varias ocasiones algunas personas han tratado de sacarme de aquí, dijo Fuller, quien no posee título de propiedad.
Me dejaron en paz porque el general Omar Torrijos dio la orden, ya que me conocía.
¿Por qué no lo sacaron después? Bueno, lo que pasa es que como soy fundador del corregimiento prefieren no meterse conmigo, manifestó. Sin embargo, está a la espera de que alguien le pague los B/.125 mil que vale el terreno para comprar una casa para dos de sus nueve hijos, los más pequeños.
Fuller hizo mucho por el corregimiento José Domingo Espinar. Incluso estuvo preso por tratar de construir una escuela en el sector.
"Yo hacía la escuela y el representante Acosta la mandaba a tumbar", indicó. Hasta me declaró persona non grata y me quería expulsar del lugar, agregó. El general lo salvó otra vez.
Para que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) conectará el agua, se llevó con permiso varias tuberías de la entidad donde trabajó.
ESTUDIAR ES IMPORTANTE
El señor Fuller afirmó que una de las cosas más importantes de la vida es estudiar, sobre todo si se es pobre.
Hizo sus estudios primarios en la escuela Estados Unidos No.2, de Barraza, y el primer ciclo en el Instituto Nacional.
Mientras cursaba la primaria, trabajó como canillita. "Vendía los periódicos

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