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Transporte público


Éste será, quizás, el más pesado fardo de problemas pendientes que deberá abordar el próximo mandatario de la República, y los ciudadanos tienen que exigir a todos los que aspiren al cargo a que expongan de manera clara y realista cómo piensan enfrentarlo.

Por el momento, todos estamos de acuerdo que el transporte por buses en la capital del país es una vergüenza nacional que ofrece una pésima imagen en tiempos de indudable auge y pujante progreso. El Gobierno panameño cuenta con arcas repletas, como nunca antes en la historia de esta nación y éste será un buen activo para empezar a poner solución al problema.

Ojalá la solución de los buses articulados se limite a las vías más anchas, como la Ricardo J. Alfaro, y se plantee la alternativa de un metro bajo o sobre la superficie. Lo caro o no de la idea no es excusa, pues tenemos un país rico que no tiene motivos para no emprender grandes obras. Piénsese que con presupuestos anuales de más de ocho mil millones de balboas, suficiente para ampliar por sí solo dos veces el Canal, hay recursos de sobra para ello.

La parte técnica, no es mayor problema. Hoy día, se construyen a diario metros en Europa y Oriente, con máquinas capaces de taladrar y abovedar simultáneamente con piezas prefabricadas de concreto armado hasta 400 metros de túnel en un día sin afectar mayormente la red de tuberías de agua y alcantarillado, y los cimientos de edificaciones. Se hizo bajo el Canal de la Mancha. Aquí sería un juego de niños, incluso bajo la vía interoceánica.

101 años de Panamá América

 
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