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Transmutaciones referéndicas


EL REFERÉNDUM que un grupo gobernante desató sobre muestro tranquilo pueblo ha producido una serie notoria de cambios y de transmutaciones, ya en escala individual, ya en escala colectiva. No supieron los autores que podían estar jugando con fuego.
Paralelamente, a lo avisos oficiales aludidos, la lógica produjo una huelga de maestros y profesores, más otra en el Seguro Social, lo que era un viejo problema desde hace un rato (los ajustes salariales correspondientes).
Los ricos de Panamá (expresión que es paralela a decir, sin vejaciones o insultos, los pobres de Panamá) corrieron a hacer lo que no habían hecho antes: dejar sus viejos y cómodos sillones para apoyar al Gobierno y su genial idea de las nuevas esclusas, incluyendo, a última hora, el matricularse como grupo ad-hoc, para figurar en un reparto de "los panes milagrosos" de las emisoras oficiales, ya recargados con los iniciales grupos del No.
Además, lo que no habían hecho antes los grupos gobiernistas, salieron a hacerlo: propaganda abierta, a partir de los cargos oficiales, para instar la oposición a un No que diera señales de inicio de mayoría, y este miedo fue fecundo en verdaderas "paradas": algunos se vistieron de Santa Claus, adelantando la Navidad, y llevaban las manos llenas de billetes de un dólar, para premiar algunos pobres con una dádiva individual de treinta y cinco balboas que se prometió sería eterna. Claro que la gente pobre, en todo el mundo, se contenta con algo, pero no será sorpresa que voten "como les dé la gana", sin creer en promesas en dádivas que provienen de los gobiernos.
Para los ricos, propietarios y mercaderes, las esclusas traerán más negocios en Panamá, habrá más compras en los mercados, y ellos harán más negocios: la salvación, gracias al generoso Gobierno.
Una sola papeleta, más larga que ancha, para ahorrar dinero, tiene a un lado color verde y la palabra Sí. El otro lado, con la de color rojo, dice No. Y no sabemos por qué lado, si abajo, arriba o en medio, será el lugar para que el votante ponga una señal, creemos que a lápiz (porque no sabemos si el Tribunal Electoral comprará o no tinteros), a fin de que Juan Pueblo escriba o señale su preferencia. Pobre con los ciegos, porque ellos no ven ni el rojo, ni el verde, ni dónde está la casilla para poner una señal preferente.
Por falta de seguridad en la noticia, en un próximo artículo, sin humor y con gran seriedad, explicaremos el hecho de que un amigo nos llamó por teléfono para comunicarnos que en el diskette que le dieron a él, hay un cero de más o un cero de menos, y por ello y por el lugar en que está el susodicho cero, la población electoral de Panamá, ha podido aumentar o reducirse en algún milloncito.
Lo mejor de nuestro amigo es que, se puso ciego, y le recomendaremos que parece mejor que no vaya a votar, precisamente porque los ciegos no ven claro, o no ven nada, y al menos, un cero de más o un cero de menos, que creemos más bien que sólo se trata de un error de ciego.

101 años de Panamá América

 
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