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Tranques sin fin


Los conductores de autos de este país, al parecer, continuarán irredentos por "sécula seculorum", ya que no asoman planes o propuestas, ni viables ni utópicos, por parte de las autoridades correspondientes para solucionar los constantes tranques vehiculares en toda la ciudad y a toda hora; y con un parque automotriz en constante aumento y una cultura instituida en la que los jóvenes tienen como primera meta en su vida la adquisición de un vehículo. Las vías son las mismas y no crecen a la misma rata, con lo que inexorablemente se incrementará la frecuencia y duración de estos atolladeros.

La alternativa del Trasmilenio por ahora planteada, no es solución para nadie ni para peatones, ni pasajeros ni conductores de otros vehículos, pues sólo se sustituirá una porquería de transporte por otra; y las autoridades, con una miopía rayana en estupidez, permanecen congeladas en el tiempo, mental y físicamente. No se observan proyecciones, sólo se percibe una total falta de imaginación para atreverse a pensar en soluciones reales permanentes.

La capital panameña está en un nivel de ciudad y población que la hace merecedora de un transporte masivo de calidad. Este sistema, para que sea una real solución, tiene que irse a la combinación de un tren ligero aéreo y subterráneo, así como estructuras vehiculares elevadas sobre las carreteras existentes para incrementar la capacidad para un rápido desalojo de vehículos, interconexiones que permitan el traslado de un extremo a otro de manera expedita.

Las pérdidas por los tranques vehiculares en este país representan a diario millones de dolares en horas/hombre, horas/máquina; pérdidas en deterioro de la calidad de vida, en consumo excesivo de combustible, en aumento de la contaminación ambiental. Esta pérdida del país puede minimizarse si se construyen vías apropiadas y se toman las decisiones correctas para el transporte masivo, ¡pero ya!

La ciudad de Panamá tiene, aproximadamente, un millón de habitantes, y al actual ritmo de crecimiento dentro de 10 años, probablemente, tenga el doble, por lo que es necesario planificar proyectando esta futura realidad. Debemos dejar las proyecciones negativas y pusilánimes de funcionarios carentes de imaginación y capacidad si queremos mantener el ritmo de progreso que necesitamos para brindar la ocupación necesaria a los panameños. Es imperativo tomar las decisiones hoy y ponernos a trabajar en ello de inmediato, para que a esas fechas podamos estar preparados para atender los requerimientos de una ciudad moderna.

Obras como la Cinta Costera estaban supuestas a brindar soluciones al flujo vehicular de la Avenida Balboa, pero claramente se ve que nacieron retrasadas, proyectadas con un criterio enano, ya que comienza y termina en un "Nudo Gordiano" que, a pesar de los millones que nos costarán, no son una solución al congestionamiento vehicular del área, es simplemente un jardín grandote.

En los últimos días se ha conjugado la baja en el costo del combustible y el período de compras de diciembre, lo que ha producido una explosión en volumen de carros en circulación que ha dado una muestra palpable del futuro congestionado a que nos estamos condenando a vivir si ahora no tomamos la providencias del caso.

Las vías de comunicación son para una ciudad lo que las arterias y venas para el cuerpo humano; y las obstrucciones de las mismas son mortales tanto para el ser humano como para las ciudades. Es necesario acometer el problema del tránsito vehicular en Panamá con decisión, sin miedo a pensar en grande, con visión de futuro, con soluciones. Ya basta de tanta improvisaciones onerosas e inútil.

Para ejecutar estos proyectos se necesitan funcionarios capaces, con criterio futurista, con conocimiento y pantalones para exponer el proyecto a la comunidad y lograr un consenso mayoritario de la alternativa que realmente conviene al país.

101 años de Panamá América

 
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