Transición dolorosa
"Qué suerte tiene el panameño", me comentaba cuando de vez en cuando lograba llamarlo por teléfono y nos encontrábamos tocando tópicos de interés nacional o religioso. Continuaba con el mismo pregón: "Si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahoma", y yo ratificaba lo dicho.
Mi interlocutor era Fermín Augusto Azcárate Crespo, fallecido el 23 de enero pasado.
Sus exequias fueron escuetas y casi dentro del silencio en que él quiso terminar sus días. Dio orden cuando se agudizaron sus dolencias de que no se lo dijeran a nadie. Por supuesto que la noticia de su muerte sacudió a ese grupo distinguido de amigos y amigas.
De vivir él, no me perdonaría este escrito, que dicho sea de paso lo contaba yo entre mis lectores y consejero. Transitó por este mundo convencido del valor del silencio y casi anonimato, aun cuando sus ideas y su patriotismo contagioso, su amor por Panamá y los panameños no tiene parangón.
Sus 84 años los dividió cuarenta en Buenos Aires y el resto en nuestra tierra, su tierra.
Remotamente lo conocí en la década del 30 cuando estábamos en Primaria del Colegio de la Salle, sito en el Casco Antiguo. Perteneció a la promoción del ´40, famosa de por sí, por los profesionales que se han distinguido en nuestro medio.
En el país del Sur, hizo estudios de medicina y los concluyó sin llegar a ser médico. Contaba entre sus amigos muchos profesionales de la medicina y con ellos discutía distintos aspectos y avances médicos y a la vez cuando se le pedía una explicación fuera un barrendero o un locutor de emisora, o dudaba en usar su tiempo para explicar pedagógicamente detalles de la respuesta a la pregunta.
Tenía dos grupos de amigos, los de su época bonaerense y los de la hora nona entre los que me encuentro.
Dentro de mi prisma personal, considero a Don Fermín de raíces de la etnia china, como un Monje Laico.
Lo de Monje lo expreso en positivo y en serio, no en tono de burla, sino como una persona, sin pertenecer a ninguna comunidad religiosa, alejada del mundo según aquello de la Oda de Fray Luis de León a la vida retirada: "Qué descansada vida, la que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido".
Un monje por su austeridad en el atuendo diario, lejano a toda vanidad, camisa blanca de manga larga, sin corbata pero siempre limpio, luego dentro de su bonhomía nada de la frivolidad , y un hombre con una agenda precisa en la investigación y el discurso patriótico. Por ningún lado admiraba al Imperio y sus fechorías históricas en estos países latinos y menos la actitud de la Nueva Granada con nuestro istmopanaño, ya que Panamá existió con su propia historia antes de los sucesos del siglo XIX.
Creo que fue uno de los pocos panameños que leyó la "Suma Teológica" de Santo Tomás, algunas obras de San Agustín, ya que además de medicina, estudió Filosofía escolástica, Teología, Historia y otras ciencias afines. De tal manera que en caso de duda lo consultábamos y nos refería a la "Poética de Aristóteles" y constantemente hacía alusión a la Política, etimológicamente considerada, como derivada de la "Polis", la ciudad y el hecho de que todos tenemos que preocuparnos por lo que sucede en la polis.
Familiarizado con la lectura de filósofos no cristianos, los citaba en párrafos enteros dada su memoria prodigiosa, lo mismo que versos sueltos de la Literatura Española.
Fue un cristiano a toda prueba, y se dolía profundamente a los que utilizaban el calificativo de cristiano en situaciones de la política criolla. Nunca se avergonzó de sus creencias religiosas cristianas católicas. No sin razón lo llamó Maestro un periodista en unas jornadas de comunicación, al escuchar sus planteamientos. Así lo consideramos nosotros, además de un amigo cordial.
Que descanse en paz y que sus buenas obras lo acompañen.
Mi interlocutor era Fermín Augusto Azcárate Crespo, fallecido el 23 de enero pasado.
Sus exequias fueron escuetas y casi dentro del silencio en que él quiso terminar sus días. Dio orden cuando se agudizaron sus dolencias de que no se lo dijeran a nadie. Por supuesto que la noticia de su muerte sacudió a ese grupo distinguido de amigos y amigas.
De vivir él, no me perdonaría este escrito, que dicho sea de paso lo contaba yo entre mis lectores y consejero. Transitó por este mundo convencido del valor del silencio y casi anonimato, aun cuando sus ideas y su patriotismo contagioso, su amor por Panamá y los panameños no tiene parangón.
Sus 84 años los dividió cuarenta en Buenos Aires y el resto en nuestra tierra, su tierra.
Remotamente lo conocí en la década del 30 cuando estábamos en Primaria del Colegio de la Salle, sito en el Casco Antiguo. Perteneció a la promoción del ´40, famosa de por sí, por los profesionales que se han distinguido en nuestro medio.
En el país del Sur, hizo estudios de medicina y los concluyó sin llegar a ser médico. Contaba entre sus amigos muchos profesionales de la medicina y con ellos discutía distintos aspectos y avances médicos y a la vez cuando se le pedía una explicación fuera un barrendero o un locutor de emisora, o dudaba en usar su tiempo para explicar pedagógicamente detalles de la respuesta a la pregunta.
Tenía dos grupos de amigos, los de su época bonaerense y los de la hora nona entre los que me encuentro.
Dentro de mi prisma personal, considero a Don Fermín de raíces de la etnia china, como un Monje Laico.
Lo de Monje lo expreso en positivo y en serio, no en tono de burla, sino como una persona, sin pertenecer a ninguna comunidad religiosa, alejada del mundo según aquello de la Oda de Fray Luis de León a la vida retirada: "Qué descansada vida, la que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido".
Un monje por su austeridad en el atuendo diario, lejano a toda vanidad, camisa blanca de manga larga, sin corbata pero siempre limpio, luego dentro de su bonhomía nada de la frivolidad , y un hombre con una agenda precisa en la investigación y el discurso patriótico. Por ningún lado admiraba al Imperio y sus fechorías históricas en estos países latinos y menos la actitud de la Nueva Granada con nuestro istmopanaño, ya que Panamá existió con su propia historia antes de los sucesos del siglo XIX.
Creo que fue uno de los pocos panameños que leyó la "Suma Teológica" de Santo Tomás, algunas obras de San Agustín, ya que además de medicina, estudió Filosofía escolástica, Teología, Historia y otras ciencias afines. De tal manera que en caso de duda lo consultábamos y nos refería a la "Poética de Aristóteles" y constantemente hacía alusión a la Política, etimológicamente considerada, como derivada de la "Polis", la ciudad y el hecho de que todos tenemos que preocuparnos por lo que sucede en la polis.
Familiarizado con la lectura de filósofos no cristianos, los citaba en párrafos enteros dada su memoria prodigiosa, lo mismo que versos sueltos de la Literatura Española.
Fue un cristiano a toda prueba, y se dolía profundamente a los que utilizaban el calificativo de cristiano en situaciones de la política criolla. Nunca se avergonzó de sus creencias religiosas cristianas católicas. No sin razón lo llamó Maestro un periodista en unas jornadas de comunicación, al escuchar sus planteamientos. Así lo consideramos nosotros, además de un amigo cordial.
Que descanse en paz y que sus buenas obras lo acompañen.