Transporte público
Vuelvo a ocuparme de este asunto por el impacto negativo que sigue teniendo en la comunidad. Para el que tiene que levantarse en horas de la madrugada con el fin de utilizar el transporte público e ir de su casa al trabajo y viceversa, la situación existente no puede llamarse de otra manera que "caótica". Entrar a un autobús, ya es una odisea. Si tiene la suerte de sentarse, lo hará en un asiento ruinoso. Luego tiene que ponerse a prueba todos sus nervios al participar involuntariamente en una carrera desenfrenada que efectúan, en busca de pasajeros, los "diablos rojos".
Los proyectos que actualmente ocupan la atención pública son el tren ligero, el subterráneo o el elevado y los buses articulados. Cualquiera que sea la obra, tomará muchos años hacerla y, mientras tanto, ¡¿qué?! Es imprescindible que se tomen medidas para ir aliviando la actual situación. El usuario no puede esperar más.
Se pueden adquirir vehículos nuevos, aunque ya esto se hizo y el Banco Nacional perdió varios millones, y de nada sirvió; el mal está en quién guía el autobús. Se puede ir, como un primer paso, logrando que los dueños de los autobuses que gozan de rutas le paguen a sus chóferes un salario y no se los den en una especie de alquiler. Si los dueños de la ruta y el vehículo tienen que pagar un salario y están bien asegurados serán muy cautelosos en quien lo maneja y éstos, con mayor responsabilidad y tranquilidad económica, pondrán fin a las regatas y disputas de pasajeros.
Se pueden ir tomando medidas que constituyen paliativos mientras se terminan los estudios para determinar el mejor sistema que le tocará al próximo gobierno implantar. Estamos en un año electoral y no me siento optimista que se den cambios efectivos, pues muchos de los candidatos a puestos de elección necesitan transportes para llevar a sus seguidores a votar.