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Tránsito y reglas


La anarquía no es sólo responsabilidad de quienes actúan con desorden sino de quienes permiten ese actuar. Para reducir los efectos negativos de la misma existen leyes que el ciudadano debe respetar y que las autoridades deben hacer cumplir. Pero en Panamá encontramos muchas áreas donde las leyes son utópicas y las autoridades verdaderos fantasmas. En el tránsito vehicular por ejemplo. Los autos para su tránsito nocturno han sido equipados con luces largas y luces cortas. Las primeras para ser utilizadas en trayectos largos, oscuros; las segundas para ser utilizadas en la ciudad. En la ciudad de Panamá, sin embargo, hay conductores que a menudo conducen con las luces largas, sin importarles cómo encandilan a los que vienen por la mano contraria, y con la posibilidad de ocasionar un accidente. Lamentablemente cuando esto ocurre no se avista un policía en el área. Otras veces están pero no actúan. De un tiempo para acá algunos vehículos llevan unas luces muy blancas, que doblan su efecto cuando son altas, provocando verdadera desesperación en otros conductores. El que algunos lo hagan como práctica de anarquía es un hecho que ya casi se toma como costumbre, pero dónde estarán las autoridades que tienen que hacer cumplir la norma que prohíbe este tipo de cosas. Igualmente se siguen viendo en las calles y avenidas autos con llantas lisas, no solo autobuses, sino particulares, otros sin direccionales y con manejo desordenado. Es una práctica que se agrava conforme se sale de la ciudad, donde hay autos que no tienen siquiera una luz trasera.

101 años de Panamá América

 
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