Transparencia o corrupción vs. desarrollo
Del 16 al 18 de mayo pasados, tuve la oportunidad de atender como observador la reunión convocada por el Banco Interamericano de Desarrollo que, bajo el eufemístico título de "Conferencia sobre Transparencia y Desarrollo en América Latina y el Caribe", estuvo concentrada en evaluar los efectos que sobre el desarrollo de nuestros países tiene el fenómeno de la corrupción. La representación oficial panameña la llevaron el Contralor General, Alvin Weeden y la Procuradora de la Administración, Alma de Fletcher, y de igual nivel fue la representación de los países asistentes, que fueron todos.
El formato utilizado, basado principalmente en una serie de presentaciones de funcionarios de varios países que han ejercido o ejercen responsabilidades de contraloría, de administración de justicia o de supervisión de los sistemas bancarios, permitió hacerse con una visión panorámica muy actualizada sobre los impactos negativos de la corrupción que, como bien lo describió el presidente del BID, Enrique Iglesias, en el discurso de apertura, es un impuesto que nos priva de ingentes recursos necesarios para nuestro desarrollo.
Sin embargo, me pareció que quizá no se aprovechó el espacio que ofreció un encuentro de tan alto nivel para propiciar un mayor intercambio de las experiencias nacionales. Pero no hay duda de que se sentaron bases sólidas para avanzar en la reflexión del tema y se tomó conciencia de su gravedad y de la necesidad de atacarlo mediante acciones multilaterales concertadas.
El BID, con mucho sentido de oportunidad ha abierto un debate cuyos resultados sólo pueden ser de beneficio para todos.
Fue extraordinariamente importante la presencia del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, César Gaviria, habida cuenta de que la O.E.A. ha sido pionera al aprobar el primer tratado internacional sobre la materia, la Convención Interamericana suscrita en Caracas el 29 de marzo de 1996 y que a la fecha ha sido suscrita por 26 estados y ratificada por 18 de ellos.
Enfrentar la corrupción no es un problema fácil y, desde luego, no hay que esperar resultados milagrosos por virtud de la aprobación de un tratado internacional. La Convención contra la corrupción es un paso importante, pero harán falta muchas otras acciones para erradicar o por lo menos disminuir sensiblemente la presencia de este flagelo.
Tal vez más importante que la adopción de un instrumento jurídico serán los esfuerzos que hagamos para crear y consolidar una cultura contra la corrupción. Por más perfecta que sea la redacción de texto aprobado, muy poco veremos de sus efectos sino estamos decididos a aplicar medidas efectivas y drásticas contra los actos de corrupción.
Fue importante que se destacara en este encuentro el papel fundamental que debe jugar la educación para crear esa cultura anticorrupción. Hubo coincidencia en reconocer que para erradicar la cultura de tolerancia a la corrupción habrá que establecer nuevas escalas de valores que comiencen por adoptar como parámetro rector el rechazo absoluto a todas las formas de corrupción, aún aquellas que por razón de la cuantía envuelta se consideran como leves y tolerable.
También fue muy importante el énfasis general que se hizo para destacar que la corrupción no es un problema exclusivo de nuestros países subdesarrollados, por cuanto muchas de las iniciativas que desembocan posteriormente en actos de corrupción provienen de empresas transnacionales que no reparan en la utilización de métodos inescrupulosos para obtener resultados favorables a sus intereses comerciales. Igualmente, se recalcó que la corrupción no es un problema del que deba responsabilizarse sólo a quienes ejercen cargos públicos, pues para que ésta se materialice hace falta que concurran las voluntades del que promueve y del que acepta la corrupción.
Si alguna conclusión cabe hacer a esta altura del tratamiento del tema, ésta es que hay que felicitar que se haya tomado la iniciativa de convocar a una reflexión internacional sobre la corrupción y que se hayan dado pasos para avanzar hacia su erradicación. Lo importante es que este punto de partida se concrete en acciones efectivas para atacar todas las fuentes en las que se genera este fenómeno.
