default

Transparencia electoral


Como muchos, he venido siguiendo con interés las posiciones que sobre el tema de este artículo se han venido planteando, tanto por los señores magistrados como por altos representantes del Ejecutivo, incluyendo la Sra. Presidenta y el señor Ministro de Economía y Finanzas. No cabe duda que el tema es de gran trascendencia para este año electoral que ya se inició y que culminará con la proclamación de los ganadores de la próxima contienda.
El tema del presupuesto, si se tiene o no se tiene, ha sido recurrente cada vez que se aproxima un torneo electoral. Ciertamente, la transparencia de todo el proceso depende en gran medida de que todos los recursos que el mismo conlleva sean administrados y distribuidos como corresponda eficientemente, a fin de evitar que por razones subalternas se empañe el resultado final y se retroceda en este importante segmento de la democracia que, definitivamente, ha contribuido a su consolidación.
Si hay méritos que distinguir de las dos administraciones anteriores es precisamente la conducción de elecciones limpias. Nadie en su sano juicio puede pretender, so pretexto de tener cierto grado de influencia en el devenir electoral, coartar la disposición de recursos para así tratar de incidir de manera indirecta en los resultados electorales. En este sentido, tanto la reunión que se celebró con representantes de todos los partidos como las expresas manifestaciones públicas de la mandataria y del ministro de Economía, hay que tomarlas como su público compromiso de que en el 2004 tendremos elecciones puras. Eso debe ser así por encima de cualquiera diferencia política que podamos tener.
Sin embargo, hay otros factores que contribuyen a que la imagen general de todo el proceso sea positiva. Flaco favor haría, por ejemplo, si se trata nuevamente de modificar el Código Electoral para producir reformas que tiendan a beneficiar a determinados partidos o candidatos. Igualmente, si se pretende lograr interpretaciones sobre temas sensitivos, como el de la definición de residencia electoral, que no sea el que ya de manera reiterada se tiene como bueno, a raíz de los comicios anteriores. La intensidad de la campaña electoral es natural que vaya en aumento y eso es parte del rejuego democrático. Es de gran importancia que, en medio de esa contienda, no existan fundados elementos que creen dudas o incertidumbre entre el electorado, ya que se llegaría al 2 de mayo sin fe en la verticalidad y pureza de la elección, con el negativo efecto que recae en todo el sistema y el avance de la consolidación democrática nacional. Al próximo gobierno le toca tareas ineludibles y la legitimidad de quien asuma el liderazgo político del país, debe estar fuera de todo cuestionamiento.
Otro aspecto que deseo resaltar es el relacionado con el proceso de recedulación que se inició a raíz del problema con las cédulas que tenían la imagen del Canal. No he escuchado a nadie quejarse de dicho proceso. Sólo buenos comentarios se escuchan del mismo y, personalmente, puedo dar fe de que es rápido y al margen de demorados procedimientos para entregar la nueva cédula. Sin embargo, sí me preocupa el hecho de que como buenos panameños, dejemos todo para última hora y, en las fechas cercanas a la elección, exista un porcentaje alto de electores que no hayan retirado su nueva cédula y, por lo tanto, no puedan votar.
Escuché al magistrado Valdés hablar del tema e insistir en que en los próximos meses se definirá la fecha a partir de la cual el que no haya retirado su cédula ya no lo podrá hacer -por lo menos así lo entendí- y , por lo tanto, no podrá votar. Esa campaña debe ser igual de intensa a la que se hizo respecto de la verificación del padrón electoral en cuanto a centros de votación o cambios de residencia. Llegada la fecha fatal, nadie deberá levantar la voz para argumentar nada, ya que tiempo ha habido de sobra para verificarse y sacar la nueva cédula. Es cuestión de responsabilidad cívica la que está de por medio.
Por último y no menos importante, queda el hecho de la fiscalización del no uso de los recursos del Estado a favor del candidato oficialista. Esto ha sido importante en los torneos anteriores. En el primer mandato de Guillermo Endara, recuerdo, comparecimos todos los funcionarios con mando y jurisdicción al Teatro Nacional a realizar un juramento de abstención de practicar la política partidista en horas laborales y lo relativo a no usar los recursos del Estado en aquella campaña, y se cumplió. Cada quien participó como ciudadano como le pareció conveniente, pero al margen de la utilización de nuestras posiciones para incidir en los empleados públicos a favor de uno o de otro candidato.
En la administración del Dr. Pérez Balladares no recuerdo si se hizo esta ceremonia, pero ciertamente su gobierno no jugó un papel parcializado durante la campaña, en términos generales. Es natural pensar que el gobierno tendrá un candidato, pero es absolutamente importante que exista transparencia respecto de la no utilización de los recursos estatales en su favor. De eso se trata precisamente el esfuerzo y la vigilancia que hay que hacer efectiva. Para ello, el papel del Tribunal Electoral será vital y el despliegue de observadores internacionales y de delegados electorales deben ser de gran apoyo para no empañar bajo ninguna razón el próximo torneo. A esa entidad hay que apoyarla y su credibilidad fortalecerla sin límites. Si no se hace o no se demuestra voluntad para hacerlo realmente, preparémonos a enfrentar grandes problemas. Los electores panameños ya experimentamos torneos limpios en los últimos dos períodos, y no creo que nadie se aguante uno distinto. Si por alguna razón éste se empaña, estoy seguro que la intranquilidad ciudadana se hará sentir, con el consiguiente efecto negativo para quien así asuma la conducción del país.
Para todo ello, el papel de las Iglesia, de la sociedad civil organizada, clubes cívicos, etc., será de gran valor también, apoyando el civismo, la ética y la transparencia electoral a través de sus efectivas campañas de motivación y vigilancia del voto emitido.
En estos aspectos, lo que abunda no hace daño y es mejor prevenir que lamentar. La transparencia en otros aspectos del quehacer oficial sufre rigurosos cuestionamientos. En la parte electoral es vital que no se afecte y que se den muestras claras de que en el 2004, como en años anteriores, todos sabremos a tiempo quién ganó las elecciones.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América