Es muy importante que la iniciativa haya respondido a un esfuerzo conjunto del BID y de la OEA, pero más importante será, a mi juicio, que tanto a lo interno de nuestros países como de la comunidad internacional se adopte y ejecute la decisión firme de sustituir la cultura de la tolerancia por la cultura del rechazo absoluto a todas las formas de corrupción.
El formato utilizado, basado principalmente en una serie de presentaciones de funcionarios de varios países que han ejercido o ejercen responsabilidades de contraloría, de administración de justicia o de supervisión de los sistemas bancarios, permitió hacerse con una visión panorámica muy actualizada sobre los impactos negativos de la corrupción que, como bien lo describió el presidente del BID, Enrique Iglesias, en el discurso de apertura, es un impuesto que nos priva de ingentes recursos necesarios para nuestro desarrollo.
Sin embargo, me pareció que quizá no se aprovechó el espacio que ofreció un encuentro de tan alto nivel para propiciar un mayor intercambio de las experiencias nacionales. Pero no hay duda de que se sentaron bases sólidas para avanzar en la reflexión del tema y se tomó conciencia de su gravedad y de la necesidad de atacarlo mediante acciones multilaterales concertadas.
El BID, con mucho sentido de oportunidad ha abierto un debate cuyos resultados sólo pueden ser de beneficio para todos.
Fue extraordinariamente importante la presencia del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, César Gaviria, habida cuenta de que la O.E.A. ha sido pionera al aprobar el primer tratado internacional sobre la materia, la Convención Interamericana suscrita en Caracas el 29 de marzo de 1996 y que a la fecha ha sido suscrita por 26 estados y ratificada por 18 de ellos.
Enfrentar la corrupción no es un problema fácil y, desde luego, no hay que esperar resultados milagrosos por virtud de la aprobación de un tratado internacional. La Convención contra la corrupción es un paso importante, pero harán falta muchas otras acciones para erradicar o por lo menos disminuir sensiblemente la presencia de este flagelo.
Tal vez más importante que la adopción de un instrumento jurídico serán los esfuerzos que hagamos para crear y consolidar una cultura contra la corrupción. Por más perfecta que sea la redacción de texto aprobado, muy poco veremos de sus efectos sino estamos decididos a aplicar medidas efectivas y drásticas contra los actos de corrupción.
Fue importante que se destacara en este encuentro el papel fundamental que debe jugar la educación para crear esa cultura anticorrupción. Hubo coincidencia en reconocer que para erradicar la cultura de tolerancia a la corrupción habrá que establecer nuevas escalas de valores que comiencen por adoptar como parámetro rector el rechazo absoluto a todas las formas de corrupción, aún aquellas que por razón de la cuantía envuelta se consideran como leves y tolerable.
También fue muy importante el énfasis general que se hizo para destacar que la corrupción no es un problema exclusivo de nuestros países subdesarrollados, por cuanto muchas de las iniciativas que desembocan posteriormente en actos de corrupción provienen de empresas transnacionales que no reparan en la utilización de métodos inescrupulosos para obtener resultados favorables a sus intereses comerciales. Igualmente, se recalcó que la corrupción no es un problema del que deba responsabilizarse sólo a quienes ejercen cargos públicos, pues para que ésta se materialice hace falta que concurran las voluntades del que promueve y del que acepta la corrupción.
Si alguna conclusión cabe hacer a esta altura del tratamiento del tema, ésta es que hay que felicitar que se haya tomado la iniciativa de convocar a una reflexión internacional sobre la corrupción y que se hayan dado pasos para avanzar hacia su erradicación. Lo importante es que este punto de partida se concrete en acciones efectivas para atacar todas las fuentes en las que se genera este fenómeno.
Es muy importante que la iniciativa haya respondido a un esfuerzo conjunto del BID y de la OEA, pero más importante será, a mi juicio, que tanto a lo interno de nuestros países como de la comunidad internacional se adopte y ejecute la decisión firme de sustituir la cultura de la tolerancia por la cultura del rechazo absoluto a todas las formas de corrupción.